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Nombres que cuentan historia

La comisión nomencladora de Resistencia da identidad a las calles y plazas

Detrás de cada cartel en una esquina o de cada placa en una plaza, hay historias, consensos y memoria. La Comisión de Nomenclatura, integrada por once miembros, es la encargada de decidir cómo se llaman los espacios públicos de Resistencia. Su tarea, a simple vista administrativa, es en realidad un ejercicio de identidad colectiva.

En una sala del Concejo Municipal, once sillas ocupadas marcan el pulso de una misión que, aunque silenciosa, atraviesa la vida de toda la ciudad: poner nombre a calles, plazas y espacios públicos. Allí funciona la Comisión de Nomenclatura, integrada por representantes elegidos por los concejales, autoridades del cuerpo, personal de planta y asesores. Su tarea, sencilla en apariencia, es en realidad un trabajo de memoria, consenso y pertenencia.

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"Somos once, porque hay once concejales y cada uno elige a un representante. También nos acompañan la secretaria, el presidente, yo como vicepresidente, y personal de planta de la Municipalidad. Es una labor totalmente ad honorem", explica Roli Pérez Beveraggi, presidente de la comisión desde hace más de 12 años e integrante desde hace dos décadas.

El reglamento interno, recientemente aprobado por el Concejo, establece pautas claras: para nombrar una calle con el nombre de una persona deben cumplirse requisitos específicos, como que hayan pasado al menos cinco años desde su fallecimiento y que la persona tenga más de 75 años para poder llevar su nombre. "Se busca dar orden y evitar arbitrariedades. No se trata de poner un nombre porque sí, sino de darle sentido y respeto a cada decisión", enfatiza Pérez Beveraggi.

La comisión recibe propuestas de vecinos o instituciones a través de mesa de entradas del municipio. Ellos las analizan, verifican si cumplen con el reglamento y luego elevan una recomendación al Concejo Municipal, que es el que finalmente aprueba o rechaza. "No somos los que decimos sí o no. Lo nuestro va al Concejo, y allí se define. Pero siempre buscamos consenso con la gente, porque poner un nombre es un acto de gratitud y memoria", destaca.

El trabajo, aunque administrativo, tiene un fuerte trasfondo simbólico. Cada decisión es también una forma de escribir la historia de la ciudad:
"Nombrar a los resistencianos nos da identidad. Permite que cada vecino pueda decir: ‘acá vivió tal persona, que hizo tal cosa’. Por eso estamos priorizando que los nombres correspondan a chaqueños y, sobre todo, que se empiece a reconocer a más mujeres, porque casi no hay nombres femeninos en nuestro espacio público", resalta el vicepresidente, Dino Paganucci.

La comisión se reúne dos veces al mes, y no sólo recibe expedientes: también abre las puertas a vecinos que quieren contar la historia detrás de una propuesta. "Cuando alguien sugiere el nombre para una plazoleta o una calle, lo invitamos a que venga a explicarnos por qué. Y cuando llega la inauguración, son ellos quienes transmiten a la comunidad el sentido de ese homenaje. Así se construye identidad colectiva", asegura.

Las reglas también son claras en otro punto: los nombres existentes no pueden cambiarse, porque eso genera confusión y molestias entre los vecinos. El objetivo no es borrar huellas, sino sumar capas de memoria que reflejen el presente de la ciudad.

Detrás de cada cartel en una esquina, de cada placa en una plaza, hay un entramado de debates, papeles, consensos y, sobre todo, historias. La Comisión de Nomenclatura, desde su discreta sala en el Concejo, entiende que nombrar no es un trámite: es un acto de justicia, de identidad y de amor por la ciudad.

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