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Reinventarse después de los 50

La historia de Máximo "Taka" Saucedo: de telefonista de NORTE a ultramaratonista

Hay historias que invitan a replantearse la vida. La de Máximo "Taka" Saucedo es una de ellas. Una historia de transformación, constancia y pasión que demuestra que nunca es tarde para descubrirse y desafiar los propios límites.

Taka es parte de Diario NORTE desde hace casi cinco décadas. Su voz en el conmutador es reconocida por todos, y quienes lo escuchan crean instantáneamente una imagen de la persona detrás de esa voz. Sin embargo, pocos conocen que más allá de las paredes del diario, Taka emprendió una verdadera revolución personal: se convirtió en runner después de los 50 años y, con disciplina y constancia, llegó a competir en ultramaratones de 12 horas y trails de más de 100 km.

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El inicio de una pasión inesperada
Su camino hacia el running comenzó casi por casualidad, gracias a la insistencia de un viejo amigo, Walter Winkler.

—¿Qué hacés el sábado? —preguntó Walter—. Tengo una carrerita de entrenamiento.

Taka dudó. "Si yo ni al colectivo le corro", recuerda entre risas. Pero aceptó la invitación. Tres kilómetros fueron suficientes para cambiarlo todo. "Fue amor a primera vista. Me sentí parte de una familia, algo que no conocía en el running", confiesa.

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Ese primer paso fue un descubrimiento emocional: alegría, incredulidad y una chispa de esperanza de que su cuerpo aún podía sorprenderlo. A partir de ahí, cada entrenamiento se convirtió en un espacio de autoconocimiento y crecimiento.

Primeras carreras y primeras victorias

El debut formal llegó el 25 de marzo de 2019 en Loreto, Posadas, en un 10K. Sin asesoramiento y entrenando solo, Taka logró el primer puesto en su categoría. Al mes y medio, corrió 15 km en Corrientes y sintió una adrenalina que describiría como "impresionante".

—Ese año hice ocho carreras —recuerda—. Cuatro veces subí al podio. Entendí que los podios no se desean, se ganan con esfuerzo y constancia.

Cada nueva distancia traía emociones intensas: miedo, excitación, dudas y euforia. "El primer kilómetro te pone nervioso, el décimo te desafía, y cruzar la meta es una mezcla de orgullo, alegría y humildad que no se puede describir", dice Taka.

Ultramaratones y desafíos extremos

Su historia se volvió más intensa con las ultramaratones. Estas carreras de resistencia extrema ponen a prueba cuerpo, mente y espíritu. En la modalidad de 12 horas, el tiempo es el límite, no la distancia, y cada segundo cuenta.

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—En mi segunda carrera de 12 horas —explica Taka— tuve problemas con las zapatillas, tuve que detenerme varias veces, pero aun así terminé tercero en mi categoría. Fue un aprendizaje sobre resiliencia, paciencia y autocontrol.

El desafío más extremo llegó con la UTACH, un trail de 120 km en Villa Jacinto, Córdoba. Durante la escalada al Champaquí (2.798 m), la tormenta y la niebla borraron todas las marcas y desactivaron el GPS. Perdidos por casi una hora, Taka y otros corredores vivieron un momento de miedo e incertidumbre, pero también de compañerismo y solidaridad humana.

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—Nos apoyamos entre todos —recuerda—. Esa sensación de comunidad fue más fuerte que la tormenta misma.

Además de los retos físicos, Taka enfrentó obstáculos cotidianos: lesiones, dolor muscular, falta de equipamiento y la exigencia mental de correr durante horas sin descanso. Cada desafío lo llevó a conocerse mejor y a valorar el esfuerzo y la preparación necesaria para superarse.

Transformación personal y hábitos

Correr cambió no solo su cuerpo, sino su vida entera. "Volví a revivir. Resucité. Cambié totalmente la óptica de la vida. Muchas veces me pregunté por qué no lo hice antes", confiesa.

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La disciplina deportiva lo llevó a modificar su alimentación, su descanso y su relación con el propio cuerpo. "Antes no conocía las verduras; hoy disfruto la remolacha, la zanahoria, como un manjar. Dejé los excesos, respeto mis horas de sueño y cuido mi físico como nunca antes", dice.

Correr también fortaleció su mente. Cada entrenamiento y cada carrera son ejercicios de paciencia, autocontrol y determinación. Taka aprendió a aceptar límites, superar el miedo y celebrar cada logro, por pequeño que sea.

Para Taka, cada kilómetro recorrido es un acto de amor propio y un recordatorio de que nunca es tarde para empezar de nuevo.

El deporte le enseñó a escuchar su cuerpo y su mente, a aceptar límites y a celebrar cada pequeño logro. "Cuando cruzás la meta después de horas corriendo, sentís una emoción que no se puede explicar. Es gratitud, alegría, orgullo y humildad al mismo tiempo", dice.

Apoyo y reconocimiento

Taka no estaría donde está sin el aliento de amigos, colegas y seguidores. Su compañero y runner Tato Bienucci dice: "Taka es ejemplo de constancia y humildad. Nos emociona verlo superarse cada vez"; Walter Winkler, su amigo de toda la vida, agrega: "No es solo correr; es disciplina, actitud y amor por la vida".

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La historia de vida de Taka fue contada en el programa Buen Día Norte, que se emite de lunes a viernes de 9 a 12 por YouTube de NorteTv. En ese marco, los seguidores del canal también lo reconocen:

·         "Qué ejemplo, Taka. Felicitaciones", dice Hugo Rorman.

·         "Taka, un ejemplo de constancia", comenta Marisol.

·         "Vamos Taka", anima Eli, desde la redacción de NORTE.

Momentos emocionales que marcan la diferencia

Cada kilómetro recorrido guarda un aprendizaje y una emoción. Desde la adrenalina de cruzar la meta por primera vez, hasta la frustración de perderse en una ultramaratón, Taka experimenta emociones que van más allá del deporte. "Correr es un acto de amor propio, un homenaje a la vida y a las posibilidades que aún quedan por descubrir", dice.

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El aliento de la gente es otra fuente de fuerza. "Un ‘vamos, vos podés’ en la vereda puede ser la energía que te haga levantar los pies cuando todo parece imposible. No hay nada comparable", asegura.


La vida no tiene fecha de vencimiento

La historia de Taka nos recuerda que la vida no tiene fechas de vencimiento. Reinventarse, desafiar límites y encontrarse con uno mismo es posible a cualquier edad. Empezar tarde no significa empezar mal; significa empezar consciente, decidido y con la sabiduría de quien sabe que el tiempo se mide en intensidad, no en años.

Cada paso, cada kilómetro y cada pequeño esfuerzo construyen no solo un cuerpo más fuerte, sino un espíritu más pleno y una mente más libre. La historia de Taka es un testimonio de que la pasión, la constancia y la disciplina pueden cambiar la vida.

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Y, sobre todo, que nunca es tarde para descubrir quiénes somos realmente y hasta dónde podemos llegar.

Porque empezar tarde no significa empezar mal. Significa empezar consciente, decidido, con la sabiduría de quien sabe que el tiempo no se mide en años, sino en la intensidad con que vivimos cada instante. Y que, al final del día, correr no es solo un deporte: es un acto de amor propio, un homenaje a la vida y a todas las posibilidades que aún quedan por descubrir.

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