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Un llamado global a la paz

Cada 26 de septiembre, el mundo conmemora el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, una jornada establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2013 con el objetivo de reafirmar el compromiso global con el desarme nuclear. Esta fecha debe servir para reflexionar, educar y movilizar a la sociedad frente a las armas de destrucción masiva, una de las amenazas potencialmente devastadoras para la humanidad.

El desarme nuclear ha sido una prioridad constante en la agenda internacional desde los inicios de la era atómica. En 1946, tan solo un año después de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, la Asamblea General de la ONU aprobó su primera resolución, creando una comisión para estudiar la eliminación de las armas nucleares y de destrucción masiva. Desde entonces, múltiples iniciativas, tratados y conferencias han intentado avanzar hacia este objetivo, aunque con resultados mixtos y muchas veces frustrantes.

Hoy, a más de siete décadas de aquellos primeros esfuerzos, el panorama global no es tranquilizador. Es que más de 12.000 armas nucleares siguen existiendo en el mundo, muchas de ellas modernizadas y listas para su despliegue. La doctrina de la disuasión nuclear continúa vigente, y los tratados que alguna vez limitaron la proliferación de estas armas se debilitaron o directamente colapsaron, como ocurrió con el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio en 2019 y la suspensión del "Nuevo START" por parte de Rusia en 2023.

A través del Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, la ONU busca sensibilizar a la opinión pública, educar a los líderes políticos y generar presión internacional para reactivar las negociaciones sobre desarme. Se trata de una jornada que pone en evidencia los riesgos catastróficos de un conflicto nuclear y también los costos sociales, económicos y éticos de seguir manteniendo estos arsenales activos.

La resolución 68/32, que dio origen a este día, insta a iniciar de forma urgente negociaciones que conduzcan a una convención general sobre armas nucleares. Esta convención debería prohibir el uso y desarrollo de estas armas y también su almacenamiento, transferencia y amenaza de uso, disponiendo su eliminación total.

Nuestro país se sumó a estos esfuerzos internacionales a través de instituciones como la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN). Aunque su rol está más enfocado en la seguridad y la regulación del uso pacífico de la energía nuclear, la ARN también reconoce la importancia de avanzar hacia un mundo libre de armas nucleares. A través de convenios médicos para emergencias radiológicas, actualización de normativas sobre el transporte de materiales radiactivos y simulacros en instalaciones nucleares, la ARN contribuye a fortalecer un entorno de uso responsable y seguro de la tecnología nuclear, diferenciando claramente los fines pacíficos de los destructivos.

Pese a los avances diplomáticos alcanzados en décadas pasadas, ningún arma nuclear ha sido destruida en virtud de un tratado. Al contrario, los países poseedores continúan invirtiendo en la modernización de sus arsenales. Esto alimenta una peligrosa carrera armamentista y aumenta el riesgo de errores, conflictos accidentales o usos deliberados en contextos de tensión internacional.

A su vez, más de la mitad de la población mundial vive en países que poseen armas nucleares o son parte de alianzas que contemplan su uso. Este dato confirma que el peligro es global, y que su resolución también debe serlo.

El Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares también cumple un papel fundamental en el plano educativo. La ONU hace un llamado a los gobiernos, medios de comunicación, instituciones académicas y sociedad civil para que eduquen sobre los beneficios de un mundo sin armas nucleares y los peligros de mantenerlas.

Esta jornada debe servir como un recordatorio de que, mientras existan armas nucleares, la paz mundial seguirá siendo frágil e incompleta. La eliminación total de estos arsenales es una necesidad imperiosa para garantizar la seguridad, la justicia y la supervivencia de las generaciones presentes y futuras. Por eso, conmemorar este día exige mirar al pasado y sus lecciones dolorosas, pero también proyectar un futuro sin amenazas nucleares, donde la diplomacia, la cooperación internacional y la conciencia de las sociedades prevalezcan sobre el miedo y la destrucción.

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