El peligro de conducir bajo los efectos del alcohol
Conducir un vehículo exige atención permanente, capacidad para anticipar riesgos y reflejos listos para responder ante cualquier imprevisto. Estas funciones dependen del correcto desempeño del sistema nervioso central, que resulta afectado por el alcohol incluso en dosis mínimas. Por esta razón, beber antes de manejar constituye un riesgo grave para quien conduce y también para pasajeros, peatones y otros usuarios de la vía pública.
Numerosas investigaciones han demostrado que, aun con niveles bajos de alcohol en sangre, se deterioran la visión, la coordinación, el tiempo de reacción y la capacidad crítica para evaluar peligros. Así, algo que podría considerarse "una sola copa" se transforma en un factor que multiplica exponencialmente la posibilidad de sufrir o provocar un accidente de consecuencias irreversibles.
Un ejemplo reciente que ilustra con crudeza estos riesgos ocurrió en Charata, durante la madrugada de un domingo. Allí, el conductor de un automóvil, luego identificado como un joven de 23 años, atropelló a varias personas cerca del lugar donde se realizaba una recepción. Según testigos, el responsable embistió a una joven y luego intentó huir. En las grabaciones tomadas por quienes estaban presentes se observa que dentro del vehículo había más ocupantes, lo que evidencia una conducta aún más imprudente. Las víctimas ingresaron al hospital con lesiones de luxación de cadera, traumatismo de cráneo moderado, politraumatismos y lesiones en el tobillo. Recién hacia el mediodía, el conductor se presentó ante las autoridades y quedó aprehendido por orden de la fiscal María Anton Rafart. Este hecho, lamentablemente, no es aislado. Muestra cómo la combinación de alcohol y conducción puede transformar una situación cotidiana en un episodio trágico.
Cabe recordar que el alcohol afecta a los conductores de múltiples maneras. Por un lado, enlentece los reflejos y reduce la capacidad de reacción ante estímulos repentinos, un factor decisivo cuando cada segundo cuenta para evitar un choque. También altera la percepción de distancias y la sensibilidad a la luz, reduciendo el campo visual y dificultando la adaptación a cambios bruscos de iluminación, como los provocados por el encandilamiento de otros vehículos. Asimismo, disminuye la capacidad crítica para reconocer riesgos, favoreciendo maniobras imprudentes como exceder la velocidad, realizar sobrepasos inseguros o desatender señales de tránsito.
Además, la evidencia confirma que el riesgo de sufrir un accidente mortal es hasta 17 veces mayor cuando se conduce bajo los efectos del alcohol. Por otra parte, está comprobado que las lesiones provocadas en estos siniestros suelen ser más graves, especialmente en regiones como la cara, el cráneo y el tórax. Esto se debe a que la menor capacidad de reacción del conductor alcoholizado impide maniobras defensivas que podrían atenuar el impacto. Por ello, expertos en seguridad vial coinciden en que no existe una cantidad segura de alcohol para conducir. Cualquier consumo, por mínimo que parezca, ya produce sedación, reduce la agudeza mental y distorsiona el juicio.
En Argentina, según las estadísticas, el factor humano está presente en más del 90 % de los siniestros viales, y el consumo de alcohol aparece en al menos uno de cada cuatro accidentes ocurridos en el país. La siniestralidad vial es, además, la principal causa de muerte en menores de 35 años, lo cual convierte esta problemática en un verdadero asunto de salud pública. Según los especialistas en seguridad vial, la visión es una de las primeras capacidades en afectarse, ya que empeora la visión periférica, se vuelve más lenta la adaptación a la iluminación y se dificulta la percepción de tonos rojos, lo que implica tardar en reconocer señales vitales como semáforos o luces de freno.
Por todas estas razones, la Ley de Alcohol Cero al Volante representa una herramienta fundamental para reducir la cantidad de siniestros. Su objetivo no es penalizar al conductor, sino proteger la vida. Cada persona que decide no beber cuando va a manejar contribuye a disminuir el número de tragedias evitables y a promover una cultura vial responsable. La educación y la concientización son esenciales para que la sociedad comprenda que manejar bajo los efectos del alcohol es un acto que pone en juego la integridad de las personas.
La única forma segura de conducir es hacerlo con cero alcohol en sangre. Cuidar la vida propia y la de los demás exige asumir esta responsabilidad sin excepciones. La prevención es, y seguirá siendo, la herramienta más eficaz para evitar que episodios como el ocurrido en Charata se repitan.










