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Iniciativa para frenar al crimen organizado

Esta semana se presentó en el país una propuesta para hacer frente a la problemática del crimen organizado que, como se sabe, aprovecha las carencias para mostrarse como alternativa de solución a los problemas de los sectores más vulnerables de la sociedad. Se trata de "Laburo", iniciativa que a nivel local es impulsada por la asociación civil Sinodar, con sede en la ciudad de Buenos Aires.

En rigor, este trabajo es una iniciativa internacional que propone una respuesta concreta frente al avance del crimen organizado. El proyecto une experiencias de Argentina, Italia y Costa de Marfil a través de cooperativas de trabajo y empresas sociales, con el objetivo de abordar las distintas causas que hacen posible el crecimiento de las redes criminales. Lejos de soluciones punitivas o aisladas, parte de una idea central que plantea que el trabajo digno es una de las mejores herramientas de transformación que tiene una sociedad.

El proyecto, como se dijo, es impulsado por la ONG Sinodar y cuenta con la participación de tres organizaciones que trabajan en contextos diferentes, pero con valores compartidos. La Cooperativa San Cayetano en nuestro país, la empresa social Pibiesse en Italia y la marca de ropa Dawnlight en Costa de Marfil conforman el núcleo inicial de esta alianza. Cada una aporta su experiencia local y su compromiso con la inclusión, la producción responsable y la contención social.

La propuesta busca fortalecer a las comunidades, brindar oportunidades reales de desarrollo y reconstruir el tejido social en territorios que han sido dañados por la exclusión, la violencia estructural y el abandono estatal. En palabras de Ezequiel Conde, cofundador de Sinodar, lo que une a estas experiencias es el trabajo como punto de partida. Se ofrecen herramientas laborales y también acompañamiento emocional a personas que han sido víctimas del narcotráfico, la trata de personas o distintas formas de explotación.

Una de las primeras acciones de esta iniciativa será el lanzamiento de una línea de productos textiles y gráficos, cuyos diseños estarán inspirados en la resistencia frente al crimen organizado y en la cultura del trabajo cooperativo. Estos productos serán elaborados por las organizaciones participantes y comercializados en América, Europa y África bajo un modelo inclusivo y sostenible. Los organizadores esperan que las ganancias permitan reforzar las capacidades productivas de las cooperativas y al mismo tiempo destinar recursos a otras organizaciones locales que trabajan en la atención directa con personas en situación de vulnerabilidad.

Los referentes del capítulo argentino de la propuesta explicaron que los primeros ingresos obtenidos serán destinados a una organización social con base en cada uno de los países participantes. De este modo, la idea es impulsar el trabajo cooperativo, pero también generar vínculos territoriales y reforzar redes de apoyo mutuo entre sectores que ya vienen luchando contra distintas formas de criminalidad.

En nuestro país, la cooperativa San Cayetano, ubicada en la ciudad autónoma de Buenos Aires representa una de las experiencias más importantes en términos de inclusión socio-laboral. Fundada en 2019, la tarea de esta cooperativa textil consiste en acompañar a personas en proceso de recuperación de adicciones o en situación de extrema exclusión. Desde Italia, la empresa gráfica Pibiesse aporta su experiencia como organización cooperativa con enfoque ecológico y democrático. En Costa de Marfil, la marca Dawnlight simboliza la esperanza de la juventud de ese país. Fundada por jóvenes emprendedores en Grand-Bassam, esta marca utiliza el diseño de indumentaria como herramienta de transformación cultural.

La propuesta, en lugar de enfrentar el crimen organizado con discursos vacíos o medidas represivas que no resuelven las causas de fondo, plantea una estrategia realista basada en la cooperación, la generación de empleo genuino y el fortalecimiento de las comunidades, porque más trabajo digno equivale a menos crimen y menos violencia en las calles.

La iniciativa, por cierto, ofrece una mirada humana frente al avance del crimen organizado. En lugar de centrarse exclusivamente en medidas represivas, apuesta por atacar las causas estructurales que lo alimentan, como la exclusión, la pobreza y la falta de oportunidades.

A través del trabajo digno, la cooperación internacional y la contención social, propone demostrar que es posible generar respuestas, que involucre a las comunidades y construya alternativas reales a la violencia y la marginación.

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