Corrupción, gárgaras y los tránsfugas traficantes de la moral de Tartufo
Señor director de NORTE:
De la corrupción:
En el marco de "su batalla cultural", Milei promete terminar con la corrupción "kuka". Para tal fin, propuso en la ciudad de Junín "afanarles el choreo a los orcos". O sea, no persigue terminar con la corrupción, sino cambiar de corruptos. ¡Afuera los "kukas", adentro los libertarios!
Comprendió que más que cultural, la corrupción es una cuestión asociada con la propia naturaleza humana. Fisiológicamente, la corrupción es, en la biología del cuerpo social, lo que es al cuerpo humano el respirar, el hacer pipí y popó. Si no se entiende esto, tampoco podrá entenderse aquello de que: "Al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen".
Si nos atenemos a la acepción corriente de la expresión "corrupción", aprehendida como sinónimo de choreo, fraude, descarrío, desenfreno, perversión, engaño, etc., podríamos decir de ella que, por oposición a la virtud, es un vicio.
¿Quién, "sin darse cuenta", no usó en provecho propio la fotocopiadora y papeles de la oficina de su laburo? ¿Quién, "sin querer", no "desvió" la mirada hacia la prueba de su compañero de pupitre? ¿Quién, con cierto candor, no le preguntó al bolichero: "Y sin factura, ¿cuánto vale"? ¿Quién, pudiendo hacerlo, no pagó los impuestos para acogerse a moratorias futuras? ¿Y quién de estos dos ciudadanos no se mostró indignado con los planeros comepolenta, vociferando: "¡Noo, con la mía noo!"?
¿Y quién de todos estos, en aras de purgar sus pecados, no va al púlpito a recibir el "cuerpo de Cristo" sin haber pasado, "de puro ansioso", por el confesionario? ¿Y qué ministro, administrador de hostias, no flexibilizó la gravedad de la penitencia en igual proporción a la ofrenda recibida del "ansioso" pecador?
Si nada de esos y otros tantos descuidos ha experimentado en su vida, posee usted la virtud propia de un santo. Está libre de pecados. Puede apedrear a los viciosos.
De las gárgaras:
En la Isla de Edén nadie está expuesto a la corrupción sino al salir de ella, entrando en relación social con los otros y con los bienes e intereses de esos "otros". La complejidad de esa relación reclama un mínimo de organización y de alguien que la gestione.
A los poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) la sociedad les encomienda administrar la cosa pública y gestionar el bien común para todos, sean estos "gentes de bien" o no.
Al ingenio popular se le adjudica aquello de que: "El que administra lo ajeno es como aquel que hace gárgaras. Aunque no quiera, siempre se desliza un chorrito pa’dentro". Ello, fisiológicamente, deviene tan humano como inexorable.
También se le adjudica al ingenio popular el dicho que, refiriéndose a los administradores echados de sus cargos por corruptos, sostiene: "Ya vendrán los que bueno me harán".
Los administradores del gobierno de la última dictadura cívico-militar-religiosa justificaron el golpe porque venían a combatir, entre otras cosas, la corrupción del gobierno peronista. Más luego se chorearon los bienes de los apátridas y hasta los bebés de las subversivas. Le quitaron a David Graiver Papel Prensa para dárselo a Clarín y a la Nación. En plena guerra de Malvinas, se chorearon las colectas. Y así la hicieron buena a la "engayolada" viuda de Perón.
Ya en democracia, vino el desplume de los pollos de Mazzorin y algunas desprolijidades del doctor Reinaldo en el Hipotecario de la administración radical-alfonsinista. El "Turco" lo hizo rebueno a don Raúl con algunas "inconsistencias" de su administración. La Alianza del ético "Chupete" radical y del honesto "Chacho" frepasista fue desairada por la Banelco de Flamarique. Al "Cabezón" y al matrimonio Kirchner también les fueron atribuidas algunas desprolijidades.
Para emprolijar la herencia peronista, vino Macri e hizo tanto mérito en su administración que terminó haciendo rebuenos a sus predecesores peronistas. Alberto no lo hizo bueno a Mauricio, sino a Milei, quien a dos años de su administración ya hizo suficientes méritos para hacerlos buenos a todos los anteriores e incluso, allende los mares, a Calígula y al piromaníaco de Nerón.
Este repaso de "gárgaras" evidencia que: a) la corrupción del que administra –político o no– está en la esencia del ser humano y, por ello, b) se trata de un "atributo" que cruza transversalmente a todos los administradores y que, c) finalmente, es de toda hipocresía e injusticia atribuirles a los "kukas" el monopolio de ese "disvalor".
Los que administran justicia no solo que no están exentos de ese vicio, sino que, en complicidad con el cuarto poder, cometen las propias al tiempo que condenan la corrupción de los "kukas".
Entre los que hacen gárgaras existen matices diferenciadores. A la eficiente virtud de los "antikukas" que se tragan todo lo que les llega a sus "gargueros", se opone la viciosa torpeza de los orcos en derramar hacia los administrados un considerable caudal a modo de rutas, escuelas, universidades, hospitales y otras herejías que indignan a Javier González Fraga, máximo referente cultural del antiperonismo. "No todos somos iguales", gustan decir. Vaya que les asiste razón.
De los tránsfugas traficantes de la "moral" de Tartufo:
Los cruzados anticorrupción, devotos de la moral del personaje de Moliere, también se aúnan en sus afanes condenatorios a los "kukas", en cuyas cabecitas negras, según nuestros Tartufos, se concentran exclusiva y excluyentemente todo género de vicios.
En la advertencia editorial (Ediciones Fausto) de la obra "El hombre mediocre", del ítaloargentino José Ingenieros, se dice: "El autor de este libro se propuso estigmatizar las funestas lacras morales que se llaman rutina, hipocresía y servilismo…". Con igual cometido nos advierte: "Se ha dicho, con rigurosa verdad, que los más despreciables sujetos son los predicadores de moral que no ajustan su conducta a sus palabras".
El horizonte vislumbra a los personajes de la "cruzada". Entre otros, las Stolbizer, las Vidal, los "cordobesistas" y los "lilitos y lilitas" lideradas por nuestra inefable comprovinciana Elisa Carrió, compulsiva y serial denunciante ante Comodoro Py en donde se "administra justicia" y también ante los estudios de televisión de los grupos que chorearon Papel Prensa a los Graiver, en los cuales se "administran" operetas mediáticas. Todos en perfecta mancomunación productiva de lawfare para honrar a los muchachos peronistas.
Desde esas madrigueras militan en "pro" de la impunidad de Mauricio, socio mayor de Elisa, fieles custodios de la república apoyando impúdicamente todos los delirios imperiales de Milei.
Pródiga en profecías tan incumplidas como desopilantes decidió, impulsada por su inteligencia superior, descender de la cima de la virtud pasando de largo la superficie de la mediocridad para caer al subsuelo de las chicanas baratas, opio, de estos tiempos, con el cual, en cafés y sobremesas de quinchos, se entretienen los lúmpenes y los "politólogos" de la intelectualidad marginal.
Su caricaturesco final no es sino por culpa de los "kukas", empecinados en irritar a los habitantes del planeta de los simios. Mala cosa el odio y peor de mala el "antiperonismo".
Cosa seria los "kukas". Por sobredosis de odio hacia ellos, doña Elisa generó tejidos adiposos invasivos de sus hemisferios cerebrales, afectándole el sano juicio. Los radicales, por igual sobredosis, perdieron su identidad. ¡Joder con los "viciosos" peronistas!
OSCAR ARMANDO VERA
DNI 12.104.439
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