Homenaje a la artista y ceramista Susana Maekado
Susana Maekado nació y se educó en Resistencia, estudió abogacía, aunque nunca ejerció de abogada ya que una vez egresada se dedicó al arte cerámico.

La ceramista Susana Maekado, artista de Resistencia falleció hace pocas semanas atrás. Ella y su familia pertenecientes a la comunidad japonesa local, siendo sus padres japoneses de origen; en algún momento propietarios de la Tintorería Nippon.
Susana Maekado nació y se educó en Resistencia, estudió abogacía, aunque nunca ejerció de abogada ya que una vez egresada se dedicó al arte cerámico. Su esposo fue el abogado Luis Miranda, siendo ambos padres de Matías Miranda.
"De aquellas memorias de barro y fuego"
"Sólo el amor alumbra lo que perdura, sólo el amor convierte en milagro el barro, con esta frase de sentidas raíces del cubano José Martí podemos acercanos a la maravillosa producción cerámica de Susana Maekado, quien nos ha dejado recientemente", así expresaron un grupo de ceramistas de la ciudad.

Con la presencia constante de su compañero de vida, Luis, quien fue su apoyo incondicional, Susana Maekado desarrolló cada proyecto cerámico que emprendió. Desde sus inicios en el Taller de Cerámica del Instituto de Bellas Artes "Alfredo Pértile", forjó un vínculo profundo no solo con la arcilla y el fuego, sino también con quienes, como ella, amamos la cerámica.
Sus obras son un reflejo de su constancia y convicción, un compromiso inquebrantable en su búsqueda e investigación. En su exploración de las pastas y materiales, así como en la esencia misma del fuego —ese hacedor que modifica, transforma y crea— la materia arcillosa se metamorfosea en arte. A través de técnicas ancestrales como el ahumado, el raku y el gres, la arcilla se convierte en poesía tangible; cada pieza es un testimonio de su viaje, un susurro del fuego que acaricia y da vida a la materia, dejando en cada obra una huella de su esencia. Así, lo efímero se vuelve eterno, y la materia se eleva, en un abrazo ardiente, a la categoría de obra de arte.
Sus formas llevan consigo las legendarias raíces orientales de su amado Japón, transmitiéndonos su espiritualidad y sus raíces zen. Los efectos en forma y superficie esmaltada se transforman en piezas irrepetibles. En su variada producción, nos dejó esculturas orgánicas y abstractas, además de vasijas, cuencos y otros elementos contenedores que cobijan el alma de quienes nos conmovemos con la belleza que fue capaz de crear.
Como profesional de la cerámica, realizó capacitaciones con destacados ceramistas nacionales e internacionales, y participó en exposiciones y salones regionales y nacionales. Su producción fue reconocida con apreciados premios, como en el 2do Salón Regional de Arte Cerámico del Museo de Bellas Artes del Chaco y el Salón Raku Nacional, donde se valoró su calidad técnica y estética. Sus obras se caracterizan por el modelado y la alfarería en torno, utilizando óxidos, bruñidos y esmaltes en reducción.
Quienes la conocimos sabemos que su esencia perdurará siempre a través de sus obras y de los hermosos momentos compartidos en el taller, trabajando en cerámica, colaborando con diversos maestros y haciendo quemas de piezas a cielo abierto.
La Susana del recuerdo es una de esas raras personas con las que se podía estar a salvo, una amiga que no juzgaba. Susana era sencilla, auténtica, talentosa y tímidamente alegre como una mariposa. Un privilegio haberla conocido.










