Murió Carlos Carossini, figura clave de los años de Ángel Rozas en el poder
Polémico y controversial, custodió durante ocho años la imagen del gobierno radical entre 1995 y 2003. Afrontaba problemas crónicos de salud. En los años recientes, se había volcado intensamente al estudio de la Biblia y los preceptos cristianos.
En la mañana de hoy se supo del fallecimiento de Carlos Antonio Carossini, el hombre que durante los ocho años de la gobernación de Angel Rozas ocupó la Subsecretaría de Información Pública y se convirtió en una figura clave de aquella gestión. Tenía 67 años.

Fue un personaje público polémico, por la manera en que buscó controlar el manejo informativo en la provincia. Una estrategia que funcionaba utilizando el presupuesto publicitario oficial para sancionar a los medios críticos y favorecer a quienes eran funcionales al oficialismo.
Eso dio lugar a tensiones y conflictos, a los que NORTE no fue ajeno, ya que este diario también fue castigado en su momento con una larga interrupción de los pagos de publicidad gubernamental, entre otras represalias.
Tras el final del ciclo de Rozas, en diciembre de 2003, Carossini volvió a llano y poco a poco fue tomando distancia de la actividad política, manteniendo solamente vínculos personales con algunos dirigentes que le solicitaban asesoramiento sobre cuestiones de marketing y comunicación.
A la par, se volcó casi de lleno a la fe cristiana, dedicándose con intensidad a la lectura e interpretación de la Biblia, además de interesarse en la lectura de estudios teológicos. Todo sin perder jamás contacto con la actualidad, que seguía con atención.
EMIGRACIÓN Y REGRESO
Carossini había trabajado como periodista en su juventud, desempeñándose en medios gráficos locales. Luego emigró y estuvo en México y Centroamérica, donde llegó a tener un emprendimiento publicitario exitoso. Cuestiones personales lo decidieron a regresar a Resistencia, donde a fines de los "80 instaló, a poco más de una cuadra de la plaza 25 de Mayo, un local gastronómico.
El negocio se dedicaba, centralmente, a la venta de empanadas. Pero la economía nacional atravesaba condiciones difíciles y Carossini tuvo que bajar las persianas tras un tiempo de actividad.
En 1994 supo que Angel Rozas, por entonces diputado provincial, buscaba un agente de prensa, y él le presentó una carpeta con su curriculum. El legislador radical decidió darle una oportunidad. Comenzaba un vínculo que iba a llevar a ambos a la Casa de Gobierno.
CONTROL TOTAL
Rozas sorprendió en las elecciones de 1995 venciendo al candidato peronista, Florencio Tenev, quien era el favorito para los comicios y tenía el respaldo del presidente Carlos Menem. Carossini, que había sido en gran medida el autor de una impecable estrategia comunicacional, fue premiado por el nuevo gobernador con la Subsecretaría de Información Pública.
Desde ese rol, el nuevo funcionario instrumentó un sistema de control estricto de todo lo que se decía y publicaba en los medios. Internet era un servicio que recién comenzaba a llegar a la provincia y las redes sociales no existían. Poca gente tenía acceso a un teléfono celular. La vigilancia del flujo informativo era relativamente sencilla.
No se trataba de algo nuevo. Todas las gestiones habían utilizado los fondos de pauta publicitaria oficial para influir sobre los medios de la provincia, pero sí era la primera vez que eso se hacía con tanta contundencia y amplitud. Se potenciaba, además, con la innegable inteligencia del subsecretario, que también demandó a varios de sus críticos, como el abogado Rolando Núñez, del Centro de Estudios Nelson Mandela, y el Sindicato de Prensa, que denunciaban las restricciones a la libertad de expresión.
SALIDA DEL PODER
En diciembre de 2003, Rozas dejó el gobierno, ante la imposibilidad constitucional de buscar un tercer mandato. El siguiente gobernador fue Roy Nikisch, de quien el rozismo duro (sector del cual Carossini formaba parte) se sentía totalmente distanciado.
Ya fuera de la función pública, Carossini bajó completamente el perfil, aunque de tanto en tanto publicaba cartas públicas en algunos medios. Ya más cerca en el tiempo, la salud comenzó a jugarle malas pasadas y se acentuó un alineamiento espiritual con el mensaje cristiano.
En esas circunstancias, comenzó a retomar el contacto con algunas de las personas con las que más se había enfrentado mientras estuvo en la función pública. Fueron encuentros de sinceramiento, ya lejos de los años tormentosos. En esas charlas exponía su condición de hombre culto y ultra informado, además de un humor marcado por la ironía.
Las dificultades de la salud se fueron haciendo más serias. Mientras lidiaba con eso, leía, escribía sobre temas teológicos, despuntaba la pasión por la cocina, y no dejaba de seguir todo lo que ocurría en el ámbito de la política, ese que en su momento dio a luz la etapa más pública de su vida.












