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Libro recomendado

El árbol del pozo y otros cuentos infantiles 

Autor: Brian Briz Editorial: Librería de La Paz

El árbol del pozo y otros cuentos infantiles, es una encantadora colección de relatos que transmite a los pequeños lectores valores esenciales como la empatía, solidaridad, responsabilidad, amistad, honestidad, perseverancia y humildad. 

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Encontrarán llamativos personajes como un árbol que lucha contra la soledad, un carayá y un oso hormiguero que buscan superar las adversidades, una niña exploradora que encuentra un misterioso huevo, un pájaro que participa en un concurso de sombreros y una hormiga que emite un mensaje importante a través del teatro. 

Entre sus páginas hallarán imágenes para colorear y una lectura ideal para compartir en familia y por supuesto en el aula, con el objetivo de fomentar el desarrollo emocional e intelectual de las niñas y niños. 

Brian Briz nació en Resistencia (Chaco), es escritor, novelista, cuentista, técnico superior en Administración y Control de la Hacienda Pública, abogado, máster en Dirección de Marketing Digital y Comercio Electrónico, y máster en Tributación Internacional, Comercio Exterior y Aduanas.

Realizó cursos de derecho de familia, los que le permitieron interiorizarse de manera profunda en los temas sociales. 

Es autor de tres libros editados por Librería de La Paz, ‘Difuminado’, una novela de superación personal que sigue la historia de Milcíades, un joven que enfrenta la pobreza y la marginación social con el firme sueño de ser un pintor reconocido. ‘Peripecias de una gata’, una emotiva novela narrada desde el punto de vista de Alma, una felina que desde pequeña lucha por sobrevivir en un mundo hostil tras separarse de su familia. Y su reciente obra ‘El árbol del pozo y otros cuentos infantiles’, una colección de cuentos dirigidos hacia los más pequeños; fue presentado en la Feria Iberoamericana del Libro Chaco 2025, con buena recepción por parte de docentes, estudiantes del nivel primario y público en general. 

Desarrolla talleres literarios en establecimientos primarios, secundarios, terciarios y en bibliotecas, dirigidos a fomentar la literatura y reforzar la comunicación a través del debate con docentes y estudiantes. Tales encuentros incentivaron en varios jóvenes a que se inspiraran y escribieran sus propias historias, generando una gran alegría para las familias e instituciones educativas. 

Pueden seguirlo en sus redes sociales. Instagram: @briangbriz, Página de Facebook: BRIAN BRIZ – Escritor, Canal de YouTube: Brian Briz, Escritor, Creador de Sueños. 

Les acercamos el cuento: El árbol del pozo 

En un recóndito lugar, oscuro y húmedo, en el que apenas ingresaba una pizca de sol, alejado del mundo exterior debido a la profundidad en el que se encontraba, ya que era un tenebroso pozo situado en el Parque Nacional Chaco, vivía Samohú, un joven y solitario árbol de color verde, que desde que era una diminuta semilla se instaló en una esquina encima de rocas y un puñado de tierra. Aquel reducido espacio limitó su crecimiento. 

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Las transpiradas paredes cubiertas de moho emanaban pura tristeza, pero eso no tenía comparación a la penuria que acarreaba el encierro y el aislamiento. 

Lo que más deseaba con todas sus fuerzas era ser libre, poder saber lo que se siente que la brisa recorra sus hojas a lo ancho y a lo largo, al punto de danzar con el aire, se imaginaba también que cuando llegare la lluvia el estallaría de felicidad al recorrer desde su copa, pasando por su tronco y llegando hasta sus raíces aquellas gotas de agua que tan beneficiosas son para cualquier árbol. 

Algo que también deseaba profundamente era tener una amistad, o por lo menos conocer a alguien con el que pueda compartir extensas charlas de temas variados, podremos imaginarnos que nuestro verdoso amigo jamás tuvo la dicha de ver a otro ser vivo, la soledad se hacía sentir convirtiéndose en una carga muy pesada e insoportable. 

Uno de esos días en los que se encontraba profundamente triste y desdichado, su suerte iba a cambiar por completo. 

En la pared de enfrente, separada por una extensa grieta que dividía al pozo, como si fuera un meteorito algo extraño cayó velozmente provocando un fuerte estruendo debido al impacto. 

Samohú un tanto asustado se quedó mirando fijamente al sitio para tratar de comprender que es lo que había caído, después de eso tomó coraje y preguntó tímidamente: 

— ¿Puede por favor comentarme quién ha descendido cual estrella fugaz? 

— ¡Uy, qué dolor de cabeza tengo! Parece que me va a estallar. Se escuchó un agudo lamento. 

— ¿Se encuentra bien? ¿Se ha hecho daño? Expresaba desesperadamente Samohú. 

Pudo observar entre la tenue luminosidad del lugar que, la visita inesperada era una peculiar oruga que usaba un llamativo sombrero de paja. 

— Mejor que arriba estoy, definitivamente. Antes de parar aquí, me encontraba plácida comiendo una deliciosa guayaba, pero sorpresivamente un despeinado pájaro intentó devorarme, por lo que haciendo uso de mis habilidades tuve que arrojarme al vacío para escapar. 

