La danza tiene aroma de mujer
El pasado 10 de octubre se celebró el Día Nacional de la Danza, en conmemoración a los bailarines del Teatro Colón, fallecidos en el accidente aéreo de 1971. Hoy, Atacch rinde homenaje a maestras de la danza que brindan sus conocimientos en diferentes academias y espectáculos.
La Asociación de Titiriteros, Actores y Coreógrafos del Chaco (Atacch), en conmemoración por el Día Nacional de la Daza homenajea a maestras de diferentes disciplinas, haciendo un resumen de su trayectoria para así dar a conocer quiénes son las personas que están detrás de la dirección de las academias y grandes espectáculos.

La danza es una forma de arte y comunicación no verbal que utiliza el movimiento corporal, a menudo acompañado de música, para expresar emociones, ideas y narrativas. Es una actividad con profundos valores estéticos y simbólicos que fomenta la salud física, emocional y social, permitiendo a los bailarines explorar y expresar su creatividad a través de secuencias de movimientos intencionados o improvisados.
Ser maestro de danza significa ser un guía experto en el arte del movimiento, con la tarea de instruir a estudiantes en diversas técnicas y estilos, desde los pasos básicos hasta la coreografía avanzada. Implica no solo enseñar la técnica, sino también desarrollar la interpretación, la musicalidad y la creatividad de los alumnos, creando un ambiente de aprendizaje positivo e inclusivo donde se fomente la expresión individual y la apreciación cultural.
Desde Atacch, su directoria, Débora Godoy, manifestó, "tenemos la labor de reconocer y visibilizar el gran trabajo que hacen las maestras de danza en el Chaco, en todas las modalidades, una disciplina que acompaña a los niños, jóvenes y adultos para su crecimiento personal. Y como decimos, no queremos crear más artistas, sino mejores personas". Continuó, "la realidad de nuestro Chaco, cada vez con más abanicos de posibilidades que abren nuevas puertas, no solo a la cultura sino al movimiento económico que genera la creación de trabajo genuino donde en cada academia se desempeñan más de tres maestros preparados para dictar las clases".

Cada 10 de octubre se celebra en Argentina el Día Nacional de la Danza, en conmemoración a la tragedia ocasionada por el accidente aéreo de 1971 donde fallecieron nueve bailarines del ballet estable del Teatro Colón. Esta fecha homenajea a la danza como expresión cultural y recuerda a las víctimas, incluyendo a figuras como Norma Fontenla y José Neglia. Ese día, una aeronave que transportaba a nueve bailarines del Teatro Colón, rumbo a una función benéfica a realizarse en Trelew (Chubut), se precipitó al Río de la Plata pocos minutos después de despegar. La tragedia no dejó sobrevivientes. Desde entonces, la fecha fue elegida para recordar a estos artistas y para destacar la importancia de la danza en la cultura popular como forma de expresión, homenaje y reconocimiento.
En 1972 se inauguró un monumento en la Plaza Lavalle, frente al Teatro Colón, en honor a los bailarines fallecidos. El día recuerda no solo al ballet clásico, sino también a las danzas folklóricas y a la danza en todas sus expresiones. La celebración también busca concientizar sobre la necesidad de una Ley Nacional de la Danza que apoye y fomente esta rama del arte en el país.
Andrea Fernández
Tiene 40 años y es de Resistencia (Chaco). Inició su carrera artística a los 3 años de edad, en ese momento ya tenía claro que optaría por esta profesión durante toda su vida. "Comencé estudiando danzas españolas, llegando a la finalización de esta carrera; para luego enamorarme perdidamente de las danzas árabes, obtuve tres títulos en esa disciplina. Después, incursioné en otras danzas como, expresión corporal, ritmos latinos y danzas brasileñas".

En el año 2004 inauguró su primera escuela de danzas en Presidencia de la Plaza (Chaco) y luego Danzas Árabes Dilshad en Resistencia, capital chaqueña. En el año 2015 inauguró el Instituto de Artes Glow, abriendo un abanico de oportunidades para futuros artistas en proceso. "La danza me abrió las puertas al mundo, llevándome a compartir mis conocimientos a otros países como, Paraguay, Uruguay, Brasil, Sudáfrica, Isla Reunión, Francia, Italia, Marruecos, México y distintas provincias de nuestro país. Gracias a esta profesión que elijo todos los días pude encontrar el propósito de mi vida, ayudándome y ayudando a otras personas a crecer, conectarse y expandirse, formando así una mejor versión de ellos mismos, tomando la a danza como una herramienta o como un puente para poder lograrlo".
María Laura Garello
Como todos la conocen, ‘Lala’, desde muy chica amó bailar, tanto es así que a los 3 años inició su camino de formación con danza clásica en la escuela de María Emilia Barba, y luego se inclinó por los estilos latinos y urbanos, lo que la llevó con el tiempo a perfeccionarse en Buenos Aires, con distintos cursos y especializaciones, convirtiéndose en instructora de ritmos latinos y urbanos. También, realizó cursos de jazz y contemporáneo siguiendo con una formación continua en armado y dirección coreográfica; además, comedia musical en el teatro de la comedia en la capital de Buenos Aires.

