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Ducati, la moto de El Vaticano

Mientras el mundo cristiano y la Argentina en particular lloran la desaparición física del papa Francisco, es oportuno recordar la fuerte relación de El Vaticano con el mundo de las motos.

A priori, la Iglesia y las motos no tienen mucho que ver, aunque quizá sí con los coches, pues el papamóvil ha sido el símbolo de movilidad del Papa durante décadas. Lo que pocos saben es que con las motos también han tenido cierta relación.

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Una Ducati Multistrada que la empresa le regaló al Papa permanece en poder de El Vaticano como donación.

Pero nunca se ha visto un Papa transitando en moto, aunque sí que han bendecido innumerables de peregrinos en la Plaza de San Pedro.

Hasta el campeón mundial de Moto GP de 2022, Pecco Bagnaia, le hizo un regalo con motivo del 120.º aniversario de la Federación Internacional de Motociclismo (FIM). Incluso estuvo a disposición del Pontífice alguna que otra Multistrada 1200 que le regaló la marca y un par de Harley Davidson. Pero hasta esa anécdota llegan sus relaciones directas con las dos ruedas.

EL PAPA SALVADOR

Sin embargo, motos y Vaticano tuvieron mucho que ver en tiempos pasados. La historia se remonta a 1926, año en el que nace Ducati. Antonio Cavalieri Ducati, Carlo Crespi y tres hijos fundaron Ducati con el segundo apellido de Antonio. Pero no nacieron como una fábrica de motos, sino de aparatos de radio.

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Con el aporte de capital de El Vaticano, la empresa Ducati se mantuvo al tope de las industrias italianas de postguerra.

En 1936 El Vaticano compró la participación accionaria más importante de la marca. Hay quienes dicen que llegaron a poseer hasta la mitad. No se sabe el motivo de aquella inversión, pero entonces el papa Pío XI quería apoyar a la industria italiana que pronto caería en desgracia con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

Lo hicieron a través del IOR (Istituto per le Opere di Religione, también conocido como el Banco del Vaticano), y colocaron fondos en varias empresas italianas para potenciar su economía. Entre ellas, Ducati.

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En noviembre del año pasado, el campeón mundial de Moto GP Peco Bagnaia le regaló a Francisco una edición especial de la revista La Gazzetta dello Sport dedicada a su histórico título de campeón de 2022 con Ducati.

La operación tenía sentido, pues la familia Ducati era ciertamente católica, y por entonces buscaba sostener empresas italianas estratégicas, pero también esperaba un retorno financiero, como es lógico. Aunque no llegaron a controlar la marca en ningún momento, sí fueron importantes en el tejido empresarial de la marca.

Precisamente en la posguerra Ducati empezó sus ansias de expansión. Fue en 1946 cuando los de Borgo Panigale empezaron a trabajar con motos y empezaron a producir en la fábrica la Cucciolo, la primera moto italiana.

La relación entre la Iglesia y Ducati duró unas cuantas décadas, concretamente hasta 1967, momento en el que vendieron sus acciones a otro grupo italiano, Ceat, una empresa de neumáticos que también empezó a operar en la década de los años ‘20, como Ducati.

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El papa Pío XI hizo que la Iglesia invirtiera en acciones de la empresa Ducati para apuntalar el crecimiento de la industria italiana llegando a poseer más del 50% de la empresa.

El vínculo fue temporal. A medida que Ducati crecía y pasaba de mano en mano (desde el Estado italiano hasta grupos privados, pasando por Cagiva y el fondo estadounidense TPG) la participación vaticana se fue diluyendo. Para los años ‘70 ya no quedaba nada de aquello.

Hoy en día esa historia descansa lejos, muy lejos. Actualmente Ducati es parte del grupo Volkswagen (bajo la marca Audi).

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