Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

Brechas persistentes en la educación

A cuatro décadas del retorno de la democracia, el sistema educativo argentino muestra una evolución marcada por algunos avances en el acceso y retrocesos en la calidad. A esa conclusión llega un informe, elaborado por investigadoras de la Universidad Austral, que traza un panorama detallado del sector, poniendo el foco en el acceso a la educación, la terminalidad —es decir, la finalización de los estudios— y la calidad de los aprendizajes.

Se trata del trabajo realizado por las economistas Cecilia Adrogué y Eugenia Orlicki, que presenta una mirada integral sobre los avances registrados desde 1983 y los desafíos que aún persisten en la educación argentina. Entre sus hallazgos, destaca tanto los logros en materia de inclusión como las brechas que continúan afectando el rendimiento y la equidad del sistema.

Según el informe, uno de los logros del período democrático ha sido la expansión del acceso a la educación. En términos de cobertura, los datos muestran un crecimiento sostenido en todos los grupos etarios. Para los niños de 5 a 9 años, la tasa de cobertura pasó del 85,3% en 1980 al 97,3% en 2022. En el grupo de 10 a 14 años, el aumento fue del 89,8% al 96,4%. Sin embargo, el cambio más notable se observa en los adolescentes de 15 a 19 años: mientras en 1980 solo el 42,5% asistía a instituciones educativas, en 2022 la cifra trepó al 79,2%.

A nivel general, la cobertura del sistema educativo para la población entre 5 y 19 años creció del 72,53% al 90,97% en el mismo período, un aumento del 18,44%. Esta expansión, en gran medida, respondió a una serie de reformas estructurales, como la sanción de leyes fundamentales —la Ley de Educación Nacional (Nº 26.206), la Ley de Educación Superior (Nº 24.521) y la Ley 27.204— que ampliaron la escolaridad obligatoria y promovieron el acceso irrestricto a los niveles educativos superiores.

El incremento en la escolarización también se tradujo en una mejora en los niveles de terminalidad. Entre los jóvenes de 20 a 24 años, la proporción con al menos el secundario completo creció del 30,4% en 1980 al 67,4% en 2022. Si se observa en detalle, la secundaria completa aumentó del 15,3% al 25,5%, y quienes asistieron o asisten al nivel superior pasaron del 15,1% al 42%. Entre los jóvenes de 25 a 29 años, la terminalidad secundaria pasó del 28,6% al 66,5%, y el porcentaje con título superior creció del 6,2% al 12,5%. Si se pasan en limpio estos datos se tiene que en el grupo etario de 20 a 29 años, la terminalidad de la secundaria aumentó en un 16,60% y la participación en el nivel superior en un 37,45% entre 1980 y 2022.

Estos datos muestran una sociedad que, en términos estructurales, ha mejorado su capacidad de retener a los estudiantes dentro del sistema educativo y ampliar sus oportunidades formativas. Sin embargo, los avances en cobertura y terminalidad no se han traducido en una mejora de la calidad de los aprendizajes. Este es, sin duda, el aspecto más preocupante que destaca el informe. A través del análisis de las pruebas internacionales PISA, las autoras encuentran un deterioro sostenido en los resultados obtenidos por los alumnos argentinos.

En Lengua, el porcentaje de estudiantes de 15 años que no alcanza el nivel mínimo aumentó del 44% en el año 2000 al 54,5% en 2022. Esto implica que más de la mitad de los estudiantes no comprende adecuadamente un texto. En Matemática, la situación es aún más crítica: el porcentaje de alumnos que no alcanza el nivel mínimo pasó del 64,1% al 73% en el mismo período. Es decir, más de siete de cada diez estudiantes no logra resolver problemas básicos.

El retroceso, lamentablemente, también se ha reflejado en otras mediciones como las pruebas regionales Erce y las nacionales Aprender, que apuntan en la misma dirección, es decir, un sistema educativo que logra incluir, pero no garantiza aprendizajes significativos.

El estudio de Adrogué y Orlicki aporta una radiografía del sistema educativo argentino en estos 40 años de democracia. Por un lado, se celebran avances innegables en términos de acceso y finalización de estudios, respaldados por políticas públicas orientadas a la universalización de la educación. Por otro lado, se plantea el desafío de mejorar la calidad de los aprendizajes para que la inclusión educativa no sea solo formal, sino también efectiva.

Más de educación+ Ver todas
Te puede interesar