"La danza y el baile me ayudaron a conocer el mundo y a conocerme a mí misma, y hoy llevo más de 15 años acompañando a niñas, adolescentes y adultos a transitar el hermoso camino del arte y el baile. Brindando clases diarias y generando momentos únicos donde cada alumno puede enfrentar sus miedos y superarse a sí mismo en el escenario por medio de las presentaciones anuales y los shows que organizamos. También, generando espacios de formación con diversos workshops que ayudan siempre a mejorar la calidad de nuestras clases".
Yadiva Alí
Baila desde los 8 años, comenzó con danzas españolas, para luego incursionar en otras danzas como, árabe, jazz, contemporáneo y ritmos latinos. "A lo largo de estos 30 años tuve hermosas experiencias laborales como ser becada para ir a perfeccionarme a España y Alemania en el 2007, ser coach de bailando por un sueño en el ritmo de árabe en los años 2012 y 2013; ser jurado en diferentes certámenes junto a figuras como Hernán Piquín, Leonardo Piccinato, Pablo Acosta y Nancy Bocca, y haber sido bailarina estable en el Tablao el Ávila en Capital Federal (Buenos Aires) en el 2013. Mi vida estuvo y está siempre envuelta en el arte del movimiento, siendo protagonista de obras de teatro, de espectáculos de danzas y de trabajos experimentales propios y de otros directores artísticos".

Actualmente dicta clases de flamenco para todos los niveles y edades en la Máscara Teatro; realiza shows particulares y cursos de capacitación.
Natalia Meza
Sus primeros pasos en la danza los dio a los 8 años, en una academia de folklore de la localidad General José de San Martín (Chaco). "Desde ese momento sentí que el folklore me atrapó para siempre. Con el tiempo, esa pasión se transformó en un camino de aprendizaje y formación que hoy me permite ser profesora de esta disciplina que tanto amo. Lo que más disfruto de tener mi propia academia de folklore es la certeza de estar contribuyendo a mantener viva nuestra cultura. Siento que no es solo un espacio de enseñanza, sino también de transmisión de valores, identidad y raíces. Esa trascendencia la veo reflejada en mis hijas, con apenas 3 años ya distinguen una chacarera del monte. Llevar adelante un Ballet de casi 60 integrantes es un gran desafío, lo que me impulsa a superarme constantemente y a dar lo mejor de mí cada día".

Lo que más le apasiona es bailar y ser parte de las coreografías junto a sus alumnos, compartir con ellos la energía y la emoción del escenario. "Sin embargo, la mayoría del tiempo debo resignar ese rol para asumir el de guía, corrigiendo, dirigiendo y trabajando en cada detalle de los proyectos que presentamos. Aun así, cada vez que los veo brillar en escena, siento que esa entrega vale la pena".
Marta Valenzuela
Es profesora de danzas folklóricas y tango, en el año 2017 formó su primer Taller de folklore en el Centro Comunitario del barrio ‘Ricardo Guiraldes’ (Resistencia). Luego en el año 2021, al finalizar la pandemia junto a un grupo de bailarines adultos mayores de 50 a 85 años realizó talleres de danzas folklóricas en el Centro Cultural ‘Leopoldo Marechal’, en los clubes de abuelos y centros de jubilados de Resistencia y Barranqueras (Chaco).

"En el año 2022, formé la escuela de danzas ‘Latidos de Tradición’, la que está integrada por más de 50 alumnos entre las edades de 3 a 90 años, donde además se dicta la carrera del profesorado de folklore. Y desde el año 2021 viajo con mis alumnos a representar al Chaco, llevando en obras a la danza, tradiciones e historias, participando de los eventos nacionales e internacionales, obteniendo reconocimientos en danzas de proyección y vestuario".
Pía Rolón
"Empecé a bailar a los 3 años gracias a mi mamá, Tania Rolón, y a mi abuela, María Teresa Porfirio, que también fueron bailarinas y hoy enseñan. Para mí, la danza siempre fue un lugar seguro y la forma de expresarme".

En 2019 se recibió de profesora de danzas clásicas y en el 2021 comenzó a enseñar junto a su abuela en el ‘Instituto María Teresa Porfirio’. "Pasar de alumna a profesora me enseñó lo hermoso que es acompañar a otros en su camino. Mi motivación es transmitir la pasión que mi abuela me enseñó y mostrar que la danza es disciplina y a la vez libertad. Me emociona ver a mis alumnas crecer y brillar en escena".
Camila López
Es instructora superior de ritmos latinos, fusiones, zumba, y la directora de su propia academia ‘Dancing Studio’. "Desde muy joven, supe que mi camino no era otro que el de la danza. No solo como una actividad, sino como una forma de vida. Hace ocho años, ese sueño dejó de ser fantasía y se convirtió en realidad. Con mucho esfuerzo, dedicación y el apoyo de mi gente. No fue fácil, pero cada obstáculo me motivó a seguir adelante".

Su visión siempre fue clara, crear un espacio donde niños y adultos, sin importar su nivel, pudieran sentirse libres, aceptados y, sobre todo, disfrutar de la danza.
"Hoy, miro a mi alrededor y no puedo evitar sentir una inmensa gratitud. Dancing Studio no es solo una academia; es una familia. Cada día, tengo la fortuna de ver a mis alumnos crecer, ganar confianza y sonreír mientras bailan. Ver cómo se cumplen mis sueños a través de los logros de mis estudiantes es la mayor recompensa".










