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El verdadero valor del trabajo de cuidado

En casi todos los países, la economía se construye bajo un marco que ignora una de las piezas clave de la vida social: el trabajo de cuidado. Se trata de una tarea invisible, no remunerada, que históricamente ha recaído en las mujeres y que, como destaca la periodista sueca Katrine Marçal en su libro ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?, es esencial para el funcionamiento de las sociedades. El enfoque tradicional de la economía, basado en las ideas del filósofo y economista Adam Smith, ha relegado este trabajo al ámbito privado y no reconocido, a pesar de que, sin él, el resto de la economía simplemente no podría sostenerse.

Katrine Marçal reflexiona sobre esta paradoja al recuperar una anécdota que debería resultar reveladora: ¿quién le hacía la cena a Adam Smith? La respuesta, aunque tácita, es evidente: su madre. A pesar de que Smith revolucionó la teoría económica con su noción del homo economicus y la importancia del interés propio en la dinámica de los mercados, su propia vida estaba sostenida por el trabajo invisible y desinteresado de su madre, quien, sin remuneración alguna, se encargaba de las tareas domésticas que le permitían a él dedicarse a su obra.

El caso de Adam Smith es solo uno de los tantos que reflejan una realidad que persiste hasta nuestros días. La estructura económica global sigue desestimando el valor del trabajo doméstico y de cuidado. Las labores que se realizan en los hogares —como la limpieza, la cocina, el cuidado de niños, personas mayores o dependientes—, en su mayoría recae sobre las mujeres, y no sólo no son remuneradas, sino que, muchas veces, ni siquiera se reconocen como trabajo en el sentido económico. Este vacío de consideración tiene efectos profundos en la participación de las mujeres (especialmente las de bajos recursos) en el mercado laboral y en su autonomía económica.

En un análisis más detallado, como el que realiza Marçal, se puede observar que el sistema económico tradicional no mide el trabajo de cuidado como un componente esencial para el desarrollo de la economía. Si se valorara adecuadamente, este tipo de trabajo representaría una porción significativa del Producto Bruto Interno global. Sin embargo, las estadísticas económicas tradicionales, como el PBI, lo dejan fuera de su cálculo, lo que contribuye a la invisibilidad de millones de trabajadoras del hogar y cuidadoras.

Una de las consecuencias más visibles de esta falta de reconocimiento es la precariedad económica que enfrentan muchas mujeres al llegar a la jubilación. En varios países, cerca del 90% de las mujeres no cuentan con los treinta años de aportes necesarios para acceder a una pensión digna. Esto se debe a que la mayoría de las mujeres se dedica a tareas de cuidado no remuneradas, lo que limita su participación en el mercado laboral formal y, por ende, sus aportes al sistema de seguridad social. En el mejor de los casos, cuando se les paga por su trabajo, las remuneraciones son mínimas y no contribuyen a su autonomía económica.

El trabajo de cuidado no sólo tiene un valor económico que debe ser reconocido, sino que también es un factor clave para la cohesión social. Sin el esfuerzo cotidiano de quienes cuidan, alimentan y educan, la fuerza laboral que mueve la economía no existiría. El trabajo de cuidado es el fundamento sobre el que se edifica el resto de la productividad económica. Sin embargo, el sistema sigue perpetuando una profunda desigualdad de género, al imponer a las mujeres la carga de tareas que la sociedad considera "naturales", pero que en realidad son fundamentales para el funcionamiento de todo el aparato económico.

La economía del cuidado debe ser entendida como una parte integral del sistema económico, no sólo como una función invisible que debe realizarse "por amor". Es necesario un cambio estructural que permita valorar este trabajo de manera justa, que lo contemple como una actividad esencial para el desarrollo de las sociedades, y que lo remunere adecuadamente. La redistribución de las tareas de cuidado, así como el reconocimiento de su valor, son cuestiones fundamentales para avanzar hacia una economía más inclusiva, equitativa y justa.

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