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Leche materna, un derecho que protege

La lactancia materna es una práctica que tiene implicancias en la salud pública, el desarrollo infantil y el bienestar de las comunidades. Es el alimento más completo para el recién nacido y un factor fundamental para reducir la mortalidad infantil, prevenir enfermedades y fortalecer el vínculo afectivo entre la madre y el recién nacido. A pesar de su probado valor, la lactancia enfrenta obstáculos culturales, económicos y sociales que, muchas veces, no se tenga conciencia de esta importancia.

Desde el nacimiento, la leche materna proporciona todos los nutrientes que el bebé necesita para crecer y desarrollarse saludablemente. Contiene la proporción ideal de grasas, carbohidratos, proteínas, vitaminas, minerales y agua. Además, incluye anticuerpos y sustancias inmunológicas que lo protegen de infecciones respiratorias, gastrointestinales y de alergias. Por eso, la Organización Mundial de la Salud recomienda que los bebés reciban lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, sin necesidad de incorporar otros líquidos o alimentos, excepto indicaciones médicas específicas como suplementos vitamínicos.

El inicio temprano de la lactancia, idealmente durante la primera hora de vida, es clave para el desarrollo de los recién nacidos. Diversos estudios indican que este simple acto puede reducir significativamente el riesgo de muerte neonatal. Se estima que aproximadamente el 20% de las muertes de menores de un año podrían evitarse si todos los recién nacidos fueran amamantados desde ese momento inicial. Además, la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida disminuye considerablemente la incidencia de enfermedades infecciosas, que son una de las principales causas de mortalidad infantil en todo el mundo.

Pero los beneficios no son únicamente para el bebé. Para las madres, la lactancia también ofrece una serie de ventajas. Amamantar ayuda a reducir el riesgo de padecer hipertensión, diabetes tipo 2, cáncer de mama y de ovario. Además, desde el punto de vista emocional, fortalece el vínculo con el niño, genera seguridad en el cuidado y fomenta el contacto afectivo. También tiene un impacto positivo en la economía familiar al reducir gastos en fórmulas infantiles, medicamentos y visitas médicas.

A pesar de toda esta evidencia, muchas personas todavía consideran que la leche de fórmula es equivalente a la leche materna. Un relevamiento realizado por la Liga de la Leche Argentina reveló que la mitad de los encuestados mayores de 16 años cree que ambas opciones son igualmente válidas. Esta percepción errónea se ve alimentada por la fuerte presencia publicitaria de las fórmulas artificiales, que suelen ser promovidas como una alternativa segura y moderna, cuando en realidad carecen de muchos de los elementos inmunológicos y nutricionales que solo ofrece la leche materna.

En rigor, la desinformación y la presión de la industria alimentaria no son problemas menores. En 2018, el periódico The New York Times expuso un intento del gobierno de Estados Unidos, bajo la administración Trump, de frenar una resolución de la Organización Mundial de la Salud destinada a promover la lactancia materna en todo el mundo. La razón detrás de esta maniobra fue proteger los intereses económicos de los fabricantes de fórmulas, un mercado que mueve alrededor de 70.000 millones de dólares anuales. Este hecho confirma cómo los intereses comerciales pueden llegar a obstaculizar políticas que salvan vidas.

Por todo esto, la promoción de la lactancia materna debe ser una prioridad en las políticas sanitarias. Es fundamental informar a las madres y a su entorno de manera clara, sencilla y basada en evidencia científica. Pero también es necesario crear condiciones que faciliten la lactancia. Esto implica garantizar licencias maternales adecuadas, contar con espacios de lactancia en lugares de trabajo y asegurar el apoyo familiar para que las madres puedan ejercer su derecho a amamantar sin presiones ni interrupciones.

La lactancia materna mejora la salud individual y genera beneficios económicos para toda la sociedad. Según una publicación de la revista científica The Lancet, si todos los países promovieran eficazmente esta práctica, podrían evitarse hasta 800.000 muertes infantiles al año y se ahorrarían aproximadamente 300.000 millones de dólares en costos de atención médica.

La lactancia materna es una de las intervenciones más eficaces, económicas y naturales para proteger la salud de los bebés y sus madres. Garantizar su práctica requiere del compromiso de las madres, pero también de una sociedad que valore, respete y promueva esta práctica.

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