Los jóvenes, un nuevo vacío de representación política
Basado en el informe del Observatorio de Opinión Pública y Problemáticas de la Universidad Nacional de Villa María y la consultora Zuban – Córdoba, revela un giro profundo en las percepciones políticas de la juventud argentina.

El panorama que surge difiere notablemente de las tendencias observadas en años anteriores y pone en evidencia un fenómeno que va más allá del simple desinterés: una apatía construida y sostenida por años de desconexión entre las instituciones y las nuevas generaciones.
El informe muestra que, aunque la mayoría de los jóvenes declara estar interesada en la política, la confianza en instituciones y actores tradicionales se ha desplomado. Lo llamativo es que esta desconfianza también alcanza a colectivos que solían ser altamente valorados por el segmento juvenil, como el movimiento feminista y las organizaciones LGBT+, hoy percibidos con mayor distancia y escepticismo.
Sin embargo, este descreimiento no se traduce en una adhesión masiva a ideas conservadoras. Por el contrario, la mayoría de los jóvenes mantiene una valoración positiva del rol del Estado y considera que debe intervenir activamente para proteger a los sectores más vulnerables.
Según los autores, "no hay una nueva hegemonía, sino una disputa en curso", lo que sugiere que el escenario actual está aún en movimiento y lejos de consolidarse en una orientación ideológica uniforme.





El estudio también apunta a un problema que la política arrastra desde hace años: la relación con la juventud ha sido tratada desde la jerarquía y el menosprecio, sin reconocimiento de sus intereses ni de sus identidades. La representación, afirman los investigadores, se intentó suplir con reels virales y frases ocurrentes en redes sociales, en lugar de con diálogo real y escucha activa.
Este distanciamiento ha tenido un costo alto. "Años de un Estado ausente han construido una juventud apática", sostiene el informe. Una juventud que, lejos de sentirse parte del sistema político, se relaciona con él desde la confrontación, el enojo o el desencanto.
A pesar de este escenario, los autores de El Rostro de la Apatía advierten que la falta de confianza actual no implica una ruptura definitiva. Más bien, existe una representación vacante. Y la historia reciente demuestra que, cuando actores políticos logran vincularse con los jóvenes desde la igualdad, el reconocimiento y la participación genuina, es posible reconstruir consensos y revitalizar el compromiso democrático.
El desafío, entonces, no es conquistar a la juventud sino escucharla, interpelarla y dejarla ser protagonista. De esa capacidad dependerá, en buena medida, el futuro del vínculo entre las nuevas generaciones y la política argentina.










