Volver a la escuela, de pie o derrotados
Señor director de NORTE:
Cuando los hechos son imposibles de ocultar, como la promoción de una estafa por parte del presidente de la república, la confesión pública en el Congreso de que no hay conductas ni principios sino ambiciones materiales a la hora de votar, los medios se ven obligados a convertirlos en noticia, aunque manipulen el sentido.
Les resulta más fácil relegar los temas cotidianos siempre condenados a espacios reducidos o negados, como por ejemplo: el cierre de miles de empresas, el descomunal aumento de la desocupación, la represión al reclamo de los jubilados, el doloroso trajinar de familias enteras viviendo en la calle, o la situación educativa.

El mes de marzo implica tres coyunturas significativas, por un lado el fin de las vacaciones, por otro, el reinicio en profundidad de la actividad política, y el comienzo de las clases.
Es decir que emergen las inquietudes y que se esperan respuestas y soluciones. Todos los años es lo mismo.
Si algo tiene de particular este comienzo del ciclo lectivo es el estado en que se encuentra la comunidad educativa, y el tipo de respuesta que quedará en el tintero ante el brutal ajuste promovido por el gobierno y el FMI, con el cuento del déficit cero.
El conjunto de la clase trabajadora, y la docencia como parte de ella, vacila entre salir a la calle y la resignación.
Las familias empobrecidas —incluidos los sectores medios en franco retroceso— haciendo malabares con la canasta familiar y las tarifas de servicios, la niñez y la juventud sumidas en la doble pinza de la falta de futuro y la sujeción a las pantallas, nada es esperanza hacia el futuro.
Cuando se habla de paritarias, y no se contempla el escenario integral, está tendida la mesa para una respuesta parcial y tramposa desde el gobierno, como será, en este caso, hablar de cláusula gatillo y ofrecer un aumento según el mentiroso índice inflacionario oficial.
El atraso salarial fue consolidado hace más de un año con la devaluación que trajo Milei, los trabajadores de la educación nunca recuperaron esa pérdida de un 25%.
Pero además, la eliminación del incentivo docente, la desinversión en infraestructura, en programas, en materiales de estudio, y en ciencia, junto con la depreciación de la AUH, hacen que la educación pública, que ya perdió su rango de ministerio, quede en el último lugar de todas las agendas.
La debacle de la gestión educativa provincial ni siquiera es mencionada por los distintos protagonistas. La insatisfacción de la docencia con la deficiente capacitación brindada durante el año pasado generó el único ruido que demuestra que no todo está perdido.
Poco para agregar a este preocupante panorama, luego de un 2024 en que tantos sindicatos del sector desertaron de la responsabilidad pedagógica de hablarle a la comunidad sobre la trágica encerrona en que nos encontramos.
Podrán argumentar que les falta acompañamiento, con lo que no harían más que demostrar que no se encuentran a la altura del desafío que impone el régimen del privilegio gobernante.
Una vez más, la salida será con la comunidad en su conjunto, con respuestas políticas, con renovación académica y curricular, torciendo el brazo a la tecnocracia que adelgaza los contenidos y las prácticas en perjuicio de los sectores más vulnerables, y poniendo a la escuela pública argentina en el sitio que nunca debió abandonar: el primer lugar en el proceso de desarrollo y autodeterminación soberana.
CARLOS "CACHO" QUIRÓS
INSTITUTO DE ESTUDIOS NÉSTOR DUCA
RESISTENCIA
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