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Entre lo mismo y lo mismo

La campaña electoral está cerca de pegar la última curva rumbo a la línea de llegada. Y en líneas generales muestra, tanto a nivel nacional como en el Chaco, que las dos principales fuerzas en pugna repiten libretos ya conocidos. Puede ser la fuerza de las convicciones, puede ser incapacidad de plantear ideas nuevas.

La visita de Javier Milei ayer en Resistencia, el derrotero del peronismo hacia los comicios, las estrategias desplegadas por los bandos de Leandro Zdero y de Jorge Capitanich así lo certifican. Salvo la porción seguramente minoritaria de votos con las que se quedarán las terceras opciones, el domingo 26 iremos a elegir entre lo mismo y lo mismo.

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Javier Milei ayer, en Resistencia (foto Fabián Maldonado).

Embolsados

Es casi una carrera de embolsados. Cada uno marcha como puede, arrastrando sus limitaciones y pagando por los tropezones. El mileísmo, los desbordes de su líder, su afición a vociferar un dogma que no toca ninguna fibra emocional ni identifica en términos reales a nadie. El "viva la libertad, carajo" tiene tanto que ver con la idiosincrasia del pueblo argentino como la jerga pseudorrevolucionaria del kirchnerismo. Y, así como cuando gobernaba Cristina, ahora con Milei el ciudadano promedio hace lo mismo: pone esas pavadas a un costado del plato y se ocupa de ver si lo que cocinó el chef ayuda o no a llenar la panza.

El gran misterio de este proceso electoral tiene mucho que ver con eso, con los interrogantes acerca de cómo observan el espectáculo actual un hombre o una mujer con la cabeza sobrecocinada por una sucesión interminable de crisis. A propósito de esto, consideremos el siguiente dato: siete de cada diez argentinos vivos atravesaron aunque sea uno de los estallidos económicos que siguieron al Rodrigazo de 1975. Otra referencia: más de 80% de la población actual del país tenía 16 años o más cuando se produjo la explosión hiperinflacionaria de 1989 y vivieron todos los colapsos que le siguieron. Es decir, ocho de cada diez están habituados a que haya unos pocos años de estabilidad intercalados con derrumbes estruendosos.

Subterráneo

Seguramente que una parte de todo esto es lo que modifica las miradas clásicas que los analistas, los dirigentes o los periodistas podemos tener sobre el pasado más reciente y el presente más estricto. Por ejemplo, cualquier especialista en marketing le hubiera recomendado a Milei que hiciera exactamente lo contrario de lo que finalmente hizo en 2023. Prometer durante toda la campaña un ajuste que iba a ejecutarse vía motosierra era una locura. Y, sin embargo, en el balotaje derrotó por paliza a un Sergio Massa soportado por la estructura política más poderosa de la política nacional, financiado por una porción descomunal del presupuesto estatal, bancado por Cristina, por Alberto, por gobernadores e intendentes, por el Vaticano. Un Massa que, encima, había sopapeado a gusto y paladar a Milei en un debate previo a la votación.

¿Qué había pasado? Que una mayoría social, harta del fracaso de las fuerzas, las figuras y los discursos de siempre, tuvo ganas de romper todo. Y votar por Milei fue eso: tener la esperanza de que romper todo fuese el camino de la salvación.

Dudas abiertas

Esa sociedad sigue siendo la misma. ¿Estará harta también ahora de Milei? ¿O al ver que enfrente el kirchnerismo sigue exhibiendo la misma oferta de candidatos y de ideas optará por darle una chance más al presidente? ¿O irá a una tercera alternativa? ¿O no irá a votar?

Las elecciones distritales de este año, y sobre todo las de provincia de Buenos Aires, parecen indicar un desgaste libertario, si bien también podría considerarse que el peronismo en PBA no hizo más que conservar caudales históricos y que la novedad fue la fragmentación de un electorado que antes era capitalizado en una proporción mayor por el mileísmo.

Frente al golpazo bonaerense, el presidente reapareció con discursos más moderados en su formalidad, aunque muchas cosas señalan que es más una indicación de sus asesores que un cambio franco. La propuesta libertaria, en ese punto, tiene un punto de contacto con la campaña K: Milei también sigue ofreciendo lo mismo. En todo caso, le agregó algunos modales. Tampoco tantos.

El tema es que, mientras tanto, la política no generó nada marcadamente consistente en el medio. El proyecto de los gobernadores que fundaron Provincias Unidas podría estar destinado a cosas grandes, pero lleva poco de haber salido a la superficie y todavía falta ver qué tan fuerte es su cohesión interna. Los jefes provinciales estarán siempre expuestos a las tentaciones, presiones y tratos que propongan la Rosada o el bloque K. Entonces, la polarización se ve como cantada, salvo en aquellas jurisdicciones en los que hay terceros espacios muy fuertes, como el oficialismo cordobés.

Desconexiones

Algo curioso es que los dos grandes contendientes piden el voto enarbolando relatos que no les sirven demasiado. En el caso de los libertarios, además de una construcción discursiva hay índices oficiales que en otro contexto les hubiera servido para ir tranquilos a la elección, pero que ahora tienen un peso relativo. La baja de la inflación, por ejemplo, ya no genera un reconocimiento significativo porque es un logro que quedó naturalizado. Hasta la fuerte disminución de los índices de pobreza impactó de modo amortiguado, por la percepción general de que la situación social es tanto o más sofocante que en el final del ciclo kirchnerista.

El peronismo oficial, en eso, suma un análisis de la metodología de cálculo que aplica el Indec para medir los grados de carencias sociales. En esa lectura, sostiene que el organismo oficial instrumenta un sistema de relevamiento y cálculo sujeto a errores. Pero el descenso de pobreza e indigencia que marca el dato más reciente difundido es de unos 20 puntos porcentuales con respecto al tramo final de la gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Demasiado para ser un fallo total. 

En eso, consideran algunos análisis, tiene que ver la baja de la inflación y el hecho de que una asistencia social clave, la Asignación Universal por Hijo, viene siendo actualizada a valores muy por encima de la variación del costo de vida. No obstante, la pérdida de empleos, el cierre de pymes y la caída real de los salarios licua esa noticia y redondea un panorama de crisis persistente, reforzado por los apremios financieros y cambiarios de la Casa Rosada. 

El gobierno nacional se equivoca al sobreestimar lo que dicen las estadísticas oficiales y lo que esos números representan en el día a día de las personas comunes. El peronismo, por su parte, habla de la necesidad de retornar a una realidad que vende como feliz y que sin embargo fue una agonía progresiva que dejó todo servido para la aparición de una figura como Milei. Cuando los candidatos del PJ en el Chaco y en el resto del país hablan de lo bien que hicieron todo cuando habitaban el poder, la pregunta instantánea que surge es: ¿y entonces por qué fueron echados por el voto popular?

Sordos a esos detalles, cada cual despliega su guion y sigue adelante. Van por caminos inconciliables que se suelen tocar en el mismo común denominador de siempre: la incapacidad para saltar por encima de sus entornos de aplaudidores y tomar contacto con lo que verdaderamente sucede abajo del escenario.

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