Miryam Ruth Romagnoli, estudiosa y difusora del arte chaqueño

Miryam fue mi amiga, mi profesora en el colegio y mi vecina a quien recurría permanentemente para interiorizarme del arte chaqueño.
Sus cualidades como buen ser humano, como didáctica y pedagógica, como investigadora, como transmisora de conocimientos, como gestora cultural, le dieron a su vida un importante rol en la cultura chaqueña.
Miryam Romagnoli fue directora y fundadora del Museo Provincial de Bellas Artes René Brusau. Accedió a la dirección del museo como primera funcionaria por concurso. Fue en 1978, cuando, tras algunos años de funcionamiento, el organismo provincial estructuro el personal y sus cargos. Desde entonces fue su principal responsable, excepto el periodo entre el 87 y el 91, cuando, tras desacuerdos con el entonces subsecretario de Cultura Eduardo Gómez Lestani, dejo el cargo para ser secretaria del área pero de la Facultad de Humanidades. Posteriormente, fue directora de Cultura de la Municipalidad de Resistencia, bajo la intendencia de Elda Pértile; pero muy pronto volvió al Brusau museo en al que dedico su vida pasión y tiempo.
Miryam Romagnoli dedicó su vida a los creadores chaqueños.
Fue especialista en arte y, puntualmente, en historia del arte chaqueño, en referencia a sus amplios estudios producidos en nuestro medio. Algunos de los resultados se materializan en libros y ensayos. Como: Resistencia, ciudad de las esculturas, Un artista alemán en el Chaco. El otro rostro de Clement Moreau, Los pioneros del arte chaqueño, Dos Testimonios de la historia del Chaco en las artes plásticas, Un mural de Petorutti en el Chaco, y Vascos notables del Chaco, entre otros.
Su nombre estuvo estrechamente relacionado con el universo académico, ámbito que la valoro especialmente. Fue por décadas la titular de la cátedra de Historia del Arte en la Facultad de Humanidades, en las carreras de Historia, Letras y Filosofía. Sus clases eran magistrales y muchos de los artistas de nuestro medio la cursaban sin ser alumnos universitarios, en vistas a su conocimiento profundo, su generosidad intelectual y su honestidad moral.
Su aporte más importante no solo estuvo en los papeles, sino en acontecimientos largamente encadenados. Es que Miryam Romagnoli, desde su dirección, puso especial énfasis en los valores emergentes de nuestra plástica y abrió las puertas a nuevas generaciones que sucesivamente fueron colgando sus obras y montando sus trabajos en la sala.
Sin ruido, como el arte plástico que amo, cultivo y proyectó hace más de una década, se iba solamente un rato antes, dejando un legado importantísimo, para las plásticas y el arte cultural chaqueño, quien la tuvo como una de las más empedernidas defensoras y por sobre todo, por ser una permanente promotora de la obra concebida en esta provincia.
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