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El futuro del plástico se decide hoy en Suiza

Concluye hoy en Ginebra, Suiza, la conferencia INC-5.2, para la creación del primer tratado mundial legalmente vinculante que aborde de forma integral la contaminación por plásticos. Con la participación de representantes de unos 180 países, esta cita se considera decisiva para enfrentar una de las crisis ambientales y de salud pública más urgentes del siglo XXI.

Los objetivos del tratado son reducir la producción de plástico virgen, prohibir sustancias químicas tóxicas presentes en muchos productos plásticos, y fomentar una transición justa para trabajadores y comunidades afectadas por esta industria. A diferencia de iniciativas anteriores centradas únicamente en la gestión de residuos, este acuerdo busca intervenir en todo el ciclo de vida del plástico, desde su producción hasta su eliminación.

Las cifras que enmarcan esta discusión hablan por sí solas. Cada año se producen más de 450 millones de toneladas de plástico, de las cuales solo un 9% se recicla. Aproximadamente el 40% corresponde a productos de un solo uso, como botellas o bolsas, cuyo tiempo de vida útil es efímero, pero cuya persistencia en el ambiente puede durar siglos. Se estima que dos tercios de los más de 7.000 millones de toneladas de residuos plásticos generados hasta la fecha han terminado en basurales, incineradoras o directamente en el entorno natural.

Diversos estudios han comenzado a advertir sobre los impactos del plástico en la salud humana. Sustancias como el bisfenol A (BPA), presente en numerosos productos, se vinculan con enfermedades cardiovasculares, cáncer y trastornos hormonales. En 38 países, el costo sanitario atribuible a tres químicos plásticos alcanzó los 1,5 billones de dólares en un solo año. Según los expertos, los bebés y niños pequeños, expuestos desde edades tempranas, son especialmente vulnerables.

Pero a pesar de los consensos científicos, las negociaciones no han sido sencillas. El proceso de elaboración del tratado ha estado marcado por tensiones entre dos bloques principales. Por un lado, la coalición que agrupa a más de 100 países, incluyendo la Unión Europea y varios países del Sur Global receptores de residuos aboga por límites a la producción y la eliminación de químicos peligrosos. Por otro lado, un grupo de estados petroleros y grandes productores, liderados por Estados Unidos, China, Arabia Saudita, Rusia e Irán, se opone a cualquier restricción en la producción y prefiere enfoques centrados en el reciclaje y la "circularidad".

Uno de los principales temas en discusión es si el tratado incluirá metas concretas para reducir la producción de plástico virgen, con plazos definidos. Otros puntos clave incluyen la prohibición del uso de químicos tóxicos, la promoción de modelos de reutilización y la responsabilidad corporativa por daños ambientales.

Como suele ocurrir en estos casos, la presión del lobby industrial estuvo presente. Se estima que 234 representantes de las industrias del petróleo, la petroquímica y el plástico están acreditados en la conferencia, superando incluso el número total de delegados de la Unión Europea. Algunos de estos representantes forman parte de delegaciones nacionales oficiales, lo que ha generado críticas sobre la influencia desproporcionada de los intereses corporativos en la redacción del tratado. Por otra parte, un aspecto fundamental del debate es la geografía desigual del plástico. Mientras las naciones desarrolladas lideran la producción y el consumo, gran parte de los residuos terminan en países del sudeste asiático y África, que carecen de infraestructura adecuada para su tratamiento. Estos países han denunciado durante la conferencia que la carga ambiental y sanitaria del modelo actual recae de forma desproporcionada sobre ellos, sin recibir los recursos necesarios para enfrentarla. Por ello, una de las demandas centrales del Sur Global es la creación de un fondo multilateral independiente que financie la transición hacia modelos más sostenibles. Sin embargo, aún no hay consenso sobre su tamaño, origen ni mecanismos de gobernanza.

La conferencia de Ginebra podría ser la última oportunidad para lograr un acuerdo sólido antes de fin de año. Los delegados trabajan sobre un borrador, que incluye desde artículos sobre la prohibición de productos y químicos peligrosos, hasta propuestas de financiamiento para países en desarrollo. También se discuten mecanismos de votación para superar bloqueos, una medida necesaria ante el riesgo de parálisis por falta de consenso.

La comunidad internacional está ante una oportunidad histórica para enfrentar la contaminación por plásticos. En rigor, lo que está en juego es la redefinición de un modelo de producción y consumo cuya huella ya amenaza al planeta y la salud de todos.

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