Juan Arregín: "Hoy el juicio por Cecilia ya no es solo una causa judicial, es una causa que nos pertenece a todos"
Fue el primer abogado de Gloria Romero y acompañó los días más duros, cuando la desaparición de Cecilia recién comenzaba a conmover al país. En diálogo con Buen Día Norte , por Norte TV, Juan Arregín analizó el desarrollo del juicio y reflexionó sobre lo que significa hoy, para el Chaco, una causa que desbordó los límites de la Justicia.
El estudio de Buen Día Norte está en calma, aunque el tema que se conversa cargue de tensión el aire. Frente a las cámaras, con la conducción de Sergio Schneider y Fabricio Glibota, y la participación de Diego Romero, el abogado Juan Arregín vuelve —por primera vez en mucho tiempo— sobre los primeros días del caso que cambió la historia judicial del Chaco.

Habla con serenidad, pero sus gestos aún llevan el peso de lo vivido. Fue el primer abogado de Gloria Romero, la madre de Cecilia Strzyzowski, y la acompañó cuando la desaparición de su hija recién comenzaba a ser noticia. "Lo que empezó como una causa penal, hoy para mí es una causa personal", confiesa. "Porque más allá de los códigos y las estrategias jurídicas, hay un sentido de justicia que va mucho más allá del expediente".
Una causa que marcó un antes y un después
Arregín recuerda los días iniciales con precisión casi quirúrgica. "Era un clima de miedo. Había poder, silencio, complicidad. Nadie se animaba a hablar. Pero Gloria sí. Salió a la calle, enfrentó todo. Esa mujer me enseñó más sobre el coraje que cualquier libro de derecho", dice ante las cámaras, con el tono de quien revive una historia todavía viva.
Hoy, a más de dos años de aquel 2 de junio de 2023, observa el juicio con la distancia de quien ya no representa, pero no puede desvincularse emocionalmente. "El proceso se desarrolla dentro de una enorme complejidad. Hay siete imputados, distintas defensas, un jurado popular y un equipo fiscal sólido. No es un juicio común: tiene una carga política y emocional enorme, y eso lo vuelve un espejo de nosotros como sociedad".
El abogado, que siguió de cerca cada audiencia, cree que el juicio avanza con claridad. "Hasta ahora, la exposición de los fiscales ha sido ordenada. El jurado está muy atento. Y lo más importante: la sociedad también. Todos quieren que haya justicia. Eso es un dato histórico".

Emerenciano, Acuña y el poder del silencio
Durante la entrevista, Arregín no elude nombres. "Nada ocurría sin que Emerenciano lo supiera. Era el alfa, el que decidía todo. En ese entorno, nadie se movía sin su autorización. Es impensable que algo tan grave haya sucedido sin su conocimiento", afirmó.
Y sobre Marcela Acuña, fue igual de claro: "Era la lugarteniente de Emerenciano. En el movimiento Mujeres al Frente nada era casual. Todo estaba estructurado, desde los traslados hasta las tareas menores. Era un sistema donde el poder se disfrazaba de asistencia".
También analizó la estrategia de las defensas con una comparación futbolera: "Esto es como un partido en el que la defensa juega a que no le metan goles. Si el fiscal no convierte, el empate le sirve. Pero en causas como esta, los silencios también son respuestas".

El valor de observar los gestos
Arregín contó que durante su paso por la causa trabajó con peritos y especialistas en criminología. "No teníamos cuerpo, ni autopsia, ni una escena del crimen clásica. Había que observar conductas. Los gestos dicen más que las palabras. Quién miente, quién cambia versiones, quién manipula. Todo indicaba lo mismo: planificación, control, premeditación. Fue casi un crimen perfecto, si no fuera porque uno de ellos se quebró y habló".
A más de dos años del hecho, su lectura se mantiene firme: "El perfil de los Sena muestra rasgos psicopáticos. Hay desprecio por el otro, falta total de empatía. Nunca mostraron gestos humanos. Esa frialdad constante dice mucho más de lo que cualquier informe podría decir".

Cecilia y el valor de decir "no"
Cuando se le pregunta por Cecilia, el tono se suaviza. "Era una chica formada, técnica en informática, con proyectos, con sueños. Le ofrecieron dinero para que se alejara, para que se callara, y no aceptó. Ese ‘no’ fue su sentencia. En un mundo donde todos obedecían, ella se animó a no hacerlo. Y eso desató todo".
El silencio en el estudio dura apenas unos segundos, pero alcanza para sentir la gravedad de lo dicho. "Cecilia no pertenecía a ese entorno. Era distinta. Y por eso se transformó en un símbolo. Representa a muchas mujeres que intentan salir de vínculos violentos, que quieren romper con el miedo. Por eso su nombre hoy trasciende el expediente judicial: es memoria viva".
Un juicio que interpela a toda la sociedad
En la entrevista, Arregín también reflexionó sobre el impacto colectivo del juicio. "Este proceso ya no le pertenece solo a la Justicia. Es una causa que nos atraviesa a todos. Nos obliga a pensar qué tipo de sociedad somos, qué poder toleramos y qué silencio aceptamos".
Para él, más allá del veredicto, el caso dejó una enseñanza: "Se rompió una estructura de impunidad. Durante años hubo personas que se creyeron intocables. Hoy están sentadas frente a un jurado popular. Eso es un mensaje enorme. Nos dice que, aunque tarde, el sistema puede responder. Que la justicia puede llegar".
Y añadió algo más íntimo: "Para mí fue muy difícil dejar la causa. Pero entendí que había cumplido un ciclo. Acompañar a Gloria fue una de las experiencias más duras y más humanas de mi carrera. Me quedo con eso: con la valentía de una madre, con la necesidad de verdad, y con el compromiso de seguir mirando, aunque duela".

La memoria como forma de justicia
El cierre del diálogo tuvo el tono de una reflexión colectiva, casi una plegaria civil.
"Cuando termine este juicio, lo importante será qué hacemos con todo esto —dijo Arregín—. Si lo guardamos como un expediente más o si lo transformamos en memoria. Porque la memoria es también una forma de justicia. Cecilia ya no está, pero lo que su historia generó sigue vivo. Y eso, de algún modo, nos involucra a todos".










