La inteligencia artificial no es neutral
La Cumbre Mundial sobre Inteligencia Artificial, inaugurada ayer en París, se ha convertido en el epicentro de un debate que traspasa los límites de la tecnología para adentrarse en las esferas social, política y cultural. Científicos, políticos, empresarios e intelectuales de todo el mundo se reúnen para discutir el impacto de la inteligencia artificial (IA) en un futuro que ya comienza a moldear la realidad cotidiana. En el encuentro, además de abordar los avances técnicos, también se discuten los efectos que la IA en el ámbito del trabajo, la información y las democracias del mundo. En ese sentido, distintos expertos advierten que esta tecnología no es neutral.
Líderes de distintos países, como el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, el primer ministro canadiense Justin Trudeau, el viceprimer ministro chino Zhang Guoqing y la presidenta de la Comisión Europea Úrsula von der Leyen, confirmaron su presencia en el encuentro. También estarán figuras clave del sector privado, como Sam Altman de OpenAI y Sundar Pichai de Google. Ayer, en la apertura de la cumbre, Anne Bouverot, representante de Francia en el encuentro, expresó la intención de que la IA "sea un beneficio para el bien común".
Sin embargo, mientras algunos se centran en las promesas de un futuro optimista, otros, como el filósofo francés Eric Sadin, no comparten la misma visión. Sadin ha organizado una "contracumbre" paralela, en la que denuncia lo que considera una "maniobra propagandística" por parte de los organizadores. La crítica de Sadin va más allá de los desarrollos tecnológicos y apunta a los efectos visibles de la IA en el mundo laboral, la educación y las estructuras sociales. Según él, la cumbre oficial se limita a escuchar a empresarios y tecnólogos, quienes forman parte del problema al priorizar el avance sin control de la IA sobre las necesidades sociales y éticas.
La postura de Sadin se hace eco de un cuestionamiento sobre el papel que la inteligencia artificial desempeñará en el futuro de la humanidad. La IA, argumenta, está redefiniendo la condición humana al asumir tareas intelectuales y creativas que antes eran exclusivas del ser humano. La rapidez y eficiencia con las que la IA realiza estas tareas plantea preguntas sobre el lugar que ocupará el ser humano en el mundo del mañana, advierte el filósofo.
La falta de una reflexión ética adecuada y la ausencia de propuestas claras sobre cómo enfrentar los efectos de la automatización en el empleo y la educación son las principales objeciones. Si bien se destacan las oportunidades de crecimiento y avance tecnológico, la contracumbre busca visibilizar a las personas que ya están siendo desplazadas y afectadas por la creciente implementación de la IA. En ese sentido, los testimonios de trabajadores y profesionales que sufren las consecuencias de la automatización serán clave para una discusión más equilibrada sobre los beneficios y perjuicios de esta tecnología.
Por otro lado, la economista italiana Mariana Mazzucato insiste en la necesidad de una acción política decidida ante el rápido avance de la IA. Mazzucato subraya que la inteligencia artificial no debe considerarse como un simple sector más dentro de la economía, sino como una tecnología de propósito general con un poder transformador que puede beneficiar o dañar a la sociedad, dependiendo de cómo se gestione. Según la economista, los monopolios tecnológicos existentes están en una posición privilegiada para moldear la próxima fase del desarrollo de la IA, lo que podría potenciar modelos de negocio "socialmente dañinos" si no se interviene de manera efectiva.
Como recuerda en su libro "El Estado emprendedor", muchas de las tecnologías que se utilizan todos los días surgieron como resultado de la inversión pública colectiva. ¿Qué sería de Google sin Internet financiado por DARPA? ¿Qué sería de Uber sin el GPS financiado por la Marina de los EE.UU.? ¿Qué sería de Apple sin la tecnología de pantalla táctil financiada por la CIA y Siri financiada por DARPA?, se pregunta la economista.
La inteligencia artificial no es neutral y por eso no basta con celebrar los avances tecnológicos sin poner en la balanza las consecuencias de esos avances. Las discusiones deben involucrar a todos los sectores de la sociedad, no solo a los actores corporativos y tecnológicos. Es necesario fomentar una ciudadanía consciente de los desafíos que la IA trae consigo, para que pueda participar activamente en su desarrollo y uso.











