A 70 años del bombardeo a Plaza de Mayo
Ese día quedó grabado en la historia argentina como uno de los episodios más trágicos y violentos ocurridos en tiempos de paz.

Ese día, la ciudad de Buenos Aires fue bombardeada por aviones de la Armada con el apoyo de sectores de la Aeronáutica y de grupos civiles armados. El objetivo declarado era derrocar al gobierno constitucional del momento, pero la operación derivó en un ataque directo a zonas densamente pobladas, dejando cientos de víctimas civiles.
Durante cinco horas —entre las 12.40 y las 17.40— más de un centenar de bombas fueron lanzadas sobre el microcentro porteño, especialmente en los alrededores de la Plaza de Mayo y la Casa Rosada. También fueron atacados otros puntos estratégicos, como la residencia presidencial, el aeropuerto de Ezeiza y distintas instalaciones militares. Incluso se registró el ataque a un grupo de trabajadores en la zona de General Paz y Crovara, muy alejada del epicentro de los hechos.
Entre las imágenes más recordadas de ese día está la de un trolebús lleno de personas que se dirigían a sus trabajos, alcanzado por una bomba en Paseo Colón e Yrigoyen. No hubo sobrevivientes. Los informes más rigurosos estiman que ese día murieron cerca de 300 personas, aunque el número exacto sigue siendo incierto. La mayoría eran civiles, sin ningún tipo de participación en el conflicto.




















Este ataque no fue un hecho aislado. En abril de 1953, durante un acto organizado por la CGT en Plaza de Mayo, estallaron artefactos explosivos colocados por civiles opositores al gobierno. Uno de ellos, en el andén del subte A, provocó la muerte de cinco personas. Años después, uno de los involucrados en ese atentado, Roque Carranza, integraría un gabinete presidencial democrático.
La proclama que se transmitió por radio durante el bombardeo anunciaba falsamente la muerte del presidente y llamaba a la población a celebrar una supuesta liberación. La intención era instaurar un nuevo orden político, apoyado por sectores civiles y militares opositores.
En medio del caos, miles de personas se movilizaron espontáneamente en defensa del orden constitucional. La mayoría iba desarmada o con medios rudimentarios. El conflicto dejó no solo muertos y heridos, sino también una herida institucional que marcaría el rumbo del país en los años siguientes.
Tres meses más tarde, en septiembre de 1955, se concretaría el golpe de Estado que daría inicio a un periodo de proscripción política, restricciones a las libertades y sucesivos gobiernos de facto.
Recordar los nombres de las víctimas ayuda a dimensionar la magnitud de lo ocurrido. Entre ellas: Severo Aguirre, Ángela Modesta Albornoz, José Álvarez, Rosario Alderete, Ítalo Angelucci, Fernando Miguel Sarmiento (de 15 años) y los granaderos Mario Benito Díaz, Manuel Míguez, Laudino Córdoba y Ramón Cárdenas. Son apenas algunos de los cientos que perdieron la vida. De muchas otras víctimas, sus nombres siguen siendo desconocidos.
A 70 años de aquel 16 de junio, este hecho sigue siendo un símbolo del daño que puede causar la violencia política cuando se rompe el pacto democrático. Ninguna ciudad argentina fue bombardeada por fuerzas extranjeras; fue una parte del propio Estado la que abrió fuego contra su capital.
Este aniversario invita a una reflexión serena pero firme sobre el valor de la convivencia democrática, la necesidad de preservar las instituciones y el aprendizaje de nuestra historia común para evitar que hechos semejantes vuelvan a repetirse.












