Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

Innovación biotecnológica como motor estratégico

La reciente presentación, en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, del primer evento biotecnológico aplicado al algodón –desarrollado íntegramente en Argentina– marca un antes y un después para la cadena productiva del cultivo en el Chaco y en el país. Este avance permite sentar las bases para una transformación estructural del algodón hacia un modelo más rentable, sustentable y competitivo en el mercado global.

La importancia estratégica de esta innovación impulsada por la empresa Gensus, que tiene su planta en Avia Terai, radica en su capacidad para resolver múltiples desafíos históricos que han limitado el potencial del algodón argentino, en especial en regiones como las del interior de nuestra provincia, principal área productiva del país del textil. La incorporación de genética avanzada y biotecnología —que ofrece resistencia a insectos lepidópteros y tolerancia a herbicidas como el glifosato y glufosinato de amonio— permite abordar de manera integral los principales factores que afectan la productividad, como las plagas, malezas, costos de manejo y calidad de la fibra. Este nuevo desarrollo, resultado de una articulación público-privada entre Gensus, el INTA y otras entidades, fue presentado en el evento "El nuevo camino del algodón", realizado en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Allí se destacó no solo el valor tecnológico del avance, sino también la posibilidad de duplicar la producción, triplicar las exportaciones y llevar la facturación del sector a más de 1.700 millones de dólares para el año 2030.

La nueva semilla integra tres innovaciones biotecnológicas claves, que son la tolerancia a dos herbicidas, lo que mejora significativamente el control de malezas sin dañar el cultivo, y resistencia a insectos lepidópteros, reduciendo la necesidad de tratamientos químicos. Esta combinación, explican los investigadores, mejora la eficiencia del manejo agronómico, disminuye costos de producción y reduce el impacto ambiental. Al mismo tiempo, eleva la calidad de la fibra al evitar la contaminación por residuos vegetales y plagas, lo que resulta clave para acceder a mercados internacionales más exigentes. El impacto de esta innovación es particularmente relevante para la provincia del Chaco, que lidera la producción nacional de algodón y que, vale recordar, también enfrenta condiciones climáticas y económicas que se deben tener en cuenta en el mundo algodonero. Con este nuevo evento biotecnológico, los productores chaqueños podrán acceder a semillas de alta calidad genética que les permitirán mejorar los rendimientos, reducir pérdidas y aumentar su rentabilidad. Además, otras variedades desarrolladas localmente, están diseñadas para soportar condiciones adversas como sequías o altas temperaturas, lo que refuerza la sustentabilidad del modelo productivo regional.

El invernáculo que Gensus ha instalado en Avia Terai es otro componente estratégico en este proceso de transformación. Esta infraestructura permite acelerar los ciclos de investigación y desarrollo, facilitando la generación y prueba de nuevas variedades con tecnologías específicas en plazos reducidos. Un aspecto importante es que gracias a la multiplicación en contraestación en países del hemisferio norte, los tiempos de disponibilidad comercial se acortan, poniendo en manos de los productores materiales adaptados en apenas dos a tres años. Además de las mejoras agronómicas, la innovación fortalece toda la cadena de valor algodonera. Una mayor calidad y volumen de fibra impulsa la industrialización local, estimula el empleo y potencia la economía regional. También promueve un modelo más sustentable al reducir la dependencia de insumos químicos y favorecer la rotación de cultivos con nuevas variedades tolerantes a herbicidas residuales.

El modelo de trabajo basado en la cooperación con el INTA, laboratorios privados y los propios productores a través de programas de validación en campo, garantiza que las nuevas tecnologías respondan a necesidades reales del sector. Esta integración entre ciencia, producción y territorio representa un ejemplo concreto de cómo la innovación puede ser el eje de una política de desarrollo agroindustrial inteligente y con impacto territorial.

La incorporación de biotecnología en el algodón mejora la productividad y la rentabilidad del cultivo y lo reposiciona en la escena internacional. La apuesta es una muestra de cómo la inversión en investigación y desarrollo, la articulación público-privada y el enfoque territorial pueden transformar un cultivo tradicional en una fuente estratégica de crecimiento económico, empleo y sostenibilidad.

Te puede interesar