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Bacterias con "superpoderes"

La ciencia reprograma a la Escherichia coli para convertir plástico en recursos valiosos

La contaminación por plásticos inunda océanos, suelos y hasta organismos vivos.

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Este avance biotecnológico no se basa en la introducción de genes ajenos, sino en "despertar" un potencial latente en la célebre bacteria Escherichia coli.

Frente al desafío monumental de la contaminación plástica, una solución innovadora surge desde el mundo microscópico. Una investigación pionera liderada por Manuel Ferrer (CSIC) y Víctor de Guayar (Barcelona Supercomputing Center), con la bioingeniera Paula Vidal como principal desarrolladora, logró reprogramar una bacteria para degradar plástico y transformarlo en compuestos de alto valor. Este avance no introduce genes ajenos, sino que "despierta" un potencial latente en la célebre Escherichia coli, dotándola de una habilidad inédita: convertir un contaminante en recurso. Se abre así una nueva vía biotecnológica que colabora con la naturaleza en lugar de imponerle estructuras externas.

La gestión de residuos plásticos es uno de los retos ambientales más urgentes. Más allá de los desechos visibles, la amenaza se amplifica con los micro y nanoplásticos (nPET), partículas diminutas que se infiltran en ecosistemas y cadenas alimentarias. En esta búsqueda de soluciones, la ciencia halló un aliado inesperado: E. coli. Aunque su nombre suele asociarse con enfermedades, la cepa K12, usada en laboratorio, es completamente segura e incapaz de sobrevivir fuera de condiciones controladas. Su genoma, uno de los más estudiados del mundo, la convierte en una herramienta esencial de la biotecnología moderna. Elegirla no fue casualidad, sino una decisión estratégica. Su familiaridad y maleabilidad la hacen un "chasis biológico" ideal para experimentar nuevas funciones. En lugar de buscar organismos exóticos capaces de degradar plástico, los científicos decidieron enseñarle un "truco nuevo" a esta vieja conocida, sentando las bases de una técnica más avanzada que la modificación genética tradicional.

"EL RECABLEADO GENÉTICO"

En biotecnología, modificar organismos suele implicar insertar genes externos (transgénesis). Este estudio, en cambio, introduce un enfoque diferente: el "Gene Rewire" o recableado genético, que dota de nuevas funciones a proteínas ya existentes en la célula, sin alterar su equilibrio natural. Como lo describen los investigadores, es "darle un superpoder sin cambiar su esencia". El proceso, que combinó biología y supercomputación, se desarrolló en tres fases: Identificación de proteínas clave - mediante bioinformática se analizaron miles de proteínas de E. coli hasta identificar dos candidatas: LSRB, implicada en la comunicación bacteriana (quorum sensing), y SSUA, encargada de transportar compuestos de azufre. Modelado computacional - utilizando el supercomputador MareNostrum 5 (capaz de 314.000 billones de cálculos por segundo), se modelaron las estructuras tridimensionales de ambas proteínas para localizar el sitio de unión (binding pocket) donde realizar la modificación. Modificación molecular - una vez identificado el sitio, se introdujo una "triada catalítica" —compuesta por los aminoácidos serina, histidina y aspartato—, estructura responsable de la degradación de plásticos en otras enzimas. Así, las proteínas de E. coli adquirieron la nueva función sin perder las anteriores. Para ejecutar la modificación, se empleó una plantilla genética insertada en un plásmido que también contenía el sistema Crispr-Cas9 y una guía de ARN que actuaba como un GPS molecular, dirigiendo la alteración al punto exacto del genoma. Finalmente, el paquete fue introducido mediante electroporación, una descarga eléctrica que vuelve la membrana celular temporalmente permeable. Este recableado, que combina precisión molecular y potencia de cálculo, permitió reprogramar proteínas nativas para realizar una tarea completamente nueva: degradar plástico.

La innovación no radica solo en la degradación, sino en la transformación del plástico en un producto útil, concepto clave de la valorización de residuos y de la economía circular. La E. coli modificada puede degradar el polietileno tereftalato nanométrico (nPET) - uno de los plásticos más comunes - y convertirlo en protocatecuato (PCA), compuesto químico con amplias aplicaciones en farmacéutica y textil.

Además, la propia bacteria puede usar el PCA como fuente de energía, cerrando el ciclo metabólico de manera eficiente. Para comprobarlo, los investigadores cultivaron bacterias modificadas y no modificadas en dos medios distintos. En un medio nutritivo (Luria Broth Agar), ambas crecieron igual, mostrando que la modificación no era perjudicial. Pero en un medio pobre donde el plástico era la única fuente de carbono, solo las bacterias recableadas sobrevivieron, demostrando su nueva habilidad.

Un hallazgo inesperado surgió durante las pruebas: al comenzar la degradación del plástico, otras bacterias del entorno se sumaban al proceso, aprovechando los subproductos. Este fenómeno sugiere la formación espontánea de una comunidad microbiana colaborativa, incluso en condiciones controladas.

Los científicos subrayan que esta tecnología está en fase de "prueba de concepto" (TRL 4): funciona en laboratorio, pero aún no está lista para aplicarse directamente en el medio ambiente. Su uso más inmediato se proyecta en biorreactores industriales, donde las bacterias podrían tratar aguas residuales con nanoplásticos, imposibles de filtrar mediante métodos tradicionales.

En estos entornos cerrados y controlados, el proceso puede optimizarse sin riesgos ecológicos. A largo plazo, el potencial del "gene rewire" es enorme. Su filosofía de reutilizar proteínas existentes podría aplicarse a otros microorganismos y problemas ambientales: desde la captura de CO hasta la degradación de metales pesados o la síntesis sostenible de materiales.

Más que una técnica, representa un nuevo paradigma de biología sintética, que busca potenciar la naturaleza en lugar de sustituirla. El recableado genético podría convertirse en una herramienta versátil para diseñar soluciones biológicas adaptables, sostenibles y éticamente más equilibradas.

Este avance demuestra que las respuestas a los grandes desafíos pueden encontrarse en los lugares más insospechados. Ante la crisis del plástico, la ciencia propone una alternativa elegante y precisa: reprogramar una simple bacteria para convertir un contaminante persistente en recurso valioso. La técnica del recableado genético trasciende lo técnico y se aproxima a lo filosófico.

Plantea una biotecnología colaborativa, donde el ser humano actúa como orquestador de la naturaleza y no como su pretendido (y siempre fallido) "dominador". La combinación de biología, ingeniería genética y supercomputación marca el nacimiento de una nueva era de innovación sostenible. En este horizonte, E. coli, una vieja conocida del laboratorio, podría convertirse en una aliada crucial en la lucha contra la contaminación global.

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