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Morosidad en niveles récord

La morosidad en los pagos de deudas de personas y hogares alcanzó niveles récord en junio de 2025, según el último informe publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Algunos economistas coinciden en señalar que este deterioro en la calidad del crédito al consumo representa un síntoma que no se debe ignorar.

El informe del BCRA confirma que la mora en el pago de las tarjetas alcanzó el segundo registro más alto desde que comenzaron a medirse estos indicadores en 2010, mientras que en los préstamos personales se trata del mayor nivel desde 2021, cuando la economía nacional todavía sentía las secuelas de la pandemia. Según esa fuente, la mora total del crédito a las familias argentinas se situó en un 5,2% en junio, un salto considerable respecto del 3,8% registrado un año atrás. En el caso de las tarjetas de crédito, la morosidad llegó al 4,4%, más del doble del 1,9% observado en junio de 2024. En los préstamos personales, en tanto, el incumplimiento alcanzó el 6,4%, frente al 4,1% del año anterior.

Esta escalada en la irregularidad del crédito al consumo contrasta con la morosidad relativamente contenida en los préstamos con garantía real. Los créditos hipotecarios, por ejemplo, presentaron una mora de solo el 1,4%, mientras que los prendarios se ubicaron en un 2,6%. Este fenómeno sugiere que, en un contexto de dificultad económica, las familias priorizan el pago de deudas vinculadas a activos esenciales como la vivienda o el automóvil.

El aumento de la morosidad refleja las crecientes dificultades que enfrentan los hogares para hacer frente a sus compromisos financieros. Es que la pérdida de poder adquisitivo reduce la capacidad de pago de los consumidores y, como consecuencia, muchas familias optan por refinanciar deudas o directamente postergar pagos, priorizando gastos básicos y servicios esenciales. Lo que pasa es que se ingresa en un círculo vicioso, porque la creciente morosidad reduce el acceso al crédito, lo que a su vez limita el consumo y frena el dinamismo económico. En un país donde gran parte del consumo se financia a través de tarjetas y préstamos, este freno afecta directamente a la actividad comercial y a las pequeñas y medianas empresas que dependen del consumo interno.

El inicio de la gestión del presidente Javier Milei estuvo marcado por una fuerte devaluación del peso y un salto inflacionario, factores que erosionaron rápidamente los ingresos reales de la población. A esto se suma una caída general en la actividad económica, que se traduce en menores oportunidades laborales y mayor presión sobre los hogares endeudados. Por otro lado, las decisiones de política monetaria también influyen en este panorama. En junio, el crédito al sector privado mostró una recuperación impulsada por una mayor disponibilidad de liquidez en el sistema bancario, resultado del desarme de las Letras de Financiamiento (LEFI). Sin embargo, esta expansión crediticia fue seguida por una fuerte volatilidad de tasas de interés a partir de julio, lo que genera nuevas incertidumbres sobre la evolución del crédito en los próximos meses.

Aunque, por ahora, la rentabilidad y liquidez de los bancos no muestran signos críticos, un deterioro prolongado en la calidad de la cartera podría llevar a una mayor cautela en la oferta de créditos, afectando tanto a consumidores como a empresas. Además, el aumento generalizado en la mora afecta a todas las entidades financieras, sin distinción entre bancos públicos y privados. Esto refleja una tendencia estructural, más allá de la situación puntual de una institución en particular. Frente a este panorama, la economía argentina enfrenta el desafío de contener la morosidad sin restringir el acceso al crédito. Por otra parte, se advierte la necesidad de políticas que recuperen el poder adquisitivo, ya que es clave para revertir esta tendencia. De no mediar un cambio en la coyuntura, la combinación de deuda creciente, ingresos estancados y consumo retraído podría convertirse en un obstáculo duradero para la reactivación económica.

El aumento de la morosidad en los hogares refleja la fragilidad financiera de las familias argentinas. Si bien el crédito creció en junio, la verdadera incógnita está en si ese crecimiento podrá sostenerse en un entorno donde pagar las deudas se ha vuelto, para muchos, una misión cada vez más difícil.

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