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Actitudes y costumbres que podemos corregir en nuestra manera de comportarnos

Cinco hábitos que perjudican el desarrollo emocional y social de nuestros hijos

Una especialista advierte sobre las conductas de padres y madres que pueden afectar a los niños en su proceso de crecimiento.

Los niños aprenden de lo que ven y, sin quererlo, a veces los padres podemos estar dando ejemplos que afectan a su desarrollo emocional y social. Ser conscientes de esos pequeños detalles puede marcar una gran diferencia en su forma de relacionarse y gestionar sus emociones.

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De nuestras malas conductas o hábitos, resolver los conflictos a los gritos o con agresividad es el peor, dice una psicóloga española especializada en temas de infancia.

Como explica Sonia Martinez, psicóloga y directora de los Centros Crece Bien, en España, "normalmente vamos con el piloto automático, sin darnos cuenta de los mensajes que transmitimos a nuestros hijos. Por eso es importante tomarnos unos minutos para reflexionar sobre cómo reaccionamos en momentos de estrés o cómo hablamos en casa puede ser revelador".

Todos nuestros "malos" comportamientos como adultos tienen consecuencias importantes en los menores, pero Martínez considera que el peor de todos es resolver los conflictos con gritos o sin diálogo.

"Este patrón no solo afecta la capacidad de los niños para manejar conflictos en el futuro, sino que también puede generar inseguridades profundas. Los niños que no ven un modelo de comunicación asertiva pueden aprender a evitar los conflictos por miedo o, por el contrario, replicar comportamientos agresivos. Este patrón afecta directamente su autoestima y sus relaciones interpersonales", advierte, en un informe publicado por la publicación española ABC.

La buena noticia, asegura esta experta, es que si una familia se propone cambiar y se pone en marcha, los beneficios pueden notarse en poco tiempo, especialmente si se trata de cambios consistentes.

LO QUE HACEMOS MAL

Aquí algunos ejemplos comunes que pueden ayudar a los padres a reflexionar y hacer pequeños cambios:

1. Resolver los conflictos con gritos o sin diálogo. Cuando evitamos hablar de lo que nos molesta o respondemos de forma agresiva, los niños aprenden que los conflictos se resuelven con confrontación o silencio. Esto puede llevarlos a pensar que la comunicación no es una opción y afectan sus habilidades para expresar sus emociones o resolver problemas. Alternativa: practicar el diálogo en momentos tensos, expresar tus emociones con calma y dejar que vean que los conflictos pueden resolverse sin perder la calma.

2. No admitir nuestros errores. Cuando los niños ven que evitamos admitir errores, pueden pensar que es mejor ocultarlos. Esto afecta su capacidad de ser sinceros, reconocer sus propios errores y aprender de ellos. Alternativa: si cometemos un error frente a ellos, pidamos disculpas y expliquemos cómo podemos hacerlo mejor.

3. Usar el celular todo el tiempo. Damos el mensaje de que las pantallas son más importantes que las personas. Esto puede afectar su habilidad para prestar atención y estar presentes en la vida real. Alternativa: establecer momentos sin pantallas, como las comidas o el tiempo de juego.

4. Hablar mal de los demás o criticar en exceso. Cuando los niños nos oyen hablar así, aprenden que la crítica es la manera de relacionarse. Esto puede generarles inseguridades y enseñarles a juzgar a los demás sin empatía. Alternativa: fomentar el respeto en las conversaciones y hablar con empatía de otras personas, incluso si no estamos de acuerdo con ellas.

5. Evitar expresar nuestras emociones. Si nunca nos ven tristes, enojados o preocupados, pueden pensar que deben ocultar sus emociones para ser "fuertes" o "buenos". La expresión emocional es fundamental para su desarrollo, y si aprenden a reprimirla, pueden tener dificultades para gestionar sus emociones en el futuro. Alternativa: mostrar nuestras emociones de forma abierta y explicar que está bien sentirse de diferentes maneras. Así, les enseñamos que todas las emociones son válidas.

"Como padres y madres -dice la psicóloga-, no necesitamos ser perfectos, pero cada pequeño cambio en nuestra forma de actuar puede darles un gran ejemplo a nuestros hijos. Los niños son espejos, y nuestros actos diarios, por pequeños que sean, les enseñan cómo relacionarse, expresar sus emociones y afrontar los desafíos".

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