La Feria del Libro abrió con abucheos al secretario de Cultura
La inauguración de la Feria Internacional del Libro arrancó con un clima cargado de tensiones políticas y gestos simbólicos que pusieron en evidencia el actual enfrentamiento cultural.

La ceremonia comenzó con el discurso de apertura a cargo de Juan Sasturain, quien ofreció una intervención vibrante: un "elogio del libro abierto y usado", salpicado de referencias a figuras como Roberto Fontanarrosa, Enrique Santos Discépolo y Héctor Oesterheld. En un tono sutil pero firme, Sasturain cuestionó el lenguaje tecnocrático del oficialismo, aclarando que no se dirigía al público como "clientes, socios, cómplices, usuarios, inversores, seguidores de pantalla, apostadores, trolls y todas las variables de la enfermedad utilitaria", sino como "náufragos y sobrevivientes".
El tono cambió bruscamente cuando tomó la palabra el Secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli. Su discurso, que abogaba por una "cultura libre y sin orientación ideológica", desató una fuerte reacción del público: abucheos, silbidos y gritos de desaprobación dominaron el ambiente. Algunos intentaron aplaudir, pero fueron rápidamente acallados por la mayoría.
El rechazo se intensificó cuando Cifelli mencionó a Karina Milei y defendió la "gestión cultural" del gobierno. Frente a los gritos de "¡Mentiroso!", "¡Caradura!" y "¡Volvé a los musicales!" —una alusión a su pasado como productor teatral—, respondió desafiante: "¿Lo sacaron ustedes al cepo o lo sacó Milei?".
El momento más emotivo de la jornada llegó al cierre del acto, cuando un grupo de escritores alzó una réplica del monumento a Osvaldo Bayer, destruido semanas atrás por el gobierno de Javier Milei en Santa Cruz, tras la marcha del 24 de marzo por el Día de la Memoria. Participaron del homenaje autores como Liliana Heker, Guillermo Martínez, Claudia Piñeiro, Sergio Olguín, Selva Almada y Enzo Maqueira, en un gesto cargado de simbolismo político.

Claudia Piñeiro explicó que esa acción representaba "el acto político más contundente que podíamos hacer" frente al desmantelamiento cultural. "El gobierno destruye, nosotros volvemos a poner en escena lo que destruyen", afirmó. Para muchos, Bayer encarna no solo a un autor esencial de la literatura argentina, sino también un símbolo de los derechos humanos y la memoria.
La apertura había comenzado con las palabras de Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro, quien reafirmó la voluntad de convertir a la feria en un espacio donde convivan "el valor de la tradición y la fuerza de la innovación". También reclamó una solución al problema del recupero del IVA para las librerías, una medida clave para aliviar al sector, y valoró el esfuerzo de las editoriales por contener los precios pese a la inflación.
A su turno, el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, reconoció las dificultades que enfrenta la industria editorial y anunció medidas para apoyar la cultura local, como la creación de una Bienal de Historietas y un Festival de la Luz.
En medio de este panorama, la elección de Riad, capital de Arabia Saudita, como ciudad invitada de honor, sumó un nuevo foco de polémica a una edición ya atravesada por las tensiones. Pero fue el gesto final —la imagen de Bayer levantada frente al público— el que dio cierre al acto con un mensaje claro de resistencia y memoria. Como concluyó Sasturain: "Mientras sintamos vergüenza, habrá esperanza para todos".
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