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El "Karinagate" y la crisis de credibilidad

El escándalo de corrupción erosiona el núcleo duro de Milei

Un estudio del Instituto Zuban - Córdoba revela el profundo impacto del escándalo de las coimas en la ANDIS, que involucra a Karina Milei y a Lule Menem.

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   Los datos pintan un panorama de desconfianza creciente, una respuesta gubernamental percibida como improvisada y una sangría electoral que preocupa al oficialismo.

   La investigación de Zuban - Córdoba sobre el reciente escándalo de corrupción que sacude a la Casa Rosada —las grabaciones del exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, que implican a la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, y a su asesor Lule Menem— confirma una vez más que subestimar una crisis es el camino más rápido para amplificarla.

   El denominado "Coimasgate" o "Karinagate" no es un hecho aislado. Se inserta en una cadena de crisis no resueltas —el "Libragate", las muertes por fentanilo— que alimentan una decepción constante con la gestión. La aprobación del gobierno, que ya venía en baja, recibe ahora un golpe directo y fácil de entender para la ciudadanía: las palabras "coima" y "corrupción" resuenan con una claridad brutal en el imaginario argentino, generando una indignación inmediata y visceral.

Respuesta gubernamental en entredicho

   Frente al estallido del escándalo, la respuesta del gobierno fue, según la encuesta, categóricamente juzgada como improvisada por un 62% de la población. La estrategia de "poner la mano en el fuego" por los funcionarios involucrados, lejos de apagar el fuego, le echó combustible. Un contundente 70% de los argentinos afirma que no pondría las manos en el fuego ni por Karina Milei ni por los Menem. El reclamo de transparencia es abrumador: un 65% exige que los funcionarios involucrados renuncien y se pongan a disposición de la justicia, un sentimiento que trascice la grieta política y es compartido por gran parte del establishment.

Quiebre de la confianza

   El estudio alerta sobre un quiebre potencialmente irreversible. "Algo se quiebra para siempre cuando un gobierno empieza a ser percibido como corrupto", señala el análisis. Los números le dan la razón: casi la mitad de los argentinos (47%) cree que el gobierno de Milei es más corrupto que los anteriores. Quizás más grave aún para el Presidente es que solo un 22% de la población afirma creer que Milei no es corrupto, un porcentaje que incluso es menor al de su propio núcleo duro. La imagen de outsider antisistema, que llegó para barrer con la "casta", se resquebraja ante la percepción de que practica sus mismas artes.

Votantes que se alejan

   En un año electoral, todo porcentaje cuenta. Y los números deberían encender todas las alarmas en La Libertad Avanza. El estudio revela que un 12% de quienes votaron a Javier Milei en el ballotage de 2023 afirma que, luego de este escándalo, ya no lo volverá a votar. Este grupo se suma a un 13% que ya antes del escándalo había definido desertar. Una pérdida total del 25% de su base electoral de segunda vuelta que, en un escenario polarizado, puede resultar decisiva. "Cualquier mínimo porcentaje importa, puede inclinar la balanza. Incluso, un pequeño 3%", subraya el informe.

Mercados e incertidumbre

   La crisis no es solo política o reputacional; tiene un costado económico tangible. La encuesta muestra que una mayoría del 61% cree que el escándalo impactará negativamente en los mercados y provocará una caída en la confianza de los inversores. Mario Riorda, referente en comunicación política, lo define como una "policrisis": convergen la incertidumbre transversal, las implicancias judiciales en las altas esferas del poder, el daño reputacional con riesgo de pérdida de cargos y un efecto económico potencial.

   La conclusión del estudio es aleccionadora. La mejor forma de evitar una crisis es absteniéndose de realizar aquello que puede detonarla. "Nunca hagas algo que necesites ocultar después. Es tan sencillo como eso. Y de tan sencillo que es, la mayoría prefiere ignorarlo". El gobierno de Milei, que se erigió sobre la promesa de una revolución de la honestidad, parece haber olvidado este principio elemental. El precio, según los números, lo está pagando en credibilidad, apoyo y, posiblemente, en futuro electoral.

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