Una emergencia médica en la que cada minuto cuenta
El accidente cerebrovascular (ACV) es una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo y, de manera particular, en Argentina. Se trata de una emergencia médica en la que la atención inmediata es determinante. Cada minuto que pasa sin que el paciente reciba tratamiento significa la pérdida irreversible de millones de neuronas. La rapidez con la que es diagnosticado y tratado define, en gran medida, su posibilidad de supervivencia y su calidad de vida posterior.
El ACV ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro se interrumpe o se reduce drásticamente, impidiendo que el tejido cerebral reciba oxígeno y nutrientes. Esta interrupción puede deberse a la obstrucción de una arteria (ACV isquémico, que representa cerca de 85% de los casos) o a la rotura de un vaso sanguíneo (ACV hemorrágico). En ambos casos, el daño cerebral puede ser grave si no se actúa con rapidez. Por eso, el reconocimiento temprano de los síntomas —dificultad para hablar, pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, alteraciones visuales, desorientación o caída facial— y la activación inmediata de los servicios de emergencia son pasos esenciales para salvar vidas.
El Estudio Epidemiológico Poblacional sobre accidentes cerebrovasculares (Estepa) realizado por el equipo de Neurología Vascular de Fleni, en la provincia de Buenos Aires, aporta evidencia científica fundamental sobre el impacto del ACV en la población argentina. El trabajo, desarrollado entre 2017 y 2020 en el partido de General Villegas de la provincia de Buenos Aires —una zona representativa de la media demográfica nacional—, siguió durante cinco años la evolución de pacientes que habían sufrido un ACV, con el objetivo de medir su incidencia, mortalidad y grado de discapacidad a largo plazo.
El estudio reveló que en el país hay una tasa de mortalidad de 109 por cada 100.000 habitantes, una de las más altas registradas en la región. Este dato pone en evidencia la necesidad de fortalecer los sistemas de atención y respuesta ante esta emergencia médica. De todos modos, el estudio también ofrece una mirada esperanzadora, ya que siete de cada diez sobrevivientes lograron mantener una buena funcionalidad e independencia en sus actividades cotidianas, tanto al año como a los cinco años del episodio. Esto demuestra que la recuperación es posible cuando la atención y la rehabilitación son oportunas y adecuadas.
Las elevadas tasas de mortalidad y discapacidad demandan una acción inmediata en tres frentes principales: la atención aguda, la rehabilitación y el seguimiento a largo plazo. El primer frente —la atención inmediata— es el más decisivo. El ACV es una emergencia médica en la que el tiempo es clave. Cuanto antes se administre un tratamiento adecuado, mayores son las probabilidades de limitar el daño cerebral. Por ello, resulta esencial que los sistemas de salud cuenten con redes integradas de atención del ACV, que aseguren la derivación rápida de los pacientes a centros capacitados, donde puedan recibir tratamientos como la trombólisis o la trombectomía mecánica dentro de las primeras horas del evento.
El segundo frente es la rehabilitación, un componente clave en la recuperación funcional. Si bien la mortalidad por ACV es alta, los resultados del estudio realizado por el equipo de Fleni demuestran que la mayoría de los sobrevivientes puede recuperar independencia si accede a programas de rehabilitación adecuados. Este proceso requiere equipos interdisciplinarios, continuidad en la atención y acceso equitativo, factores que hoy aún presentan grandes desigualdades entre las áreas urbanas y las rurales del país.
Por otra parte, el seguimiento prolongado es esencial para sostener los logros alcanzados en la recuperación y prevenir nuevos episodios. Los especialistas de Fleni subrayan que las políticas sanitarias deben garantizar controles periódicos, tratamiento de los factores de riesgo (como la hipertensión, la diabetes o el colesterol alto) y acompañamiento a los pacientes y sus familias, especialmente en las comunidades más alejadas de los grandes centros urbanos.
El desafío consiste en atender el ACV cuando ocurre, pero también en prevenirlo y reducir sus consecuencias mediante estrategias coordinadas que integren prevención, respuesta y rehabilitación. La implementación de redes regionales de atención, la capacitación de equipos de emergencia, la educación pública sobre los signos de alarma y el fortalecimiento de los servicios de rehabilitación deben ser prioridades en la agenda sanitaria nacional.
El estudio de Fleni confirma la magnitud del problema, pero también muestra que la recuperación de los pacientes es posible cuando el sistema de salud responde con rapidez y eficacia.










