La señorita Speranza, Margarita o Messina

Vulgarmente, la loca Messina o Speranza, tal su apellido. Ítala Carolina Rafaela Speranza Donadet, nacida en Corrientes en 1891. Hija de Pietro Speranza (italiano, (panadero) y Alfonsina Donadet (profesora de piano). Tenía dos hermanos: Luciano Speranza, jugador de futbol de Sarmiento, y Germán.
Vivía por la av. Alberdi, frente al Club Social; sus padres eran dueños de una panadería, en la esquina de Tucumán (hoy Perón) y av. Alberdi (Panadería Argentina), donde luego fue la tienda Ciudad de Messina, de ahí la confusión por su nombre.
Como única heredera del predio y con su paranoia a cuestas fue perdiendo su herencia, su casa semiabandonada al fondo de un gran terreno, donde hoy existe un edificio.
Su amor eran sus gatos, que criaba por docenas. Cuenta la historia que su aislamiento comienza por un amor truncado en la víspera de su boda: su novio fue aplastado por un camión.
La señorita Speranza era profesora de música y por las tardes se escuchaban los acordes del piano de cuarta cola, dándole música a su corazón herido. Por las mañanas salía a caminar por el centro y llamaban la atención su cara entalcada y sus vestidos largos de dama antigua, con una sombrilla en sus manos.
De niño la veía habitualmente y su figura nos daba un miedo atroz; parecía la novia del conde Drácula. Su misterio y su soledad nos aterrorizaban y simplemente era una mujer que transitaba la vida en su mundo mágico. Tenía una mirada dulce y triste, perdida en quién sabe qué recuerdos de otras épocas. A veces la escuchaba tocar el hermoso piano que se veía a través de las ventanas abiertas. La loca Speranza, le decían, pero no molestaba a nadie. Hablaba sola quién sabe con quién, era un personaje más de los tantos de nuestra época.
Caminaba lenta con sus zapatos de medio taco y hasta se puede decir con un toque elegancia. Falleció el 13 de junio de 1967, a los 76 años. Un ícono de la historia resistenciana.
Bosquín Ortega plasmó en su letra un tema dedicado a ella:
Vestido sobre vestido (con música de Zitto Segovia)
Infinitas tardes cruza su figura por la plaza,
llena de niños vacíos, y los ojos sin mirada.
Vestido sobre vestido los cabellos anidados,
los zapatos de la boda, los labios desconsolados.
Con el ramo entre sus manos, aguardando en la glorieta,
transcurrieron muchos años escuchando La Retreta…
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