De las esquinas al corazón del pueblo: La Oma, 33 años de folclore y comunidad
Con raíces en la tierra y en la memoria, la escuela de San Bernardo celebra más de tres décadas de danza, cultura y trabajo colectivo. Un legado que nació en una esquina y hoy tiene casa propia, escenario propio, y un lugar enorme en el alma del Chaco.
En las esquinas polvorientas de San Bernardo, allá por el año 1992, un grupo de jóvenes se reunía para bailar sin más razón que el disfrute y la pasión. Allí, donde algunos solo veían una juntada de amigos, Doña Amanda Luna de Rodríguez supo ver un proyecto. Con visión, amor y compromiso, organizó lo que hoy es una de las instituciones culturales más queridas del pueblo: la Escuela de Folklore "La Oma".

Treinta y tres años después, aquella semilla floreció en un espacio que respira tradición. Desde el primer equipo de música comprado con rifas y pastelitos, hasta su propia sede en calle Moreno y Junín —donada por el municipio y construida con esfuerzo colectivo— La Oma es mucho más que un lugar donde se baila: es una casa cultural viva, abierta, y profundamente arraigada en su comunidad.

UN LEGADO CON NOMBRE PROPIO
El nombre de la escuela no es casual. Es homenaje a Marta Hoffner de Rabe, inmigrante alemana que encontró en el monte chaqueño su lugar en el mundo. Su historia, inmortalizada en la canción "La Oma" del cantautor Daniel Altamirano (padrino de la escuela desde su primer festival en 2004), se entrelaza con la historia misma de esta institución.

Altamirano no solo compuso una canción: acompañó con su presencia, su música y su compromiso cada paso importante. Y lo volverá a hacer el próximo 11 de octubre, cuando se celebre una nueva gran peña en homenaje al natalicio de "La Oma" Marta Hoffner.
DEL MONTE AL ESCENARIO
El festival anual de La Oma —que en 2025 llegó a su vigésima edición— es hoy un clásico en la agenda cultural del Chaco. Por allí pasaron nombres como Raly Barrionuevo, Los Cantores del Alba, Mario Bofill, Canto 4, Los de Imaguaré y muchos más. Pero más allá de los artistas consagrados, lo que hace única a esta escuela es su gente: niños, jóvenes y adultos que aprenden, bailan, viajan y se emocionan representando sus raíces.

CULTURA QUE SE COMPARTE
La casa de La Oma no es sólo para bailar: es un lugar de encuentro. Escuelas, turistas, artistas y vecinos se acercan a compartir, a aprender y a dejar su huella. Bajo la dirección de la profesora Silvina Ocampo (quien también fue alumna de la escuela), y con capacitaciones a cargo de docentes como Marisol Rabe y Gastón Echeverría, la formación no se detiene.

Treinta y tres años después, La Oma sigue creciendo sin perder su esencia: la de un pueblo que se reconoce en sus tradiciones, que celebra su cultura y que sabe que, cuando se baila con el corazón, no hay escenario que quede chico.
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