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Adolfo Viñuela: la voz que marcó un hito en la radiodifusión chaqueña

Murió a los 93 años Adolfo Viñuela, histórico locutor chaqueño. Su trayectoria atravesó décadas de la radiodifusión provincial.

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A los 93 años, falleció en Resistencia Adolfo Viñuela, uno de los locutores más emblemáticos de la radio y la televisión chaqueñas. Había nacido el 26 de enero de 1932 y forjó su camino profesional en emisoras como LT5 Radio Chaco, Radio Nacional, Radio El Mundo y Canal 9, entre otras. Su voz, sobria y cálida, acompañó durante décadas a los oyentes de toda la provincia.

Compartió micrófono con referentes de la época dorada de la radiodifusión local: Susana y Cristina Echeverría, Norma Colombo, Ricardo Barrionuevo, Ricardo Ruiz, Alfredo Norniella, Adolfo René Becker, entre otros. Fue también parte del equipo de locutores de Radio Rivadavia y se desempeñó como "frasero" en Radio El Mundo.

Una vida al micrófono

Adolfo fue padre de tres hijos, entre ellos José Viñuela, periodista,  y una de las voces que más ha reflexionado sobre el oficio en el contexto actual de los medios. En diálogo con NORTE, José trazó un retrato humano y profesional de su padre, sin edulcorantes ni solemnidades.

"Mi papá fue un hombre muy bueno. Tan bueno que no supo defenderse del mundo", dice. Habla de un hombre tímido, introvertido, que con el paso de los años fue replegándose en el ámbito familiar. "Se encerró en casa con nosotros. Salía a caminar, pero hablaba con poca gente".

Aquel retraimiento tuvo causas profundas. José recuerda con dolor la etapa de la dictadura militar, cuando su madre fue detenida y debió exiliarse para proteger a sus hijos. "Él quedó a cargo de nosotros, pero emocionalmente no estaba en condiciones", señala. "Fue un hombre que vivió muchas cosas duras".

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Legado sin vitrinas

En lo profesional, Adolfo Viñuela fue una de las voces institucionales de Canal 9. "Había dos voces masculinas: mi papá y otro locutor. Él siempre fue voz en off. Nunca apareció frente a cámara", cuenta José. También fue locutor en LT5 Radio Chaco, emisora que más tarde se convirtió en Radio Nacional. "Ahí trabajé con él durante algunos años, hasta que se jubiló".

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José ingresó a la radio por mérito propio, pero reconoce que fue su padre quien lo recomendó tras escuchar una de sus grabaciones. "Él pensó que era la radio, y cuando le dije que era yo, se sorprendió. Le impactó y fue a hablar con el director de Radio Nacional".

Su papá fue también quien le enseñó los procedimientos técnicos de la radio: desde completar correctamente las planillas de SADAIC hasta los criterios profesionales del aire. "Después me decían que lo hiciera de otra manera, más liviana, pero él me había enseñado a hacerlo bien".

La memoria, en riesgo de apagarse

Cuando se le pregunta qué legado deja Adolfo Viñuela en la historia de los medios chaqueños, José es tajante: "Nada. Todo se lo llevó el viento".

Su respuesta no es falta de reconocimiento, sino un diagnóstico sobre el presente de los medios. "Hoy nadie recuerda quiénes fueron los grandes locutores. No hay archivos, no hay homenajes. La radio ya no ocupa un lugar en la vida cotidiana de la mayoría de la gente".

Aun así, José conserva algunos pocos audios de su padre, grabaciones que sobreviven de casualidad. "Cuando hice mi programa de TV, lo contraté como locutor y le pagaba para que grabara las publicidades. Eso me quedó".

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Su crítica se extiende a la desmemoria institucional: "Una vez el Museo de Medios hizo un homenaje. Fuimos, pusieron fotos, textos. Después todo eso lo sacaron. Nadie sabe dónde está. Acá todo se hace para la foto y después se guarda".

La muerte de Adolfo Viñuela no será noticia nacional, pero sí debería ser una señal de alerta para quienes aún creen en la construcción de una memoria colectiva. Su historia interpela a los medios, a los archivos, a las políticas culturales, pero también a quienes pasamos por los micrófonos o escribimos en los diarios.

Sin embargo, el recuerdo más contundente no pasa por lo técnico. "Él me mostró con su vida lo que no había que hacer: ser demasiado bueno, no defenderse. Yo aprendí a poner límites", dice José. "Como padre no fue un ejemplo en todo, pero me dejó valores muy profundos. Nunca nos levantó la mano, siempre nos habló con respeto".

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