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La defensa del INTA, según un periodista especializado en agro 

"Estoy defendiendo al INTA a capa y espada, seguro que mucho más de lo que el organismo merece", dice Matías Longoni.

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   En un país donde los consensos son escasos y la política gira en círculos sin fin, el periodista especializado en agro Matías Longoni hace una defensa inusitada y pasional de una de las instituciones más significativas del entramado científico-tecnológico argentino: el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria).

   Lo hace, reconoce él mismo, "a capa y espada", incluso sabiendo que quizá el organismo no merezca tanto fervor. Pero, ¿por qué lo hace? ¿Qué lo mueve a ponerse del lado de una estructura estatal que muchos dentro del propio campo ven con desdén o indiferencia?

   La respuesta no es simple, y tampoco es complaciente.

   Longoni no romantiza al INTA. Con lucidez y crudeza, lo describe como una entidad donde conviven profesionales comprometidos con "el sueño de un agro grande", con otros que simplemente "hacen la plancha", cultivadores del "sálvese quien pueda", ejemplos de "una apatía alimentada durante décadas".

   Sin embargo, lo que lo rebela no son estos últimos, sino la posibilidad —cada vez más real— de que una política de ajuste brutal arrase con todo, sin distinguir entre los valiosos y los mediocres. "La posibilidad de que el ajuste salvaje que propone Milei se lleve a los buenos y persistan los zopencos", dice, es una de las razones que lo empujan a resistir.

   La carta de Longoni es, en el fondo, una reflexión sobre el poder de las utopías en tiempos de cinismo. Defiende al INTA, pero no porque crea ciegamente en lo que el organismo ha sido, sino por lo que podría ser.

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   Por lo que representa como herramienta de desarrollo, como puente entre el conocimiento técnico y la Argentina profunda. Porque "detrás de cada ingeniero agrónomo que mide la flatulencia de las vacas hay una idea de país que produce, que piensa en el largo plazo, que busca arraigo y no solo divisas".

   El periodista también lanza una crítica feroz a quienes hoy tienen en sus manos la conducción del Estado: funcionarios como Sturzenegger, Caputo o Pazo, a los que acusa de "no construir nada nuevo, de aplicar la misma receta gastada de siempre".

   "Los veo destruyendo lo poco que nos queda de gestiones anteriores, los veo aniquilando sueños", afirma. Su reclamo no es solamente técnico o presupuestario: es político y hasta filosófico. Lo que demanda es un Estado que estimule, que sueñe, que dé lugar a los proyectos. Que entienda que gobernar no es solo ajustar, sino también imaginar.

   En ese sentido, su defensa del INTA se convierte en algo más grande: en la defensa de un modelo de país que todavía cree en el conocimiento, en el trabajo en equipo, en el valor público, en la transformación silenciosa desde los márgenes. "Yo no estoy defendiendo al INTA por lo que ha sido hacia atrás, sino por lo que debería ser para adelante", resume.

   Longoni no niega los errores ni los privilegios enquistados. No idealiza, pero su alegato tiene la potencia de quienes, pese a todo, se niegan a rendirse. "Yo defenderé al INTA mientras tenga la posibilidad de soñar con un país diferente al de la política mediocre que ellos promueven", cierra.

   La idea que transmite Longoni (que firma como "hincha de Platense") es que en última instancia, lo que está en juego no es solo una institución; es una forma de entender el futuro la convicción de que seguir creyendo que otro agro —y otro país— es posible.

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