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Un dispositivo cerebral con IA redujo temblores y rigidez

Se abre una nueva gran esperanza para pacientes con Parkinson

Una tecnología de décadas fue perfeccionada por científicos de Stanford y redujo los efectos adversos de terapias tradicionales.

A finales del siglo XX, una técnica quirúrgica comenzó a ganar terreno en el tratamiento de enfermedades neurológicas como el Parkinson: la estimulación cerebral profunda (ECP). Implantando electrodos en zonas específicas del cerebro, conectados a un generador de impulsos eléctricos, la ECP ofrecía una alternativa a los tratamientos exclusivamente farmacológicos.

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La doctora Helen Bronte-Stewart trabaja con el paciente Keith Krehbiel (Todd Holland/ Stanford Medicine).

Permitía a muchos pacientes aliviar síntomas motores incapacitantes como el temblor, la rigidez o la lentitud de movimientos. Sin embargo, esta tecnología no era infalible. Como lo explicó la doctora Helen Bronte-Stewart, se trataba de una herramienta "bastante contundente para intentar corregir las arritmias cerebrales asociadas con el Parkinson".

Décadas más tarde, la ECP ha ingresado en una nueva etapa de precisión y personalización. La estimulación cerebral profunda adaptativa (ECPA) representa un giro conceptual en la forma de abordar los trastornos motores en pacientes con Parkinson. Esta innovación, recientemente aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos, permite una modulación eléctrica basada en la actividad cerebral individual de cada paciente. Es una transformación tecnológica y clínica que podría reconfigurar el tratamiento de esta enfermedad neurodegenerativa.

CÓMO FUNCIONA

La ECP convencional actúa de forma continua. Una vez implantado el dispositivo en el cerebro, este emite impulsos eléctricos constantes, independientemente del estado clínico del paciente o de su nivel de actividad. "Hasta hace poco, estos dispositivos de estimulación administraban un tren de pulsos eléctricos universal al cerebro las 24 horas del día", afirmó, al Centro de Noticias de Stanford Medicine, Bronte-Stewart, neuróloga y profesora asistente de Neurología y Ciencias Neurológicas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, además de directora del Centro de Trastornos del Movimiento de Stanford.

Aunque este tipo de estimulación logró avances significativos en pacientes que no respondían adecuadamente a la medicación, también mostró limitaciones importantes.

No todos los afectados por Parkinson obtenían mejoras relevantes, algunos experimentaban efectos secundarios o no toleraban la terapia. Además, la constancia del estímulo podía llevar a fases de subestimulación o sobreestimulación. Estos desajustes generaban consecuencias clínicas: lentitud motora en el primer caso, movimientos involuntarios conocidos como discinesias en el segundo.

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