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Libertad de prensa en tiempos de tensión

La libertad de prensa es un pilar fundamental de la democracia. Sin ella, se afecta el derecho de la sociedad a acceder a información veraz y diversa y se pone en jaque la capacidad crítica que permite a los ciudadanos participar activamente en los procesos de decisión. Por ello, el reciente informe de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) sobre la situación de la libertad de prensa en Argentina no puede pasar desapercibido. En él se destacan "señales preocupantes" respecto al presente y futuro del ejercicio periodístico en el país, y lo que subyace detrás de esas señales es un contexto cada vez más incierto y polarizado.

La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas enumera una serie de situaciones que son motivo de alarma para la función esencial de los medios de comunicación. En primer lugar, los cambios en la cobertura de los discursos presidenciales, los intentos de silenciar a los periodistas en la Casa Rosada, y las modificaciones a la Ley de Acceso a la Información Pública que dejan entrever una intención de restringir el acceso a datos clave, evidencian un patrón de control y limitación a la prensa que recuerda a épocas no tan lejanas, donde la concentración del poder y la manipulación de la información fueron moneda corriente.

La crítica, cuando se ejerce de forma razonada y respetuosa, es una herramienta legítima del ejercicio político. No obstante, cuando se convierte en un mecanismo de ataque personal, como ocurre en los frecuentes agravios desde el Poder Ejecutivo nacional hacia los periodistas, no solo se viola la ética del debate público, sino que se corre el riesgo de fomentar un clima de hostilidad y miedo. Los ataques verbales del presidente de la Nación no solo atentan contra la libertad de expresión, sino que también abren la puerta a la violencia. En un entorno donde las palabras del poder se transforman en armas contra los periodistas, no es difícil imaginar cómo la intimidación y la autocensura pueden minar la calidad de la información a la que accede el conjunto de la ciudadanía.

Por otro lado, la violencia física sufrida por el fotógrafo Pablo Grillo, herido en una manifestación frente al Congreso nacional, no es un hecho aislado, sino la muestra de un entorno donde la polarización y la violencia se están naturalizando. Este tipo de hechos no puede ni debe ser parte de la normalidad en un sistema democrático. La violencia, tanto verbal como física, atenta contra el principio de respeto mutuo sobre el que debe construirse cualquier sociedad civilizada.

El informe de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas también apunta a las malas prácticas en el manejo de la publicidad oficial, un tema que, a pesar de ser común en muchos países, no debe ser minimizado. La distribución de estos recursos debe ser clara, objetiva y, por sobre todo, estar libre de intereses partidarios. La transparencia en su utilización es clave para garantizar que la comunicación pública no se utilice como una herramienta de cooptación mediática.

En este contexto de incertidumbre y creciente polarización, ADEPA hace un llamado a la reflexión. Es necesario que todos los actores políticos, tanto del oficialismo como de la oposición, así como la ciudadanía en general, se comprometan con el respeto a las normas democráticas. El diálogo y la búsqueda de consensos son fundamentales para preservar el equilibrio y la convivencia pacífica, elementos esenciales para el fortalecimiento de la democracia.

En diciembre, el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) denunció que durante el primer año del gobierno de Javier Milei se produjeron 173 agresiones contra la prensa, es decir, "uno cada dos días", y que la mayoría provinieron de altos funcionarios estatales y del propio titular del Ejecutivo nacional.

El periodismo atraviesa tiempos difíciles. Los medios deben adaptarse a un entorno cambiante, impulsado por avances tecnológicos y una sociedad cada vez más fragmentada. Sin embargo, este no es un desafío exclusivo de los periodistas; es un reto colectivo. En la medida en que todos entendamos la importancia de una prensa libre y plural, podremos proteger la democracia y garantizar que la información que llega a nuestros hogares sea, no solo veraz, sino también un reflejo de la diversidad de voces y opiniones que caracterizan a una sociedad democrática.

La libertad de prensa no es solo un derecho de los periodistas, es un derecho de todos los ciudadanos. Y es responsabilidad de todos cuidarla.

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