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La valiosa tarea de los radioaficionados

La tarea silenciosa que llevan a cabo los radioaficionados en estos tiempos de internet y telefonía móvil continúa siendo fundamental e irremplazable, especialmente en situaciones de emergencia. Se trata de hombres y mujeres apasionados por la radiofrecuencia que, más allá de considerarlo un pasatiempo, asumen con compromiso social la misión de mantener conectadas a las personas incluso en los momentos más críticos. En la provincia del Chaco, su tarea va desde prestar servicios en competencias deportivas de gran envergadura, como la Pesca Internacional del Dorado en la Isla del Cerrito, hasta ser una herramienta clave en catástrofes naturales.

Cada 21 de octubre se celebra en Argentina el Día del Radioaficionado, una fecha que conmemora la fundación del Radio Club Argentino en 1921, en una asamblea realizada en el salón de actos del diario "La Prensa". Ese hecho histórico posicionó a nuestro país como pionero en esta actividad, al contar con el tercer radio club del mundo, luego de Inglaterra y Estados Unidos. Desde entonces, esta actividad ha crecido de la mano de personas comprometidas con la vocación de servicio, la preparación técnica y el deseo de tender puentes donde las comunicaciones tradicionales fallan.

En la provincia del Chaco, los radioaficionados cumplen una función clave, muchas veces invisibilizada, pero de gran impacto. El Chaco Radio Club, por ejemplo, ha participado en campañas solidarias en favor de las familias del Impenetrable Chaqueño, colaborando con la Fundación Wilde para facilitar sus tareas en una de las regiones más remotas y de difícil acceso del país. Su tarea cobra relevancia en aquellas zonas donde no llegan las señales de los teléfonos móviles ni la red internet. En estos casos, los equipos de radio, operados por personas entrenadas y comprometidas, permiten establecer comunicación con el resto del país y del mundo. Con tan solo una antena, una batería y un equipo de radio, es posible conectar pueblos aislados, enviar información crítica o simplemente acercar un mensaje de afecto a seres queridos distantes.

Esta labor, que puede parecer sencilla, cobra un valor inmenso en situaciones de emergencia. Cuando se produce un desastre natural como una inundación, un incendio o un corte masivo de energía, los sistemas de comunicación convencionales pueden colapsar. Es en esos momentos cuando los radioaficionados entran en acción. Gracias a su capacidad técnica, su experiencia en la configuración de redes alternativas y su disponibilidad, logran restablecer canales de comunicación vitales para coordinar rescates, trasladar información médica o asistir a los equipos de emergencia. Se pueden recordar casos emblemáticos a nivel internacional, como el terremoto de México en 1985 o el huracán María en Puerto Rico, que han demostrado el papel importante que desempeñaron estos operadores en la gestión de crisis.

En pleno siglo XXI, la radioafición mantiene su vigencia precisamente porque no depende de la infraestructura comercial. Su autonomía, versatilidad y adaptabilidad la convierten en una herramienta insustituible en situaciones extremas. En este sentido, muchos operadores formaron parte de simulacros de emergencias, colaborando activamente con organismos oficiales para estar preparados ante posibles catástrofes.

Como se dijo, en el Chaco también prestaron su ayuda en eventos como el XXI Torneo Internacional de la Pesca del Dorado con Devolución 2025, realizado en la Isla del Cerrito. Allí, los radioaficionados brindaron servicio de comunicaciones a los fiscales del torneo, garantizando que la logística funcionara sin contratiempos. Este tipo de colaboración demuestra que su presencia también es importante en actividades sociales, culturales y deportivas que congregan a cientos de personas.

A nivel nacional, la participación de los radioaficionados argentinos fue esencial en lugares tan distantes como la Antártida, donde se convirtieron en el nexo emocional y comunicacional entre los científicos que trabajan en las bases argentinas y sus familias. Gracias a ellos, desde los rincones más fríos y alejados del planeta se pudo mantener vivo el lazo afectivo, transmitiendo palabras de aliento y contención en la distancia.

Volviendo a la labor de los radioaficionados chaqueños, se puede afirmar que detrás de esa actividad hay mujeres y hombres que, con humildad y sin esperar retribución, ponen su tiempo, su equipamiento y su saber al servicio de los demás. Celebrar el Día del Radioaficionado es reconocer el trabajo incansable de quienes, muchas veces en silencio, ponen lo mejor de sí al servicio de la comunidad.

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