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El primer monumento conmemorativo al ras del suelo

En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+, más de un centenar de personas se movilizaron el sábado 27 de junio por la tarde en Resistencia. La marcha se desarrolló por las calles sin incidentes.

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El itinerario urbano utilizado se enriqueció con una variedad de rituales y símbolos creados por los colectivos LGTBQ+ a lo largo del tiempo. La bandera arcoíris, emblema de la diversidad, junto con banderas trans, bisexuales, no binarias y otras, tejieron un tapiz de identidades en movimiento. Las performances, discursos, minutos de silencio, cantos y coreografías colectivas generaron un clima de comunión y pertenencia.

Resistencia es escenario y testigo de las luchas colectivas por los derechos, la dignidad, la memoria. En sus avenidas, plazas y calles se registran, a través de marchas, acciones y voces, la memoria de quienes exigen reconocimiento y justicia. En este sentido, la conmemoración por los sucesos de hace 55 años atrás en Stonewall Nueva York, fue organizada como itinerario conmemorativo una marcha de movimientos sociales LGTBIQ+ no es solo un acto de visibilidad, sino una práctica política y simbólica que resignifica el espacio público y lo convierte en territorio de inclusión y transformación. En esta oportunidad la manifestación se desarrolló de forma pacífica, tuvo como principal objetivo visibilizar los reclamos del colectivo LGBTIQ+ y exigir justicia por Yoselin Ramos, una joven trans fallecida en circunstancias aún bajo investigación. Familiares junto a los movimientos sociales participaron activamente del acto, acompañando la marcha con banderas, pancartas y equipos de sonido. 

Pero a esta conmemoración oficial permitida se sumó otra que fue más silenciosa y consentida por muchos. Fue el último itinerario de una dirigente social que expresó como deseo póstumo el de permanecer en los espacios públicos del centro de la ciudad. Organizada por su movimiento y en consentimiento de decenas de militantes se "esparcieron las cenizas" por calles, veredas, monumentos. El itinerario realizado tuvo una resignificación por la acción de dispersión urbana, técnicamente es una conmemoración al ras del suelo en Resistencia un recuerdo que sólo se le basta el urbanismo, prescinde de la escultura y de la arquitectura.

Conmemoración e itinerario: una poética del recorrido

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Conmemorar implica traer al presente una historia, honrar luchas y resistencias, y dar sentido común al recuerdo. Al desplegarse como un itinerario urbano, la ciudad de Resistencia se convierte en protagonista. Cada parada, esquina recorrida y monumento resignificado son hitos de una narración viva escrita con el cuerpo y la voz de quienes marchan. 

El itinerario, como forma de memoria en movimiento, constituye una cartografía afectiva y política: es tanto un trayecto físico como simbólico. Recorrer calles y plazas históricamente asociadas a la exclusión o el silencio inscribe nuevas narrativas y desafía la normatividad del espacio público. 

Las marchas son, ante todo, una reivindicación del derecho a la ciudad. Es la apropiación temporal y legítima del espacio público, históricamente negado o condicionado a las personas LGTBQ+ y a quienes se organizan en movimientos sociales. Caminar entre muchos, visibilizarse, transformar temporalmente el paisaje urbano es ejercer ciudadanía plena.

En cada tramo del itinerario, se ponen en tensión las fronteras entre lo privado y lo público, lo permitido y lo prohibido, lo visible y lo oculto. La marcha es un acto de desobediencia creativa, que desafía el control y la vigilancia, y que exige respeto, seguridad y reconocimiento. Es también un acto pedagógico: interpelar a quienes observan, invitan al diálogo, sembrar preguntas y desmantelar prejuicios.

La memoria como acto político

La conmemoración urbana de los movimientos LGTBQ+ no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino también una toma de posición política. Recordar es, en este contexto, resistir al olvido impuesto, denunciar la discriminación persistente y afirmar la continuidad de la lucha. El itinerario urbano se convierte así en una pedagogía colectiva, que vincula el pasado con el presente y proyecta horizontes de justicia e igualdad.

La memoria se corporeiza en el andar, en los abrazos, en la ocupación del espacio público. La marcha es también una interpelación a las instituciones: exige respuestas, políticas públicas inclusivas, garantías de derechos y espacios seguros. La reivindicación del derecho a la memoria es inseparable de la demanda de derechos plenos para todas las identidades.

El itinerario urbano fue una declaración colectiva y performática: "Aquí estamos, aquí existimos, aquí resistimos" y con la acción de dispersión urbana "aquí permaneceremos". La ciudad que presume de tener cientos de esculturas sin conmemoración los movimientos sociales propone al itinerario como conmemoración expandida por la urbanidad.

Y como corolario y al modo de los militantes: ¡Charo Alcire presente! ¡Ahora y siempre!

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