Rita Waisman y Adolfo Petraglia, los primeros bioquímicos del Chaco
No podía faltar en bioquímica el papel fundamental de la mujer. Entre las primeras que se destacaron en el Chaco sobresale la figura de Rita Waisman , que junto con Adolfo Petraglia fueron los pioneros de la bioquímica en el Chaco.
Adolfo Petraglia nació en Junín, provincia de Buenos Aires, el 1 de junio de 1909 y se graduó de farmacéutico y luego de bioquímico en 1932 con Diploma de Honor y medalla de oro de su promoción de la Universidad de Buenos Aires. Cuatro años más tarde, en 1936, el joven Petraglia llega a nuestra provincia trabajando para el laboratorio Ronne Pulenc y a partir de allí queda atrapado por la tierra chaqueña.
"El Chaco me atrapó como a cualquier habitante del país a mediados de los años 30, por la leyenda de los indígenas; queriendo verlos de cerca vine a Sáenz Peña, luego a Resistencia. Por contraste me impresionó el desarrollo económico del Chaco y la existencia en esta capital del territorio de una vida cultural de llamativa originalidad".

Se instaló en nuestra capital en 1936 con un modesto laboratorio de análisis clínicos en la pieza de una pensión, constituyéndose de esta manera en el primer bioquímico que tenía la provincia y también el primero en lo que sería el futuro Hospital Perrando. Allí trabajó por 40 años como jefe del Laboratorio de Análisis llenando una sentida necesidad científica en el medio. Fue fundador y organizador en 1945 de la Sala de Transfusión Sanguínea de dicho hospital. Fue fundador y primer presidente del Colegio de Bioquímicos del Chaco además de docente de Química del Colegio Nacional y de la Escuela de Comercio.
Integró la Peña de los Bagres que se reunía en el "Chanta Cuatro". Estuvo en el grupo fundador del Ateneo del Chaco, del Fogón de los Arrieros, Foto Cine Club Chaco e integró la Comisión Pro Orquesta Sinfónica y la Asociación de Acción Cultural (ADAC). En 1984 recibió el premio "Puente General Belgrano" que otorgan anualmente los Rotary Club de Resistencia y Corrientes. El Concejo Municipal de Resistencia lo declaró "Vecino Distinguido" y fue designado Caballero Oficial del Orden del Mérito de la República Italiana.
En la avenida Sarmiento, entre el 100 y el 200 se inauguró la Plazoleta Petraglia donde se emplazó una escultura de Fabriciano. Estaba casado con Kathel Rapaccioli y era padre de dos hijos. El doctor Petraglia era un científico y a la vez un soñador, y en cada actividad ponía su sello personal que no era otro que el del empeño a través de la acción y el trabajo desinteresado hacia los demás.
Con su sonrisa a flor de labios, será recordado no solo por su trayectoria científica sino por su espíritu inquieto, por el trabajo realizado hacia la comunidad que lo cobijó desde muy joven y, fundamentalmente, por ser un hombre bueno y honesto. El 13 de abril de 1997 falleció en Resistencia a los 88 años.
RITA WAISMAN
La primera bioquímica chaqueña, aunque por adopción, ya que nació en Santa fe y adoptó al Chaco a muy temprana edad, estudió en Tucumán, donde se graduó de Doctora en Bioquímica. Su especialidad fue la lucha contra el bacilo de Hansen, que provoca la lepra; pero no solo se dedicó al estudio de esa enfermedad sino también a la leishmaniasis.
Recibió reconocimientos a nivel provincial, nacional e internacional por su excelencia académica y de trabajo como investigadora. Cada día de su vida, a las seis de la mañana en punto, se encorvaba sobre su viejo microscopio Leitz comprado en cuotas hacía más de 50 años, con sus ojos irritados de tanto acechar bacterias, hongos y parásitos.
Rita Waisman, "La Ñata" para el amor familiar, "la doctora" para el respeto y el amor del pueblo, en su laboratorio no tenía ni una sola computadora. No faltó jamás a su trabajo en el Dispensario de enfermos de lepra. Hija de judíos polacos que vivió en la austeridad, toda su fortuna se reducía a un Falcon 70.
Rita, que tenía la pared de su humilde laboratorio cubierta de premios porque había dedicado toda su vida a luchar contra la lepra, es mucho más que la primera bioquímica que tuvo el Chaco o su investigadora más notable. Es, por sobre todas las cosas, un ejemplo de servicio al prójimo.
Nadie diría que bajo esa apariencia frágil se escondía una investigadora tenaz, una pionera aguerrida que alteró la tranquila rutina pueblerina e integró equipos médicos que salieron al mundo y volvieron de él con más sabiduría y premios. Y decía que se iba a morir sobre un microscopio, y así fue, naturalmente. Pequeña y movediza, su laboratorio en pleno corazón de Resistencia era tan sencillo y austero como su vida.
A contrapelo de los grandes y sofisticados laboratorios, ella realizaba sus investigaciones en forma casi artesanal. La autoclave tenía más de 90 años; el mechero, la balanza de precisión, el micro centrifugador, las estufas de cultivo, algo menos; y los amarillos tratados de Química de Schmidt son de principios de siglo. Los muebles de la casa, fresca a pesar del agobiante calor chaqueño, eran de su madre.
"Ella decía que eran los muebles de una prostituta, todos de padres distintos"; su único lujo eran sus paredes cubiertas de premios y reconocimientos, algunas frases de Teresa de Calcuta que suenan a destinos compartidos y las azaleas, amandas y camelias que estallaban en su pequeño jardín.











