Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Educar para la no violencia

Se conmemora hoy el Día Internacional de la No Violencia, una jornada que invita a reflexionar sobre la construcción de una cultura de paz, basada en el diálogo, el respeto y la convivencia, especialmente en estos tiempos en los que se observa, a nivel global, el avance de discursos y prácticas que promueven la polarización, la exclusión y la deshumanización del otro.

La fecha hace referencia al legado de Mahatma Gandhi, el abogado hindú que, entre 1920 y 1947, lideró el movimiento de independencia de la India del Imperio Británico, quien demostró que la transformación de las sociedades puede lograrse sin recurrir a la fuerza. Promovido por la Organización de Naciones Unidas, este Día Internacional sirve para recordar que la no violencia no se limita a la falta de conflictos armados o a la mera coexistencia entre personas. En rigor, es un concepto mucho más amplio que requiere la búsqueda de una armonía realista y duradera en el seno de las sociedades, fundada en la justicia, la equidad y el respeto a la dignidad humana. En otras palabras, ser una persona no violenta no es simplemente no agredir, sino tener la valentía de enfrentar los conflictos a través del entendimiento mutuo, la empatía, la argumentación y la palabra.

Este principio debe extenderse a todas las dimensiones de la vida, es decir, en el hogar, en la escuela, en la calle y en el ámbito político. Requiere construir relaciones humanas sobre la base del reconocimiento del otro como un interlocutor válido, incluso cuando existen desacuerdos, porque es en esta apertura donde comienza la verdadera convivencia pacífica.

Es necesario recordar que una cultura de no violencia se construye todos los días. Y esa construcción necesita de la educación como herramienta central para formar ciudadanos capaces de convivir con la diferencia, resolver conflictos de manera pacífica y comprometerse con los derechos humanos. Pero también exige un compromiso colectivo de todos los actores sociales, es decir, de gobiernos, escuelas, medios de comunicación, organizaciones civiles y cada persona en su vida cotidiana. Erradicar todas las formas de violencia requiere políticas públicas que promuevan el acceso a oportunidades, y un entorno donde el respeto y la equidad sean valores compartidos. Solo así se podrá avanzar hacia una sociedad en la que la paz no sea una aspiración abstracta, sino una práctica real.

Frente a este ideal de convivencia, el escenario político contemporáneo presenta un desafío en los países donde el avance de discursos y prácticas que promueven la polarización, la exclusión y la deshumanización del otro. Este fenómeno erosiona los pilares de la democracia pluralista.

En la actividad política, muchas veces, en lugar de fomentar el diálogo, algunos sectores prefieren recurrir a la estigmatización del adversario, la simplificación extrema del discurso y la manipulación emocional, sustituyendo el argumento por el exabrupto y la razón por la ira. El resultado es un clima de confrontación permanente donde el otro no es un ciudadano con derechos, sino un enemigo que debe ser silenciado en el debate público. Esta dinámica, lamentablemente, debilita el sistema democrático en varios frentes, ya que elimina los matices y empobrece la conversación pública; convierte la política en espectáculo, no en instrumento de transformación y niega el valor de la diversidad como fundamento del pluralismo democrático.

Cuando se rechaza al otro por pensar distinto, cuando se reemplaza el diálogo por la burla o el insulto, se pierde la posibilidad de construir con los distintos sectores una sociedad y una ciudadanía verdaderamente plural y democrática. Como ha quedado demostrado varias veces en las últimas décadas, la violencia simbólica de estos discursos impide proyectar un futuro común, donde las decisiones sean fruto del consenso y no de la imposición.

El Día Internacional de la No Violencia debe servir para reflexionar y para construir, día a día, relaciones más justas, a defender la diversidad como una riqueza y no como una amenaza, y a buscar soluciones pacíficas a los conflictos.  Promover la paz requiere reconocer al otro como parte indispensable del todo. Requiere palabras que unan, gestos que reparen, y acciones que construyan. Porque solo así, con respeto, diálogo y solidaridad, será posible alcanzar una convivencia pacífica en la sociedad.

Te puede interesar