El clima y los sistemas de alerta temprana
La ola de calor que afecta al Chaco y otras provincias del norte del país, con temperaturas de hasta 45°C, confirma que el calentamiento global inducido por la actividad humana ha desencadenado alteraciones climáticas que afectan no solo la salud de las personas, sino también los ecosistemas y la economía de las regiones más vulnerables. Frente a esto, los sistemas de alerta temprana se han convertido en una herramienta fundamental para reducir los riesgos.
La Organización Meteorológica Mundial subraya que estos sistemas, que advierten sobre olas de calor, tormentas, inundaciones y sequías, son fundamentales para salvar vidas y reducir las pérdidas económicas derivadas de eventos climáticos extremos. Si bien su eficacia ya ha demostrado su valor en la reducción de muertes y daños materiales, la brecha en la cobertura sigue siendo alarmante. A nivel global, solo el 50% de los países afirma contar con sistemas adecuados para hacer frente a múltiples peligros, lo que deja a muchas comunidades expuestas a los desastres climáticos. Este panorama es especialmente grave en regiones como América Latina, donde los fenómenos climáticos han provocado un aumento exponencial de daños en las últimas décadas.
En América Latina y el Caribe, se espera que las olas de calor, los incendios forestales, la disminución del rendimiento agrícola y los eventos extremos relacionados con el nivel del mar se intensifiquen, lo que agrava la ya delicada situación en estos territorios. La quema de combustibles fósiles y la gestión insostenible de la tierra y los recursos han provocado un incremento de 1,1°C en la temperatura global desde los niveles preindustriales. Este calentamiento, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), se traduce en fenómenos meteorológicos más frecuentes y más intensos, que generan impactos devastadores.
En este sentido, la acción para mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático debe ser sostenida. La única forma de evitar una catástrofe climática es reduciendo drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. De no tomarse medidas urgentes, el calentamiento podría superar los 1,5°C, lo que dispararía los riesgos para la salud humana, los ecosistemas y la seguridad alimentaria.
Los sistemas de alerta temprana, por su parte, se presentan como una solución eficaz y accesible para reducir el impacto de los fenómenos climáticos extremos. A través de la coordinación de gobiernos, organizaciones internacionales y sociedad civil, es posible proteger vidas y medios de subsistencia, especialmente en aquellas regiones más expuestas a los desastres naturales. Esta colaboración debe ser intensificada, y la infraestructura para implementar y fortalecer estos sistemas debe convertirse en una prioridad.
Las olas de calor, que se producen cuando la temperatura del aire experimenta un aumento excepcional durante tres o más días consecutivos, se han vuelto cada vez más frecuentes en nuestra región. Según los expertos en clima, el fenómeno afecta a todo el planeta: a medida que aumenta la temperatura global, las jornadas con altas temperaturas se vuelven más frecuentes y se presentan con mayor intensidad en diferentes países.
Debido a que los períodos de altas temperaturas pueden afectar la salud, es importante tomar conciencia de los riesgos que corre una persona si, por ejemplo, se expone al calor en exceso en las horas centrales del día; o si realiza alguna actividad física muy exigente en los momentos en los que se superan los 37° C y se registra una mayor sensación térmica. Según el Servicio Meteorológico Nacional, se define como ola de calor al evento en el que las temperaturas máximas y mínimas superan o igualan, durante al menos tres días consecutivos, ciertos valores umbrales específicos para cada localidad. En los días con esas características se recomienda reducir la actividad física, utilizar ropa ligera, holgada y de colores claros y permanecer en espacios bien ventilados.
Por otra parte, es importante que se tengan en cuenta las recomendaciones para que en las áreas urbanas más pobladas se evite lo que se denomina efecto "isla de calor", que consiste en la diferencia térmica entre las zonas donde predomina el hormigón y el cemento que acumulan calor durante el día y aquellas donde el arbolado urbano y los espacios verdes contribuyen a mitigar este fenómeno.
La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el mundo tiene que estar preparado para el incremento de las temperaturas que se pronostica para los próximos años. El organismo se basó en datos aportados por centros de investigación del clima que emplean modelos predictivos para simular interacciones entre distintos componentes del sistema climático.