— ¡A eso se le llama, una verdadera travesía! Cambiando de tema, por el reciente susto temo haber sido irrespetuoso y no haberme presentado como corresponde a un árbol bien educado: me llamo Samohú. Decía al tiempo que se inclinaba levemente en señal de reverencia. 

—Yo soy Caligo, aunque te permito llamarme Cali y a ti te llamaré Samo, te darás cuenta que la formalidad no es lo mío, me gusta más así, en confianza. 

El adolescente árbol se río por primera vez desde que tenía uso de razón. Descubrió un sentimiento que hasta el momento era desconocido para él: la felicidad. 

Con el pasar de los días el afecto entre ambos se hacía fuerte como una roca, pero como lamentablemente todo tiene un final, Samo se percató que su amiga la oruga Cali lentamente se debilitaba por falta de alimento, por lo que decidió extender sus ramas cerca de la superficie para que el viento despegue una de sus hojas y de esta manera llegaría en donde se encontraba el hambriento insecto. 

Cali al recuperar las fuerzas se empecinó en tratar de encontrar la salida del lugar, pero por más que intentara escalar los resbaladizos muros, volvía a caerse una y otra vez. 

Samo no sabía de qué manera ayudarla a salir, por encontrarse a una distancia en que ambos no podían tener contacto. 

— Me rindo, no podré jamás, además estoy sintiendo un tremendo sueño. 

La oruga Cali bostezó reiteradas veces y como si estuviera hipnotizada comenzó a tejer con seda una crisálida sin parar hasta terminarla, la que cubrió su cuerpo entero. 

Pero antes de cerrarla por completo le dijo a Samo: 

— Busca la luz, toca el cielo si es necesario. 

Al joven árbol volvió a invadirle la tristeza, porque se encontraba en soledad otra vez y la desdicha hizo detener de nuevo su crecimiento, por lo que empezó a apagarse lentamente. 

Escuchó unas voces lejanas en forma de eco, pero no eran de su dormida amiga, sino que provenían de la profundidad del abismo. 

—Estimada plantita, la veo tan solitaria y triste, no hay nada que la compañía de un buen amigo no sane, pero no ese horrendo gusano, que encima es un ingrato al abandonarte, necesitas a alguien que siempre esté junto a ti, heme aquí su servidor, soy Cerambícido, el escarabajo longicornio. 

—Un gusto señor, solo aclaro que no soy una planta, sino un árbol y mi amiga no es un gusano, más bien una oruga. 

—Como sea, suelo confundirme por lo general. Igualmente, desde aquí me veo imposibilitado ayudarte si no te acercas hacia mí, para que por tus ramas pueda subir.  

El escarabajo con antenas largas como si fueran cuernos, emitió una risotada que hacía helar la sangre de lo tétrica y potente que era. 

Samo aunque se encontraba en duda, decidió que ya estaba harto de quedarse solo, por lo que descendió sus ramas al abismo. 

—¡Más, un poco más! ya estás a punto de llegar. Decía el escarabajo, secándose la baba pensando en el festín que estaba a punto de darse con las extremidades de nuestro inocente amigo. 

Justo en ese momento, volvió a oírse unas voces, pero esta vez cubiertas de alegría, cantos y risas de niños por doquier que provenían del cielo. 

En ese instante, el árbol recordó lo que le había dicho su amiga la oruga antes de su profundo descanso, por lo que, cambiando de rumbo, ahora dirigió sus ramas hacia las alturas, con el sueño fijo de poder tocar la luz y escuchar de cerca a aquellos pequeños. 

A pesar de que el escarabajo en el fondo insistía para que el joven árbol no subiera, todo fue en vano, terminando así alejándose del lugar enojado y pataleando por no poder lograr su cometido. 

Cuando sus ramas alcanzaron el exterior, en la punta creció una elegante flor rosada y brillante, la que desplegó sus grandes pétalos. 

Una niña de lacia cabellera oscura observó maravillada aquella hermosa flor, así que, con ayuda de los demás, sacaron a Samo del fondo del pozo, trasladándolo a un lugar central del parque para que crezca sin límites y que pueda sentir el sol, el viento y la lluvia todos los días. 

Una tranquila tarde de primavera, en la que se había convertido en un majestuoso palo borracho cubierto de bellas flores rosadas, alguien inesperado se paró frente a él. Era una reluciente mariposa marrón que en la punta de las alas llevaba dibujados unos círculos como si fueran inmensos ojos amarillos.  

—¿Quién eres tú? Preguntó el árbol. 

—¿A caso no me reconoces amigo? No a cualquiera le queda tan bien éste particular sombrero de paja. 

Samo quedó asombrado con el gran cambio que se produjo en ella, de ser una pequeña oruga a transformarse en una deslumbrante e imponente mariposa búho que podía recorrer el mundo entero volando.  

¡Ambos lograron lo que tanto anhelaban! 

Moraleja: Lo importante es escuchar a los que quieren lo mejor para nosotros, y por sobre todo, creer en uno mismo. 

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