Honrarás a tu padre
"Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la Tierra, que yo, el Señor, te doy". (Éxodo 20:12)

Junio es el mes del rey de la casa, y en estos tiempos turbulentos, hoy le hacemos el merecido homenaje a esa personita que debemos honrar, que deriva del latín honorare.
¿Y qué implica honrar a una persona? Es estimarla, valorarla y respetarla. Es el tiempo de redimensionar su rol en una sociedad cambiante que va perdiendo su rumbo y, por ende, sus valores. Es el tiempo de reflexionar para volver a nuestros ideales que nos hicieron como familia y nación.
Los beneficios de honrar a los padres
1. Bendiciones espirituales. La sociedad líquida que transitamos hace que nos construyamos dioses a nuestras medidas: el último celular, el afán de liderazgo a cualquier precio como centro de nuestras vidas, adoramos en cierto modo las nuevas tendencias de modas, vacaciones y todo aquello que nos anestesia. Por eso, honrarlos en el contexto religioso es una forma de obedecer a Dios, lo que a su vez trae bendiciones y gracia.
2. Larga vida y bienestar. Los últimos tiempos han proliferado técnicas que tienen como objetivo prolongar la vida y nos sumergimos en gimnasios dotados de máquinas que estilizan el cuerpo y se mantiene una vida con nutricionistas y expertos en "imagen". Sin embargo, lo esencial no se hace, cumplir el mandamiento de honrarlos como una promesa, teniendo como recompensa una vida larga y próspera.
3. Relaciones sanas. Se habla mucho en educación, las redes y talleres sobre la importancia del diálogo que derriba muros y construye puentes, pero la realidad nos muestra diferencias generacionales, vínculos rotos y familias distanciadas. Volvamos un poco a esa bolsa de viaje que hablaba Francisco, parece ayer y, en cambio es mañana. Todo nace para florecer en una eterna primavera y León XIV nos habla de la esperanza.
4. Respeto y obediencia. Es necesario respetarlos, que no implica volver a miradas medievales, tan solo obedecerlos entendiendo su contexto a través del aprecio y la gratitud, cuidándolos sobre todo en edades avanzadas recordando el amor que nos dieron siempre.
Y así podríamos seguir enumerando forma de honrarlos, cada uno sabe la situación que atraviesa la familia, el país mismo y es imperioso invitarnos –los hijos– a la gratitud, el respeto. Cumplirlos no solo es un deber, sino una bendición que trae consigo larga vida, bienestar y fortaleza familiar.
Padres, no irriten a sus hijos
Pero también a modo de conclusión, si bien los hijos tienen deberes hacia sus padres, también los padres tienen su deber de no irritar a sus hijos, como lo dice Efesios 6;1.3. Porque vemos una realidad en la Iglesia doméstica una formación marcada por criterios egoístas, un rebaño que no sabe adónde va y eso significa educarlos, corregirlos y aconsejarlos, según el Espíritu del Señor.
¡Feliz día del padre! y para quienes no lo tienen, sigamos honrándolos con una flor y una oración.
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