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A Pitty López

Adiós maestro, adiós amigo

Se fue Pitty López. Escribir es sentir. A veces, diferentes sensaciones, sentimientos, emociones. Para no chamuyar –filosofar– tanto, pueden ser buenos, malos, placenteros o dolorosos. En este caso es de lo último.

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  Cuesta hacerlo, pero un puñado de lágrimas me acompañan, me animan, en la soledad de la madrugada. Se fue hace unas horas a "La Tierra sin Mal" el gran maestro, docente, artista y amigo Oscar Pitty López. O Pitty López a secas, como firmaba sus obras y lo conoció todo el mundo. 

Me honró con su amistad en los últimos veinte años de vida. Amante de la lectura, los buenos momentos y las damas bellas y bonitas, que es lo mismo.

Un ser cálido, afectuoso, de un humor muy particular: podías pasar con él de una conversación seria, una discusión –inolvidables nuestros "ideas y vueltas" sobre la historia argentina, en especial, sobre la vida de Belgrano, era un belgraniano como mi señor padre–, a salir de ésas con una broma creativa y talentosa, como lo fue él durante toda su vida. 

Como artista fue un grande, como profesor "lo más" según todos sus alumnos. Fue profesor y vicerrector en el Instituto Superior del Profesorado de Bellas Artes en Resistencia, Chaco. Profesor de dibujo y pintura y Docente. Fue dibujante publicitario en Empresas y agencias de publicidad. Estudió en Ispea Bellas Artes "Alfredo Pértile", habiendo estudiado técnico en imágenes audiovisuales en UNED (España). También se formó como Profesor de Pintura en Ispeaba. 

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Si bien lo conocí de mucho antes, comencé a tratarlo asiduamente, así trabamos una respetuosa y a la vez cálida amistad en el "Taller de Artes Sol" (yo vivía a la vuelta) –en la vieja y elegante casona de la calle Arbo y Blanco casi Obligado– hasta la maldita pandemia. Fue un espacio cultural capitaneado por el también queridísimo Julio Zalazar, otro gran artista –amigo en las buenas y las otras– y un infatigable trabajador de las artes y la cultura chaqueña. 

De allí nacieron las "pintadas callejeras" que recorrieron la ciudad y provincias vecinas y localidades (como Paso de la Patria) donde Pitty fue impulsor, partícipe y protagonista siempre. 

Tuve el honor de difundir cada muestra, exposición, charla o actividad que realizó durante ese tiempo, de forma individual o como parte del Taller Sol. Su "agente o asesor de prensa" (como me decía el: "Y a mí, cuando me vas a hacer nota" en broma). Algo difícil porque fue siempre de muy bajo perfil, cuestión que hacía dificultosa mi labor. La humildad de los grandes, como Fabriciano, Humberto, Julio Zalazar, Erasmo Monzón, Ricardo Nill, Schenone, Titina Diaz y muchos otros. 

Me incomodaba a veces, se lo dije. "El periodista amigo de los artistas" como exageradamente me nombraba en público, me presentaba ante algún extraño y en las redes sociales. 

Gran lector, seguía atentamente mis notas y columnas en NORTE, y hasta podíamos discrepar con elegancia sobre ellas: esa era una de sus virtudes; pensar distinto o aportar tal o cual dato ("te olvidaste de poner que"), cuestión que, obviamente, lo aceptaba con la admiración que siempre le tuve. 

De eso se trata la amistad, creo. Ser distintos, edades distintas, pensar diferente pero a la vez respetar al otro. Y querernos, como quien suscribe lo quiso siempre. Y seguirá siendo así. 

Otra de sus cualidades era verlo iniciar una obra, sobre el lienzo, y preguntarle (preguntar, lo que hacemos o debemos hacer los periodistas o las personas que pretendemos saber más "de los que mas saben", para ser mejores).

 "¿Qué vas a pintar, Pitty?" Y él, con su alma docente y de buen tipo me explicaba si iba por un paisaje, un retrato, una abstracción: "Voy a hacer esto y voy a utilizar estos colores". 

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Crédito: Alberto Solís Bonastre

Se va un maestro, un "amigo grande" (acoto que mis amigos y amigas tienen más de setenta, no sé por qué, sucede, nada más) de esos que mientras preparábamos una cena, en un cumpleaños, un fin de año en el Taller Sol era capaz de, entre la alegría y el jolgorio, darte un par de buenos consejos. 

Lo voy a recordar siempre: mi corazón triste tiene un lugar privilegiado para él y todos los momentos que tuve el honor de vivir con el amigo y maestro. 

Querido Pitty: siempre estarás en mí.

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