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Memorias de Resistencia

Julián Vallejos, autor del libro La Plaza 25 de Mayo y sus vecinos

Una obra testimonial y necesaria de cómo se conformó la Plaza 25 de Mayo y acerca de quiénes fueron sus vecinos durante el tiempo.

Julián Vallejos llegó a Resistencia en 1938, procedente de Caá Catí, Corrientes. De la mano del presidente del Superior Tribunal de Corrientes, para presentarlo al jefe de policía del Territorio Nacional del Chaco, Ginés Lubary. Su primer destino fue Las Palmas como simple agente. Después de una larga carrera se jubilo como Comisario Inspector. Con Gines Lubary conformo una amistad muy estrecha, tan es así que cuando Lubary presidio el Club Social de Resistencia, lo llevo como Secretario.

Como escritor Julián Vallejos edito varios folletos relacionados con la Policía territorial del Chaco. Pero donde me quiero detener es en un libro que nos cuenta los comienzos de la Plaza 25 de Mayo y quienes habitaron sus alrededores en el tiempo. 

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Julián Vallejos nos relata en este libro las múltiples y variadas instalaciones comerciales. De las primeras décadas del siglo pasado. Por ejemplo, el vecino Pablo Jara instalo un reñidero de gallos como atractivo de apasionados jugadores. En 1906, el hotelero Juan Pizolato, obtuvo permiso para comerciar con un quiosco. En 1911, idéntica autorización se otorga a la firma Legueux y Giraldi, y en 1926 a los socios Ghan y Soto. También hacen lo propio Smidt, Faustino Ávalos, Luis Bisón, José Sola, con juegos de calesita, lo mismo que Luis Honorat. El de mayor popularidad y prolongada permanencia fue el cine instalado por don Benito Vega, que funcionó desde 1924 hasta 1938, en el sector oeste de la plaza, con la máquina para la proyección ubicada en la casilla de ladrillo que aun existe. El escenario estaba dispuesto a cielo abierto, piso de ladrillos y tablas, mesitas, sillas, y bancos para el público, porque también se servían bebidas durante la proyección. Supliendo a las paredes, altos y tupidos ligustros evitaban que desde el exterior se pudiese ver la pantalla.

En los alrededores del centro de la plaza estaban los famosos fotógrafos, que durante décadas registraron la vida de los habitantes de la Plaza y sus lugares.

Durante mucho tiempo la Plaza fue testigo de apasionadas reuniones políticas, fervientes conmemoraciones religiosas, entusiastas concentraciones patrióticas, divertidos juegos infantiles y, porque no, alegres exaltaciones de la gente, particularmente los jóvenes con su acostumbrado paseo en círculo o "vuelta al perro", generando felicidad en las apacibles noches resistencianas; generalmente bajo los acordes de la banda Municipal de música, exhibiendo cada uno de los participantes sus mejores galas, como para impresionar y facilitar los pretendidos que podían terminar en romances y casamientos.

En otro interesante relato, nos cuenta de cuando fueron emplazados los íconos de la Plaza, como el Monumento al General Dónovan, el principal, y en el centro el del General San Martin, La loba Romana, los murales de Monsegur y así todos y cada uno de aquellas manifestaciones culturales.

El otro relato interesante es que nos cuenta parcela por parcela, quiénes fueron los primeros vecinos de la Plaza y quiénes los fueron sucediendo y allí empezamos a encontrar historias apasionantes de nuestros orígenes. 

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