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Resurgen enfermedades prevenibles

En el marco de la Semana Mundial de la Inmunización, que se extiende hasta el miércoles próximo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef advirtieron que los brotes de enfermedades prevenibles con vacunas están aumentando a nivel global y podrían revertir décadas de progreso en la reducción de la mortalidad infantil y la erradicación de enfermedades infecciosas.

Según ambos organismos internacionales, este nuevo escenario de la salud mundial se explica, por un lado, por el hecho de que la desinformación sobre las vacunas sigue ganando terreno, lo que erosiona la confianza pública en la inmunización. Por otra parte, factores como el crecimiento poblacional, las crisis humanitarias, los conflictos armados y, especialmente, los recortes en la financiación para la salud pública, están limitando la capacidad de muchos países para sostener sus programas de vacunación.

De acuerdo con los datos proporcionados por la OMS, el sarampión es uno de los ejemplos más contundentes de este retroceso. En 2023, se registraron 10,3 millones de casos en todo el mundo, lo que representa un aumento del 20 % respecto de 2022. Esta tendencia, que comenzó tras la caída en la cobertura de vacunación durante la pandemia de COVID-19, se ha intensificado. Las estadísticas revelan que en los últimos doce meses 138 países informaron casos de sarampión, de los cuales 61 enfrentaron brotes importantes.

Del mismo modo, África ha sido escenario de un peligroso aumento en los casos de meningitis. Solo en los primeros tres meses de 2025, se notificaron más de 5.500 casos sospechosos y cerca de 300 muertes en 22 países del continente, cifras que se suman a los 26.000 casos y 1.400 muertes registrados durante 2024. Asimismo, la fiebre amarilla, que había mostrado una clara disminución en la última década gracias a los programas de vacunación rutinaria, reapareció con fuerza tanto en África como en América Latina, con más de 250 casos confirmados entre ambos continentes desde principios de este año.

Estos brotes se están produciendo en un contexto sumamente desfavorable para los sistemas de salud pública. Una evaluación rápida realizada por la OMS en 108 de sus oficinas nacionales reveló que cerca del 50 % de estos países —en su mayoría de ingresos bajos o medio-bajos— enfrentan interrupciones graves o moderadas en sus campañas de vacunación. Esto se debe, principalmente, a la reducción del apoyo financiero por parte de los donantes internacionales, lo que ha afectado no solo el acceso a las vacunas, sino también la vigilancia epidemiológica y la capacidad de respuesta ante brotes.

Además, el número de niños y niñas que no reciben sus vacunas básicas continúa en ascenso. En 2023, se estimaba que 14,5 millones de menores no habían recibido ni una sola dosis de vacunas esenciales, en comparación con los 13,9 millones de 2022 y los 12,9 millones de 2019. Más de la mitad de estos niños viven en países afectados por conflictos, fragilidad institucional o emergencias humanitarias, donde el acceso a servicios básicos de salud está gravemente limitado o totalmente interrumpido.

Frente a este panorama, los representantes de las agencias internacionales hacen un llamado enfático a la comunidad global. "Las vacunas han salvado más de 150 millones de vidas en las últimas cinco décadas", afirmó el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. "Los recortes en la financiación de la salud están poniendo en riesgo estos logros, obtenidos con tanto esfuerzo. Los países con recursos limitados deben priorizar las intervenciones de mayor impacto, y eso incluye las vacunas", subrayó. Por su parte, la directora ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell, alertó que la actual crisis de financiación impide vacunar contra el sarampión a más de 15 millones de niños y niñas vulnerables en países en conflicto. "No podemos permitirnos perder terreno en la lucha contra enfermedades prevenibles", dijo.

Es evidente que mantener la inmunización como prioridad es lo mejor que pueden hacer los países. Invertir en inmunización no solo salva vidas, sino que también reduce los costos asociados a tratamientos, hospitalizaciones y respuestas ante emergencias sanitarias. Pero para mantener y ampliar estos beneficios, es imprescindible que se mantenga el apoyo financiero a los programas de vacunación. La historia de la salud pública ha demostrado, en reiteradas oportunidades, que las vacunas funcionan.

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