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Aprender robótica desde el juego y la creatividad

Poner a disposición de las nuevas generaciones herramientas que les permitan comprender, adaptarse y ser protagonistas de las transformaciones que experimenta el mundo, es un paso fundamental que deben dar las sociedades. En ese sentido, los cursos de robótica para niños además de ser una de las propuestas educativas más completas y enriquecedoras, sirven para promover el desarrollo de habilidades cognitivas, emocionales y sociales que preparan a los chicos para los desafíos del siglo XXI.

En línea con esta visión, la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) ofrece una nueva edición del Curso de Formación en Robótica Nivel Inicial, destinado a niños y niñas de entre 8 y 12 años. Esta propuesta, que comenzará el próximo lunes 21 de abril, es organizada por la Secretaría General de Extensión Universitaria de la UNNE junto a otras instituciones educativas y gubernamentales del Chaco, entre ellas la Subsecretaría de Industria y Comercio de la Provincia; la UEGP N° 106 Instituto de Educación Superior (FUNDUNNE); el Departamento de Idiomas Modernos y la Escuela de Educación Profesional de la UNNE. Cabe recordar que las inscripciones están abiertas hasta este viernes 18 de abril.

El juego, vale recordar, es una herramienta natural en el desarrollo infantil. A través de él, se exploran reglas, se resuelven problemas y se desarrollan habilidades sociales. Cuando se combina con la robótica, se abren posibilidades infinitas para fomentar el pensamiento lógico, la resolución de problemas, y el trabajo en equipo. Por ejemplo, construir un robot que pueda seguir una línea o esquivar obstáculos se convierte en un verdadero desafío que motiva a los pequeños a aprender sobre sensores, programación y mecánica sin que se sienta como una tarea escolar.

¿Por qué la robótica infantil ha ganado tanto protagonismo en la educación? Una de las razones principales es su capacidad para desarrollar competencias transversales. Al construir y programar robots, los niños ejercitan el pensamiento lógico, aprenden a planificar, resolver problemas y tomar decisiones. Estas actividades, que requieren ensayo y error, estimulan la perseverancia y la creatividad, promoviendo una mentalidad de crecimiento ("si me esfuerzo, puedo lograrlo").

Además, la robótica introduce a los chicos en el universo de la ciencia, la tecnología, ingeniería y matemáticas, que serán claves en la mayoría de los trabajos del futuro. A través del juego y la experimentación, los niños aprenden programación, diseño, electrónica y mecánica, pero también trabajan habilidades blandas como la comunicación, el liderazgo y el trabajo en equipo. De este modo, no solo se preparan para un mercado laboral en constante transformación, sino que también fortalecen su autonomía y autoestima.

Otro aspecto fundamental es el impacto positivo que tiene en el rendimiento académico y emocional. Al aplicar conceptos abstractos en proyectos concretos, los estudiantes comprenden mejor materias como matemáticas o física, y mejoran su capacidad de atención y análisis. Por otro lado, enfrentarse a desafíos técnicos y ver que pueden superarlos genera confianza y refuerza su motivación. La robótica, entonces, no solo enseña a los niños a usar la tecnología, sino a crear con ella, convirtiéndolos en protagonistas activos y no en simples consumidores.

Asimismo, este tipo de formación representa una alternativa saludable frente al uso pasivo de pantallas. Muchos kits de robótica combinan elementos físicos, manuales y sensoriales que permiten a los niños interactuar con su entorno de manera tangible, favoreciendo un aprendizaje más profundo. Al trabajar en grupo, además, desarrollan empatía, respeto y habilidades sociales esenciales. No se trata, por lo tanto, de anticipar carreras universitarias desde edades tempranas, sino de ofrecer experiencias educativas que sean estimulantes, inclusivas y transformadoras. La robótica educativa logra ese equilibrio perfecto entre el juego y el conocimiento, entre la exploración libre y la disciplina técnica. Y lo hace de manera accesible, gracias a iniciativas como la de la UNNE, que apuestan por democratizar el acceso a la tecnología desde la infancia.

Enseñar robótica a los niños es darles las herramientas para comprender el mundo que los rodea, para imaginar soluciones, para crear desde el pensamiento y la acción. Porque, como bien señala el paradigma de "aprender haciendo", no hay mejor manera de aprender que construyendo, equivocándose, probando y volviendo a intentar. Y si ese aprendizaje, además, despierta curiosidad y entusiasmo, entonces se puede asegurar que se está en el camino correcto.

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