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Fomentar la lectura en niños y adolescentes

Las últimas evaluaciones de las pruebas Aprender revelaron que, a nivel nacional, cerca de 45% de los niños de tercer grado comprende los textos que lee, lo que confirma la necesidad de buscar alternativas para promover los hábitos y habilidades lectoras. Lo que sucede es que muchos niños no leen en su tiempo libre ni reciben lectura familiar, a pesar de contar con bibliotecas escolares. Esta situación muestra que es necesario cultivar una cultura lectora desde el hogar y que la escuela acompañe a niños y adolescentes en su desarrollo lector.

El primer paso para fomentar mejores hábitos lectores es transformar la lectura en una experiencia cotidiana y placentera. Para ello, es fundamental que los adultos —padres, docentes, cuidadores— actúen como modelos de lectura. Leer frente a los niños, comentar libros y disfrutar la lectura en voz alta puede despertar su interés de manera natural. Al igual que se enseña a cepillarse los dientes o a ordenar la habitación, leer debe formar parte de la rutina diaria, asociada con momentos agradables como la hora de dormir.

En el caso de los niños, crear un espacio cómodo para leer, bien iluminado y libre de distracciones, puede convertir la lectura en un refugio emocional. Visitar bibliotecas o espacios con libros diversos también amplía su contacto con distintos tipos de textos. Pero el punto clave es permitirles elegir qué leer, es decir, si prefieren cuentos, revistas, cómics o incluso libros ilustrados. Esta libertad es muy importante porque sirve para fomentar la autonomía lectora.

Con los adolescentes, el desafío es mayor. Muchas veces se enfrentan a lecturas obligatorias que no se conectan con sus intereses ni realidades. Es aquí donde se deben aplicar estrategias flexibles, como facilitar libros que respondan a sus gustos (novelas gráficas, literatura juvenil, audiolibros), y abrir espacios de conversación y debate sobre lo leído. Este intercambio estimula el pensamiento crítico y ayuda a profundizar la comprensión lectora.

Además, es importante mostrarles que la lectura no es solo entretenimiento, sino también una herramienta valiosa para su formación personal y profesional. Lejos de imponer, conviene mostrar ejemplos reales donde leer sirvió para resolver problemas o comprender mejor el mundo. De este modo, la lectura adquiere un sentido práctico que puede fortalecer la motivación.

Por otra parte, es importante crear rincones de lectura en la casa o en la escuela, teniendo presente que fomentar la lectura no solo implica generar gusto por leer, sino también desarrollar habilidades lectoras esenciales como el enriquecimiento del vocabulario y la capacidad de conectar ideas en un texto. Estas competencias permiten comprender mejor lo leído, lo cual es clave para el rendimiento académico y la participación en la sociedad.

Por supuesto que estas habilidades no se adquieren de forma espontánea. Se deben trabajar de a poco mediante estrategias que integren la lectura en espacios donde los niños y adolescentes puedan expresarse, hacerse preguntas y dialogar sobre lo que leen. En este proceso, el acompañamiento es fundamental. La familia, la escuela y la sociedad deben actuar en conjunto para generar una red de apoyo lectora.

En el ensayo titulado "Derechos del lector", el escritor francés Daniel Pennac enumera una serie de principios que ponen el foco en el derecho a no leer, a pasar de largo algunas páginas, a no terminar un libro y a releer. Lo que la propuesta plantea es la necesidad de entender la lectura como un acto personal, emocional y libre de imposiciones.

En la práctica, aplicar estos derechos implica respetar el ritmo y las elecciones de cada lector, sin imponer lecturas ni castigar la falta de interés. Al contrario, el escritor francés propone cultivar la curiosidad y permitir que los niños y adolescentes se equivoquen, descubran, abandonen y vuelvan a los libros cuando lo deseen. Solo así, sostiene el autor de "Derechos del lector", la lectura dejará de ser una obligación para convertirse en una experiencia transformadora.

Fomentar mejores hábitos y habilidades lectoras en niños y adolescentes requiere la participación de familias, escuelas y, por supuesto, de políticas públicas que promuevan la lectura como un derecho y una necesidad. La clave está en hacer de la lectura una práctica constante, placentera, accesible y respetuosa de la libertad individual.

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