Carta abierta al presidente Milei (remite un libertario desencantado)
Señor director de NORTE:
Ha trascendido por los medios de comunicación una de las últimas medidas adoptadas por nuestro presidente, relacionada con la fuerte reducción de impuestos para la adquisición de vehículos de alta gama.
Antes de darte a conocer los fundamentos de mis críticas a tan desafortunada medida —nobleza obliga— me siento constreñido a realizar un resumido listado de tus aciertos en lo que llevas de la gestión.
En ese sentido, destaco que la mayoría de ellos se condicen con tus prédicas asertivas de que, hasta finales del siglo XIX y principios del XX, Argentina fue una potencia mundial para beneplácito de los argentinos de bien o, sea, digamos, para las gentes como uno y que todo eso se fue al diablo cuando Hipólito Yrigoyen, con su ideología estatista y socializante, vino a instalar en nuestra patria la desgracia del populismo, luego profundizado por Juan Domingo Perón y Eva.
A consecuencia de ello, las gentes "como uno" sufrimos ataques y humillaciones de todo género con las enfermizas políticas demagogas orientadas a reconocerles derechos a todos aquellos que no pertenecieron ni van a pertenecer al círculo de las personas de bien y todo ello con el explícito propósito de instaurar la "justicia social".
Por cierto que aberrante en sí misma toda vez que esos derechos se pagaron con la nuestra. ¡Pretender igualarnos con la chusma de la plebe! ¡Vaya disparate! ¡Vaya que nos han humillado! Semejante afrenta a la que nos ha sometido el populismo con la herramienta del Estado, debía —por una parte— ser rápidamente reparada y, por otra, darnos a los argentinos de bien la oportunidad del enorme goce de tomarnos la debida venganza.
¡Bien ahí la motosierra! Los que no son como uno, si quieren estudiar que se paguen y si no pueden pagar que lleven sus hijos a las chacras y talleres para que aprendan los oficios como sabiamente aconseja Bertie Benegas Lynch:
Si quieren curarse, que paguen y si no pueden pagar vayan a la curandera del barrio.
Si quieren viviendas que se compren los terrenos y construyan y si no pueden ni una ni otra cosa, pueden pernoctar en las iglesias jesuitas lideradas por el representante del maligno en la Tierra.
Si quieren nuevas obras, como la pavimentación de calles y rutas, que las paguen, y si no, transítenlas como puedan.
Si quieren obras de reparación de las preexistentes, que las paguen y si no pueden pagarlas, reclámenles a algunos nostálgicos populistas residuales de provincias.
El que las hace, las paga. Si ayer no hubieran pavimentado rutas y calles del país ni construido escuelas ni salitas de centros de salud, hoy no habría necesidad de mantenerlas ni de repararlas. Así de simple.
En fin, como las gentes como uno no sufrimos de esas carencias, no cuenten con nosotros.
¡Basta! ¡Con la nuestra no! Hasta ahí veníamos bien, Javier.
Huelga (¡qué palabra horrible!) destacar el éxito obtenido con el déficit fiscal y la inflación.
¡Bien ahí la motosierra y la licuadora! Al no tener con qué consumir cayó la demanda de los bienes y servicios consumibles y, según la ley que rige la dinámica de la oferta y la demanda, cuando aquella es superior a esta, se reducen los precios. Así de simple.
Tamaño éxito no se ve empañado por el hecho de que los precios no han bajado según esa ley. Pero bueno, esta inconsistencia emerge como una excepción que, en definitiva, la confirma como regla que es.
Y sí, Javier Gerardo. Veníamos bien. Pero de pronto, cual pato criollo, te mandaste una… No sé qué te pasó. ¿Quizá descodificaste erróneamente algunos efluvios que suele irradiar tu ministra de seguridad?
Fuera lo que fuese lo que te haya pasado, lo cierto es que, con la sustantiva reducción de impuestos para la adquisición de coches de alta gama, hiciste un viraje de 360 grados para desandar todo lo andado hasta aquí.
A los argentinos de bien, o sea, digamos, a las gentes como uno, nos ofende y humilla la decisión que tomaste. Nos subestimaste. Nos exhibís ante nuestros pares de allende los mares como pordioseros mendicantes de una medida populista para preservar nuestro estatus social y ostentarlo a bordo de una Ferrari.
¿Por qué este maltrato para con nosotros, Javier Gerardo?
¿Por qué este feroz ataque a la inmaculada aureola de exclusividad que nos envuelve y nos caracteriza como gentes de bien?
¿Acaso pretendés que alguien de clase media comprando un coche de alta gama ingrese a nuestros recoleto círculo?
¿Es que no aprendiste nada de las lecciones que nos diera Javier González Fraga? Sí, aquél de la barbita candado.
¿Acaso pretendés hacer la gran Juan Domingo cuando, con sus políticas populistas, facilitó que las hordas obreras y sus críos invadieran nuestras exclusivas playas de Mar del Plata?
En serio eh... ¿Eso es lo que querés, que compartamos tiempos y espacios con los productos del populismo?
¿Acaso te olvidas que ese aluvión zoológico nos obligó a llevar nuestras fortunas al paraíso fiscal de Uruguay para hacer de Punta del Este nuestro lugar de exclusividad?
¿Acaso pretendés congraciarte con una buena parte de la clase media? Craso error si es eso lo que pensaste. No hay motivos algunos para ello.
Con la zanahoria de la eterna aspiración a ser más de los que son, les alcanza y les sobra.
¿Es que no te has dado cuenta de que son ellos los que quieren congraciarse con vos? ¿No lo sentís en tus medias humedecidas de salivas?
Si no lo sabes ni lo sientes, déjame decirte que ese grupo de comunicadores que día tras día te hacen entrevistas exhibiendo en sus peras hilos de babas prestas, casi patéticamente, a depositarlas en tus calcetines, constituyen una insoslayable referencia en la cual aquellos se sienten plenamente reflejados.
Por lo demás, nunca te olvides de que la clase media aspirante a más es el necesario producto histórico del populismo. En apenas un año vos le hiciste renegar de ello.
¡Ojo, ehh! Mirá que si a estos se les ocurre por ahí bucear en la reminiscencia de la filosofía de Platón nos puede generar serios problemas.
Muy a mi pesar, dejame traer a colación a otro producto del populismo contemporáneo de Yrigoyen. Gardel supo decir: "Nunca avives a un gil, déjalo que muera otario".
¿Qué te está pasando, Javier Gerardo? ¿Por qué desoís las instrucciones que te hemos dado en el Hotel Libertador allá por noviembre/ diciembre de 2023?
Tenés que…, mejor dicho, debés recapacitar.
No estamos dispuestos a renunciar a tomarnos la debida venganza contra el populismo y todo lo que ello significa.
El que avisa no traiciona. Te cuento que Vicki está ahí, expectante, ansiosa de representarnos como es debido a los argentinos de bien.
OSCAR ARMANDO VERA
DNI 12.104.439
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