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Los BRICS y su impacto en la política internacional

En el año 2001, el banco de inversión Goldman Sachs publicó un informe donde se anticipaba el potencial de cuatro economías emergentes -Brasil, Rusia, India y China- para convertirse en los futuros motores del crecimiento económico mundial.

El estudio sostenía que estos países tendrían un peso creciente en el PBI mundial y en la política internacional, lo que implicaría un desafío directo a la hegemonía de los países del G7. La posterior incorporación de Sudáfrica en 2011 dio lugar al grupo BRICS, que desde entonces ha cobrado protagonismo como actor clave en la transformación del orden global.

A lo largo de las últimas dos décadas, la influencia de los BRICS generó un avance hacia un sistema internacional más multipolar. El bloque, en gran medida, contribuyó a descentralizar el poder político y económico, desplazando parte del protagonismo desde Occidente hacia Oriente y el Sur Global. Según los expertos en política internacional, esta dinámica debilitó la supremacía tradicional de Estados Unidos y Europa, y puso en tela de juicio la capacidad del G7 de actuar como única instancia representativa del liderazgo global.

Por otra parte, los BRICS impulsan la reforma de instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Consejo de Seguridad de la ONU, demandando una representación más equitativa y acorde al peso económico actual de las potencias emergentes. Aunque estos cambios aún no se materializaron plenamente, el solo hecho de que existan estas propuestas ha reconfigurado el debate sobre el orden internacional.

Un dato a tener en cuenta es que en el plano financiero, el bloque promueve la creación de una nueva arquitectura internacional. En ese sentido, el Nuevo Banco de Desarrollo, fundado en 2014, es una muestra de su voluntad de consolidar mecanismos propios para financiar infraestructuras y fomentar el desarrollo en los países del Sur Global. Este banco busca reducir la dependencia del sistema financiero occidental y del dólar estadounidense. Además, los BRICS han fortalecido acuerdos para comerciar en monedas locales, como el yuan, la rupia o el real, en un esfuerzo por avanzar en la desdolarización de la economía mundial.

Desde el punto de vista diplomático, los BRICS mantienen un fuerte compromiso con el multilateralismo, aunque desde una óptica distinta a la occidental. Promueven la negociación pacífica de los conflictos y abogan por una mayor cooperación Sur-Sur, planteando alternativas que amplían las posibilidades de influencia de los países en desarrollo. No obstante, se debe reconocer que el bloque también enfrenta desafíos internos, que no son poca cosa. La heterogeneidad política, económica y cultural entre sus miembros dificulta la articulación de posiciones comunes. Sin embargo, la propuesta de ampliación del grupo y la incorporación de nuevos mecanismos de cooperación (alrededor de 180 en áreas como inteligencia artificial, cambio climático y robótica) reflejan su intención de convertirse en un actor de peso en el sistema internacional.

La decisión del gobierno argentino de no integrarse al bloque BRICS generó un amplio debate sobre sus implicancias. Para algunos analistas, esta decisión representó un "error histórico", al dejar pasar la oportunidad de participar activamente en un bloque que representa casi el 50% de la población mundial y cerca del 40% del PBI global. Otros advierten que la Argentina, al desvincularse del proceso, ha perdido la posibilidad de influir desde dentro en las discusiones sobre en la mesa internacional. Aunque mantiene vínculos bilaterales con países como China, India y Brasil —sus principales socios comerciales—, no formar parte del bloque limita su capacidad de proyectar una política exterior integrada con los polos emergentes del poder global.

Además, desde una perspectiva económica y comercial, la integración a BRICS habría ofrecido al país un entorno institucional para negociar en mejores condiciones en ámbitos como la infraestructura, el financiamiento alternativo y la cooperación tecnológica. También habría significado una oportunidad para reducir su exposición a las restricciones impuestas por organismos multilaterales dominados por potencias occidentales.

La renuncia de Argentina a unirse al bloque puede verse como una desconexión estratégica respecto al epicentro del crecimiento futuro y una oportunidad perdida para reposicionarse en el nuevo orden multipolar. El tiempo dirá si este alejamiento fue prudente o, como sostienen algunos expertos, un error de visión a largo plazo.

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