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Inteligencia artificial y procesos electorales

En los últimos años, la irrupción de la inteligencia artificial generativa en la esfera política ha transformado los procesos electorales. Si bien estas tecnologías ofrecen herramientas valiosas para ampliar el alcance de los mensajes y facilitar la comunicación con los votantes, su uso malicioso ha comenzado a erosionar principios fundamentales de las democracias modernas, como la transparencia, la integridad electoral y la libertad del voto.

Un ejemplo reciente se dio en la antesala de las elecciones legislativas de mayo de 2024 en la Ciudad de Buenos Aires. Circularon dos videos falsos, creados con IA, en los que supuestamente el expresidente Mauricio Macri y la diputada Silvia Lospennato, ambos del PRO, anunciaban su decisión de retirar la candidatura de Lospennato para apoyar a Manuel Adorni, candidato de La Libertad Avanza. Aunque se demostró rápidamente que los videos eran falsos, su viralización inicial generó confusión y alimentó la desinformación electoral.

En rigor, este caso se inserta en una tendencia global. También en Alemania, Polonia, Portugal y Rumania, la IA ha sido utilizada para crear y diseminar imágenes, audios y videos falsos con el objetivo de influir en el voto, desacreditar a ciertos candidatos y aumentar la polarización social. En muchos de estos procesos electorales, la tecnología sirvió para alterar la percepción pública de los contendientes y, además, debilitó la confianza en la integridad del proceso electoral en sí.

Uno de los casos que más repercusión tuvo ocurrió en Rumania, donde una operación encubierta —atribuida a injerencia rusa— utilizó IA para influir decisivamente en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2024. El resultado fue anulado por un tribunal, lo que generó nuevas elecciones y un clima de alta tensión política. Según Madalina Botan, profesora en la Universidad Nacional de Estudios Políticos y Administración Pública en Bucarest, "la IA generativa ya se utiliza con objetivos claramente malintencionados" para manipular a los votantes.

A nivel global, el Panel Internacional sobre el Entorno de la Información documentó 215 casos de uso de IA en elecciones durante 2024, en al menos nueve países, desde Canadá hasta Australia. En el 69% de los casos analizados, la IA fue utilizada con fines considerados "nocivos", como manipular votantes, suplantar identidades o difundir desinformación.

La proliferación de contenidos engañosos ha profundizado la polarización política, especialmente en sectores radicalizados de derecha. En países como Alemania y Polonia, la IA fue clave en la expansión del extremismo político, al generar un entorno donde las emociones superan a los hechos y el consenso democrático se vuelve más difícil de alcanzar.

El uso indebido de IA puede vulnerar la privacidad de los ciudadanos, restringir la libertad de expresión y poner en riesgo la autenticidad del sufragio. Además, los vacíos legales en torno a su regulación agravan el problema. En la mayoría de los países, la normativa sobre el uso ético de la inteligencia artificial en campañas políticas todavía es incipiente, lo que permite su explotación con relativa impunidad.

Frente a este panorama, algunas plataformas tecnológicas han intentado aplicar políticas para restringir el uso malicioso de la IA. Sin embargo, estas acciones han sido insuficientes o inconsistentes. En India, por ejemplo, durante las elecciones de 2024, gran parte del contenido generado con IA en redes sociales como Facebook o Instagram no incluía advertencias ni etiquetas que informaran a los usuarios de su naturaleza artificial, a pesar de las normativas de la propia empresa.

La combinación de calidad y escala que ofrece la inteligencia artificial marca una ruptura con los mecanismos tradicionales de injerencia o manipulación. Antes, los esfuerzos de influencia requerían grandes recursos humanos o sufrían de limitaciones idiomáticas y culturales. Hoy, con herramientas como generadores de imágenes (Midjourney) o video (Google Veo), se pueden crear contenidos indistinguibles de la realidad en cuestión de minutos. La información falsa, amplificada por la IA, degrada el debate público, genera apatía cívica y debilita la legitimidad de los procesos electorales. Como advierte Lucas Hansen, de la organización CivAI, la "contaminación del ecosistema informativo" podría convertirse en un problema irreversible para la democracia.

Es necesario avanzar en una regulación internacional coherente y eficaz sobre el uso electoral de la IA, y fortalecer la alfabetización digital de los votantes para que puedan identificar y resistir los intentos de manipulación.

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