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Memorias de Resistencia

Un viaje de Barranqueras a Resistencia de hace cien años

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Ignacio Escauriza Regresaba de Asunción en barco y llegaba al Puerto de Barranqueras para visitar a Victorio Ghio. En el puerto que el trencito Dodero había partido hacia Resistencia. Un viejo amigo que había sido compañero de trabajo Daniel Cetcovich, lo aconseja que todavía quedaban algunos autos de alquiler que lo podían acercar a Resistencia. Le tocó en suerte el auto de Alquiler de Galviz, gran conocedor del camino y sus entornos. 

El viajero contacta al taximetrista y comienzan el viaje rumbo al centro de Resistencia, el recorrido fue muy novedoso para el aventurero.             El camino era totalmente de tierra y en sus costados se veían muchas lagunas y esteros, cubiertos de camalotes e irupés florecidos, que le daban un aspecto muy particular y pintoresco. A la vera del camino se alternaban con algunas viviendas bajas y humildes de los trabajadores del puerto. Después de recorrer más o menos treinta minutos, se encuentran con una gran fábrica industrial, que el conductor comenta que pertenece a la firma Rossi Hnos. y se dedicaba a la extracción de aceite de algodón y girasol. Estaba rodeada de un caserío destinado a viviendas de empleados y obreros. 

De inmediato aparecía otra gran fábrica de moderna y reciente construcción, perteneciente a la compañía General de Fósforos (La Fabril), que se dedicaba a la extracción de aceite de tártago y algodón. Continuando el camino pasan frente a un gran establecimiento de tres cuerpos muy bien distribuidos, en medio de un gran parque arbolado, rodeado de flores y jardines, es el Hospital Regional, que luego llevaría el nombre de Hospital Perrando.

Continuando el hospital cruzaron un puente que cruzaba la gran laguna Arguello, que asemejaba a un mar. Del otro lado se encuentran con un grupo de viviendas humildes con techos de pajas, que lo hacía suponer que eran los suburbios de la ciudad, continuando el viaje, se topan con una gran plaza de cuatro hectáreas, totalmente rodeada de alambrados y con molinetes cada 50 metros, que permitían el paso de los transeúntes y no permitían la entrada de todo tipo de animales.

Este era el final del destino del viajero. La Plaza era la 25 de Mayo, que impacto al forastero.  Frente a la estatua de la Loba Romana se encontraba la casa que buscaba, de Victorio Ghio.

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